La iglesia católica es una asociación ilícita

Repasar su historia es registrar un catálogo de horrores que han ido acompañando a lo largo del tiempo las brutalidades de los ejércitos conquistadores y de los gobernantes. La santa unión entre la cruz y la espada han escenificado en América el mayor genocidio que conozca la humanidad. Sólo el Reino español, se cargó según se estima, más de 25 millones de seres humanos, en la campaña de rapiña y asesinatos con que se apoderaron de casi todo el continente.
El papel de la iglesia católica, no absuelto por la excepción del bueno de Bartolomé de las Casas -que protegía a los indios y tenía esclavos negros-, bastaría para negar su carácter de institución capaz de predicar el amor y la caridad. La Santa Inquisición -el siniestro Tribunal del Santo oficio- es, en aquella época, la manifestación más clara del espíritu de esta organización, montada alrededor de la explotación de un pobre crucificado que, al menos, tuvo la dignidad y coherencia de vivir y morir pobre en concordancia con sus ideas. Las campañas de exterminio de disidentes, a las que llamaron Cruzadas, forman parte del escenario histórico en el que la iglesia católica, apoyada en el terror de sus prácticas y el eficaz servicio que le prestó a los reyes, fundó un poder que se extiende hasta nuestros días.
Hitler, Franco, las peores dictaduras latinoamericanas, tuvieron siempre a las jerarquías eclesiásticas junto a ellos, justificando el crimen y el genocidio. Alguna que otra honrosa y emocionante excepción sirven para confirmar la regla. A pesar de su negra historia y su siniestro presente, el papel que juega la iglesia en nuestra América sigue siendo preponderante. Muchas de las mentiras sostenidas a lo largo del tiempo se han ido cayendo. La ciencia ha sido y es implacable con la superchería de estos manosantas con carnet. Pero aún siguen sometiendo ideológicamente a amplias masas de la población, que se arrodillan ante muñecos fabricados en serie, a los cuales les colocan diversos nombres, y los llaman "santos". Milagreros que, mágicamente, le han devuelto la vista a dudosos feligreses, pero jamás le han devuelto la pierna a un amputado.
Ya no pueden arrancarle la lengua a quien niegue que el Sol gira alrededor de la Tierra. A nadie le importa el Infierno en los casos de divorcio, ni a la hora de la fecundación in vitro con la esperanza de tener un hijo. La barbarie del catolicismo ha sido derrotada en estos asuntos. Pero el poder acumulado, político y económico; su influencia ideológica en miles de seres sugestionables y faltos de conciencia crítica, aún le permite comportamientos medievales, que en pleno Tercer Milenio nos remiten a los días de las hogueras inquisitoriales.
En nuestra América, puntualmente en Argentina, la iglesia católica y sus "grupos de tareas" aún pueden impedir muestras de arte o exhibiciones de películas, atentando contra locales amenazando empresarios, golpeando a participantes. Al estilo de cualquier logia masónica, también infiltran sus operadores en los ámbitos de la política, la justicia o el periodismo, y son capaces de impedir que se cumpla lo que la ley tiene claramente escrito. Tal como ha ocurrido pocos días atrás, en el caso de una joven discapacitada mental, que fue violada y quedó embarazada. La gestión de la banda de cavernarios inquisidores que actúan como mano de obra de la iglesia católica, impidió que la familia de esta joven pudiera interrumpir el curso del embarazo, trabando por vía judicial la decisión. Los tribunales judiciales estuvieron implicados en la maniobra. La demora implicó que, para evitar riesgos clínicos, se debiera seguir con el embarazo. Ahora, una muchacha discapacitada mental, cargará un hijo que fue producto de una violación y un niño padecerá las secuelas de esta terrible historia: será hijo de un violador y una idiota. Gracias a la iglesia católica y su ética.
A pocos días de este hecho, se repite un caso similar. Otra chica mentalmente discapacitada quedó embarazada como producto de una violación. A pesar de que una corte provincial -de la provincia de Mendoza- determinó que la ley es clara y no castiga la interrupción de un embarazo en estas condiciones, la iglesia católica hizo intervenir nuevamente a sus esbirros y presionó a los médicos de la provincia, quienes adujeron "objeción de conciencia" para negarse a prestar su asistencia profesional. Ahora, la familia de la joven, discapacitada profunda y con una delicada salud, está gestionando con urgencia ante el Gobierno de la nación que ponga los medios necesarios a su disposición para que se cumpla la ley.
Como vemos, la iglesia católica interfiere en el cumplimiento de las leyes que regulan el libre albedrío de las personas. Lo hacen escudadas en supuestas cuestiones éticas o morales, que pueden valer para los que se someten más o menos voluntariamente a sus patrañas, pero no para un estado que, se supone, debe proteger los intereses de toda la población sin hacer discriminaciones de ningún tipo.
Los "ministros" de esta organización no sólo hacen voto de castidad -me sonreiría si no conociéramos tantos casos de curas violadores- y de obediencia, sino también de pobreza. Curiosa organización ésta, que promete ser "pobre" y acumula una de las riquezas más grande que existen en el mundo. El Instituto de Obras Religiosas -conocido como Banco Vaticano- y su historia con la logia Propaganda Due, es una magnífica forma de pasarse el voto de pobreza por los fundillos. La obscena exhibición del papado, sus esperpénticos cardenales, la red de negocios con escuelas y universidades, sus inversiones en poderosas empresas multinacionales, tornan un verdadero chiste eso del voto de pobreza.
Los manejos políticos de esta organización, su alianza con lo más espúreo del poder militar, sus vinculaciones con la corrupción empresaria -con connotados obispos que ponen de su bolsillo más de 300.000 dólares para lograr la excarcelación de un bancarrio corrupto-, la colocan en situación de ser considerada una "asociación ilícita". Estafadores de la fe pública, manipuladores, traficantes de influencias, abusadores de niños, difusores del oscurantismo cultural, aliados de genocidas. ¿Qué más, para merecer un tribunal que los investigue?
Los curas del Tercer Mundo y esos emocionantes curas guerrilleros, quedan al margen de esta crítica, pero mientras permanezcan dentro de la institución estarán sosteniendo una gran mentira, que nada tiene que ver con el amor, la caridad, la justicia, sino con la corrupción, la explotación y el control ideológico de los pueblos.
(Nota: que conste que no necesité nombrar al Opus Dei)
*Daniel C. Bilbao es periodista, escritor y coordinador general de la Asociación Internacional Diáspora Vasca
Insurgente







