La huelga del 29 de septiembre: un balance

Este artículo fue escrito para "El Roble", periódico obrero de Argentina, teniendo en mente a un público no necesariamente familiarizado con la estructura social y económica ni con la situación de la lucha de clases y de la política españolas, tratando de ofrecerle algunas claves para comprender la coyuntura actual, aunque también tiene la intención de contribuir al debate en el estado español acerca del balance y de las perspectivas para lo sucesivo de la jornada de huelga general del 29 de septiembre.
El 29 de septiembre de 2010 se vivió la sexta huelga general de 24 horas de carácter estatal tras el proceso de reforma política a la muerte del dictador Franco en 1975 (la conocida como “transición”) y la tercera que convocan conjuntamente la Unión General de Trabajadores y Comisiones Obreras (cercanas al Partido Socialista y a Izquierda Unida, respectivamente) contra las medidas en política económica aprobadas por un gobierno del Partido Socialista (1).
Un dato muy significativo de cómo se maneja este partido que se dice obrero cuando se encuentra en el gobierno es que hasta las centrales sindicales afines, en las que tienen una base electoral muy significativa (el propio Zapatero es afiliado de la UGT), se ven impelidas a movilizarse en su contra por la magnitud de los recortes. A estas alturas no es ningún secreto que las medidas de ajuste más duras para los niveles de vida de los trabajadores durante los últimos 30 años se han promulgado con gobiernos del PSOE: reconversión industrial, contratos basura, despido prácticamente libre, implantación de las empresas de trabajo temporal… (2)
Contra lo que podría pensarse teniendo en cuenta su fuerza parlamentaria, en el estado español no ocurre como en otros de su entorno, como Italia o Francia, donde existe un sindicalismo bien implantado bajo influencia conservadora o democristiana. Para muestra un botón: el sindicato que teóricamente llena ese espacio, la Unión Sindical Obrera (USO), además de estar muy lejos en niveles de afiliación de los dos mayoritarios, también se sumó a la jornada de huelga general, hecho que contrasta con la condena rotunda a la convocatoria hecha por el principal partido de la oposición, el Partido Popular, la derecha democrática más dura de la Europa occidental o la ultraderecha más modernizada, según se mire. (3)
Así pues, un hecho salta a la vista: esta huelga, que contaba con la oposición de los dos principales partidos españoles, fue claramente una huelga de la clase trabajadora hegemonizada políticamente por la izquierda, una izquierda que tiene su fortaleza en la movilización y en las organizaciones populares y su debilidad cuando busca integrarse en la institucionalidad. Eso debería mover a reflexión a quienes dentro de ella, con buena fe, siguen confiando ciegamente en el juego parlamentario, situando en un segundo plano o considerando instrumentalmente, al servicio de los procesos electorales, la potenciación de los movimientos y de las luchas sociales.
Una segunda reflexión nos conduciría a valorar cómo las formas organizativas, la dependencia y las dinámicas de CCOO y de UGT han impedido que se expresara toda la potencialidad que encerraba esta convocatoria y no se movilizaran a fondo todas las fuerzas disponibles. El desprestigio del sindicalismo está muy extendido entre amplias franjas de la clase trabajadora española debido no sólo a la ofensiva ideológica del neoliberalismo, sino también a demasiadas malas prácticas del sindicalismo mayoritario en el estado español, que se lo ha puesto fácil a los apóstoles del “libre mercado” para atacar a la idea de organización sindical como tal con argumentos menos ofensivos para los oídos de los trabajadores que los que solía utilizar habitualmente la derecha.
Medios de comunicación y lucha de clases
La práctica totalidad de los medios de comunicación de masas salió descaradamente a defender “el derecho al trabajo” y a criminalizar, en diversos grados, la acción sindical. Los periódicos, las radios y las televisiones, especialmente aquellos en la órbita del PP, fueron muy agresivos en su campaña antisindicalista: manipularon las cifras de consumo eléctrico, dieron por buenos los porcentajes de seguimiento ofrecidos por la patronal y exageraron la violencia de la jornada, llegando a exigir incluso que se aplicara a los piquetes la legislación antiterrorista y obviando, por supuesto, las presiones ejercidas por la patronal para obligar a sus empleados a acudir al puesto de trabajo y el hecho de que fue la desproporción de las actuaciones policiales la que causó la gran mayoría de heridos de la jornada. (4)
Una vez más, se hizo patente la necesidad de avanzar en la construcción de medios de comunicación con voluntad de alcance de masas y de redes de información que obedezcan exclusivamente a los intereses populares, una necesidad que se muestra mayor en coyunturas críticas (5). Los medios alternativos, aunque hicieron todo lo que estuvo en su mano para favorecer el éxito de la convocatoria, no lograron llegar a la mayoría de la población, y las formas en que los convocantes difundieron las razones de la huelga y trataron de contrarrestar el machaque constante en su contra (sin contar las tibias declaraciones en los medios de los dirigentes de CCOO y UGT), fueron más bien de carácter artesanal y espontáneo (asambleas, coches con megafonía o reparto de panfletos mano a mano), frente a las horas y horas de tertulias radiofónicas y especiales televisivos y las montañas de editoriales y artículos de opinión tratando de frenar el proceso huelguístico, antes, durante y después del día 29.
La presión patronal a través de sus medios de comunicación social ha sido tal que ha logrado que la valoración de la huelga como un éxito relativo, dadas las condiciones en las que se libraba(6) se haya ido reduciendo paulatinamente entre la opinión pública, pues es bien sabido que una mentira cien veces repetida acaba convirtiéndose en verdad.
La huelga y el sindicalismo combativo
Lo que no podrá borrar toda la propaganda del régimen ni la claudicación del sindicalismo domesticado (que ya da por buenos aspectos centrales de la reforma y ha renunciado a luchar por su derogación, a cambio de obtener privilegios para sus aparatos) es la inyección de moral y el avance de los militantes clasistas en numerosos sectores y territorios en los que fueron capaces de mostrarse como alternativa al oficialismo y arrastrar en muchos casos a sus bases. Así fue el caso especialmente en localidades de tamaño medio donde se apreció el resultado del trabajo paciente, de hormiga, desarrollado durante los últimos meses.
Por fortuna, de esta convocatoria ha salido fortalecida una forma diferente de concebir la acción sindical, que no busca la conciliación a toda costa con la patronal a cambio de prebendas personales, sino que considera que la mejor vía para la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores es a través de su movilización a fondo, que no considera que el sindicalismo debe convertirse en una profesión sino que lo concibe como la acción directa y la organización desde la base de los trabajadores, con el más amplio protagonismo popular.
La presencia en los piquetes y en las manifestaciones de la llamada izquierda sindical (aquella que se agrupa al margen de CCOO y UGT con posicionamientos más combativos) ha sido en bastantes localidades y sectores mucho mayor que la del sindicalismo mayoritario, habiendo comprendido que aunque esta huelga corriera el riesgo de ser capitalizada por las cúpulas de CCOO y UGT no tanto en beneficio de la clase sino de intereses corporativos, era su deber impulsarla para, por un lado, hacer notar en los lugares de trabajo y en la calle la amplia oposición social existente a las políticas económicas neoliberales y a sus efectos sobre las capas populares y, por el otro, contribuir a la extensión de una conciencia anticapitalista a través de la experiencia personal y directa de la lucha de clases a todos los niveles y sin los ropajes con los que habitualmente se trata de esconder.
Afianzar las posiciones conseguidas, ampliando el prestigio conseguido durante la jornada de huelga a los ojos de miles de trabajadores hasta conseguir desbancar a la burocracia sindical en cada uno de los espacios en los que medra como “representante legítima de los trabajadores”, ésa es la tarea de los militantes de la clase trabajadora en los meses sucesivos, para que el impulso del 29 de septiembre no se detenga y pueda profundizarse hasta crear las condiciones necesarias para tumbar el plan de ajuste económico y abrir paso a una regeneración del movimiento obrero que necesariamente habrá de venir desde abajo.
11 de octubre de 2010
anarkismo.net
Notas:
(1) Las dos anteriores convocadas conjuntamente por UGT y CCOO durante un periodo de gobierno del PSOE fueron en 1988 y en 1994, también bajo una fuerte presión social y en el marco de gravísimos ataques contra conquistas históricas de los trabajadores como las pensiones o la estabilidad en el empleo.
(2) Para un análisis de las políticas económicas y sociales del gobierno de Felipe González y para entender la evolución del movimiento popular y de la izquierda española durante los últimos 30 años recomendamos la lectura del llamado “informe Petras”: http://www.lahaine.org/index.php?p=15814
(3) “Rajoy ve la huelga general como un fracaso de gobierno y sindicatos” http://www.europapress.es/nacional/noticia-rajoy-ve-huelga-general-fracaso-gobierno-sindicatos-20100930093442.html
(4) Baste como muestra la portada del diario “La Razón”, afín al PP, el día después de la huelga: http://www.larazon.es/uploads/portada/fichero/10000/P001NAC_PRI30092010001_2.pdf “Kale borroka” significa lucha callejera, y se emplea desde los años 90 para definir una táctica de la izquierda independentista vasca, cuyas organizaciones han sido ilegalizadas por el Estado español bajo la acusación de terrorismo.
(5) A este respecto, el compañero José Luis Carretero señalaba, en sus “Reflexiones tras la huelga del Metro de Madrid” que “…la falta de una trama contrainformativa que fuera más allá de los ámbitos militantes, se hizo sentir con fuerza a los tres días de huelga, ante la avalancha mediática que intentó anegar a los trabajadores y a su lucha. Lo que nos enseña que debemos de dotarnos de una fuerte red de medios de comunicación que no sólo sirvan para el debate interno, sino también para llegar a toda la gran masa de ciudadanos que permanecen al margen de nuestros pequeños mundos auto-referenciales.” http://www.anarkismo.net/article/17207
(6) Para mayor información, puede consultarse un análisis escrito en vísperas de la jornada de huelga. “29 de septiembre, una oportunidad y un desafío” http://www.anarkismo.net/article/17610







