La era de la fe ciega. Medios de comunicación y producción de la realidad (II)
La invención de lo que existe. Actos de fe

El carácter abierto de la historia está asegurado por las innumerables maneras de componer y recomponer las células mitológicas o las células explicativas, que originariamente eran mitológicas.[1]
Pero un cierre epistemológico de esa historia crece si la comunicación circula monopolizada por quien desarrolla una forma particular de tratar esas células. La frontera que separa historia y mitología sufre distorsiones frecuentes que dependen del sujeto que dicta el discurso, la localización ideológica de sus argumentos, la influencia -movilización- que se pretende en el receptor del mensaje, puede tomarse historia como mitología, convertir mitología en historia o producir ideología que justifique la Historia. Identidad, alteridad, recurso a argumentos "culturales e históricos", noción de ciudadanía y de extranjería, el único modo de preservar la identidad es saltándose a la torera los derechos democráticos.[2]
La democracia no parece compatible con sistemas de explotación y dominio, y el capitalismo es el más fiel ejemplo de estos últimos. Hablamos en términos estructurales, formales y psicosociales. Pero existe una palabra, "unidad’, que se emplea para agredir y aniquilar las más legítimas diferencias y para "planchar" las más venturosas rugosidades propias de lo heterogéneo.[4]
Analizar el discurso desarrollado por las disciplinas "científicas" con que nos explicamos a nosotros mismos tiene mucho que ver con entender el funcionamiento de un proceso muy potente de ordenación de la vida y movilización del individuo. Tal es el fin de todo sistema de ideas desde un punto de vista representacional: crear recreaciones de la realidad, explicar lo sucedido, atribuirle sentido, actuar en el sujeto. Igual que, según Wittgenstein, el lenguaje nos piensa, también la economía nos regula, la ley nos acusa o el consumo nos consume, en mayor o menor medida, durante una continuidad en la discontinuidad ubicada en el presente histórico.
Y el paso de lo representacional a lo funcional es breve si el análisis de la movilización del individuo parte de un escenario/mundo postindustrial-postfordista- postmoderno -"postfascista", puede llegarse a oír- un clarividente análisis aportado por Foucault que parte de la noción de represión insiste en que ésta es insuficiente para "dar cuenta de lo que hay de producto en el poder.
El lenguaje, en sentido amplio, puede entenderse desde la función instrumental para el mantenimiento de un orden social atravesado y dibujado por diferentes relaciones de poder en tres vías distintas:
• El lenguaje no sólo describe, sino que actúa sobre la sociedad -Austin, 1962-.
• Las formas de expresión son resultado de determinadas condiciones de producción -Foucault, 1969-.
• La construcción de ciertos elementos como reales tiene consecuencias en el orden social.[5]
"Cuando se definen los efectos del poder por la represión se utiliza una concepción puramente jurídica de este poder" la fuerza con que en los medios de comunicación se institucionaliza un determinado discurso acerca del Otro y se produce una realidad en que cumplir las profecías que en el primero se promueven. Berger y Luckmann (1966)[6] propusieron cuatro niveles para el análisis del discurso de la legitimación del orden social que proporcionan muy útiles orientaciones para la comprensión del fenómeno:
• La transmisión de un sistema de objetivaciones lingüísticas que nos permite identificar los elementos relevantes que forman parte de nuestra experiencia cotidiana.
• La fijación de esquemas explicativos que relacionan conjuntos de significados objetivos.
• La elaboración de discursos explicativos en los que un sector institucional se legitima a partir de un cuerpo específico de conocimientos.
• A partir de universos simbólicos que consisten en áreas de tradición teórica que integran ámbitos de significación distintos y engloban el orden institucional en una totalidad simbólica. Mediante los universos simbólicos se puede hacer referencia a unas realidades ajenas a la experiencia cotidiana.
Se identifica poder con una potencia legal de coacción/represión, pero el escenario es mucho más amplio:
*Lo que hace que el poder se sostenga, que sea aceptado, es sencillamente que no pesa sólo como potencia que dice "no", sino que cala de hecho, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos -¡Produce discursos!-. Hay que considerarlo como una red productiva que pasa a través de todo el cuerpo social en lugar de como una -simple- instancia negativa que tiene como función reprimir.[7]
NOTAS
[1] Claude Lèvy-Strauss. Mito y significado Alianza. Madrid. 1987.
[2] Entrevista a Félix Ovejero, El Viejo Topo, octubre 2004.
[3] Alfonso Sastre. Manifiesto contra el pensamiento débil. Hiru. Fuenterrabía. 2003.
[4] J.J.Pujadas, op. Cit.
[5] Pep García-Borés y Joan Pujol (coordinadores). Los no-delincuentes. Fundación La Caixa. Barcelona. 1995.
[6] Idem. (cita, p. 58).
[7] Michel Foucault. Diálogo sobre el poder. Alianza. Madrid. 1981.
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Empeñados en no reconocer la causa
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