La vuelta del oso

Con su vuelta, aflorará la resistencia del inconsciente colectivo de pueblos indígenas como el nuestro por mantener vivos sus arquetipos y relatos fundacionales, que aún siguen reflejados en las fases de sus fiestas y en sus tradiciones orales milenarias.
A nuestro oso pardo le han/hemos despojado de sus bosques, sus cuevas y sus cimas, desde las que, como Mari, dominaba la meteorología. Con ello han/hemos herido de extrema gravedad lo que tenemos de salvaje, y lo que Euskal Herria tenía de genuino gentilismo y ecocentrismo. Su reaparición, sin embargo, nos permite concebir esperanzas sobre la supervivencia de un pueblo que no ha olvidado del todo que desciende del oso/a, divinidad del vigor y la fecundidad, poseedor de poderes curativos, símbolo de la lucha contra el espíritu colonizador exterior e interior. No por casualidad pervive una leyenda según la cual fue un oso quien acaparó el alma del primer cazador que intentó matarlo; ni es fortuito que, en numerosos escudos de armas feudales, aparezca el oso, como intento de legitimación originaria de una jerarquía señorial, contraria al sistema antiguo; ni es aleatorio que la Iglesia castigara a quien creía en los poderes de este plantígrado. Tampoco le castraban simbólicamente por capricho, aunque, todo hay que decirlo, la creencia popular le resucitaba con todos sus poderes, y le adjudicaba hijos como Hartzkume (Juan el Oso), héroe arquetípico, de poderes chamánicos y ex- traordinaria fortaleza.
Ahora que los de ciudad ya no miramos al firmamento, a esto no le damos mayor significado, pero mucho antes que los griegos, y mientras los egipcios dibujaban una pata de buey, nuestros antepasados paleolíticos, ante el mismo lienzo celeste, reconocían al oso/a en la unión de esas siete estrellas visibles noche tras noche dando vueltas alrededor del Polo que hoy llamamos hoy Osa Mayor.
Por cierto, vigilad bien lo que ocurre el día de la Candelaria, porque si nieva o llueve es que el fin del invierno está próximo; pero si, por un casual, hace bueno, será señal de que el oso va a volver a su gruta y de que el invierno se va a alargar otros 40 días. Vigilad bien, no vaya a tener alguna relación alegórica con el panorama político que nos espera los próximos meses, ante el que convenga estar bien pertrechados.







