La broma ha terminado
La desaceleración y el fin del ciclo alcista de la vivienda son un hecho. Por primera vez desde 1996 la vivienda crece por debajo del IPC. El ciclo alcista ha cubierto desde 1997 hasta 2006, periodo durante el cual la vivienda se ha revalorizado en un 110 %. Ya en el 2004 el Banco de España advertía que la vivienda estaba sobrevalorada entre un 24% y un 35%.
“Groucho, la broma ha terminado” estas fueron las palabras del asesor financiero de Groucho Marx al anunciarle el crack de la bolsa en 1929. Es esta probablemente la mejor síntesis que se haya realizado nunca sobre el pinchazo de una burbuja financiera.
La crisis de las hipotecas basura y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria estadounidense se expande por el sector financiero global y acaban en España con un artificial y desmedido ciclo alcista de la vivienda. Por primera vez en una década los precios de la vivienda crecen por debajo del IPC, un 1.5%. Las viviendas de segunda mano bajan y se empieza a hablar de miles de puestos de trabajo en serio peligro en el sector de la construcción.
La desaceleración del sector no está sentando bien a las inmobiliarias. La primera víctima fue la inmobiliaria Astroc, a mediados del 2007, con una caída de su valor en bolsa en un 60%, en un solo día y tras una inoportuna auditoría. Colonial empezaba ya entonces a tener sus primeras pérdidas, y el final de año ha resultado ser desastroso para la inmobiliaria, que ha llegado a perder 7300 millones de euros. El miedo se expande entre las inmobiliarias que cotizan en bolsa, y que no paran de registrar pérdidas.
Resulta evidente el componente altamente especulativo de la coyuntura reciente del mercado de la vivienda en España. En Andalucía se han estado construyendo el doble de viviendas que núcleos familiares se constituyen anualmente, según el propio Plan Andaluz de Vivienda. Las viviendas vacías han sobrepasado el medio millón en la comunidad, y los precios han subido desmesuradamente por encima del IPC desde 1997 un 10% anual de media. Y, desgraciadamente, España es un caso especial, aunque la recesión sea una amenaza a nivel mundial y Europa se atrinchere contra la inflación, el sector inmobiliario es una base poco sólida para la economía del Estado, que cuenta con la mayor proporción de viviendas vacías de Europa.
Las empresas lo sabían. ACS se pasó hace año y medio del negocio inmobiliario a las energéticas anunciándolo a bombo y platillo. A finales del 2006 Ferrovial vendía su división inmobiliaria a Hábitat; la cual, curiosamente, al terminar el 2007 debe 400 millones de euros, cayendo sus acciones en picado. Habría que ver hasta qué punto estas grandes empresas prevén la crisis o la provocan, aunque es evidente que se trata de una crisis internacional, de carácter financiero, y que viene gestándose desde hace años. La administración pública también lo veía venir desde hacía tiempo. Los tipos de interés habían empezado a subir en el 2005, con el objetivo de frenar el consumo endureciendo las hipotecas. También desde el 2004 el gobierno del Estado había vuelto a prestar atención a las políticas activas de vivienda.
La anterior crisis provocada por una burbuja inmobiliario-financiera desembocó en la estanflación de 1993, por lo que las perspectivas no son alagüeñas. En el escenario de la política económica a corto plazo, podemos esperar ver como las obras públicas van al rescate del sector, absorbiendo el excedente de capital y mano de obra que traerá la crisis. Todavía, los liberales monetaristas, dirán que la crisis se debe a una excesiva regulación del mercado. Son los mismos que decían que no existía burbuja alguna y que si los precios de la viviendas estaban altos era por que la gente los compraba.







