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14/05/2013 :: Pensamiento, Mundo

Manifiesto del fantasma Comunista

x Ezequiel Espinosa
El pseudosocialismo burgués renace bajo la forma de un socioliberalismo que se alía con el pseudosocialismo clerical y el humanista

"(…) la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases (…), una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes"
K. Marx y F. Engels

La sociedad burguesa posmoderna, que ha seguido a las caídas de los socialismos de Estado, "no ha abolido los antagonismos de clase. Lo que ha hecho sólo ha sido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas modalidades de lucha; que han venido a sustituir a las antiguas". Clase hegemónica bajo el poder de los modernos Estados republicanos, la burguesía deviene imperialista, actualiza el sistema colonial y se lanza a la confrontación armada en "defensa de sus intereses". En unos lugares se enfrentará a movimientos nacionales independentistas, y en otros a revoluciones sociales contra su hegemonía. En la época de la guerra fría, el contrapeso del campo socialista dentro de un mundo bipolar, fue el fundamento económico-político de los estados benefactores en general, hasta que por último, implosionada la Unión Soviética "y abiertos los cauces del mercado mundial", la burguesía se lanza a la conquista de "la hegemonía política" global bajo la estrategia actual del Ultra-Imperialismo humanitario. Pero del mismo modo que sometió "el campo a la ciudad", los pueblos tribales y Estados nacionales al capital globalizado, "los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el oriente al occidente"; se verá forzada, a rescatarlos, repararlos y restituirlos, mutatis mutandi y en proporciones considerables.

La reciente hegemonía neoliberal ha desempeñado, en el transcurso de la historia contemporánea, un papel verdaderamente (contra)revolucionario. Dondequiera que se instauró, desmantelo burocracias estatales; comunidades y mutuales. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos jurídicos que unían a lxs trabajadorxs con sus patronales y no dejó en pie más vínculo que el de la libre concurrencia, la flexibilización laboral sin mayor freno. Echó por encima del poder protector del Estado, de la solidaridad corporativa y religiosa, del ardor político y del tímido progresismo del buen burgués, el jarro de agua helada de su moralidad utilitarista. Enterró las dignidades identitarias bajo el poder del dinero y redujo todas las libertades jurídicas y derechos adquiridos, "a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar". El neoliberalismo sustituyó, "para decirlo de una vez, un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación".

Pero la burguesía advierte que no puede existir si no es restaurando todo aquello que ha "revolucionando incesantemente" con el devastador desarrollo de sus fuerzas productivas; del modo de producción en el que se sostiene todo su poderío social. De pronto, la burguesía se ve obligada a rescatar a "cuantas clases sociales la precedieron" y "que tenían todas por condición primaria de vida la intangibilidad del régimen de producción vigente". La actual época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás porque al "constante y agitado desplazamiento de la producción", a "la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales", a la "inquietud" y a la "dinámica incesantes"; se le entrelaza la restauración fetichista del "halo de santidad" de "todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso respeto". La conversión en voluntariados policiales de ong’s médicas, jurídicas, artísticas, religiosas, y culturales en general. La burguesía actual restaura "los velos emotivos y sentimentales que envolvían la familia" al mismo tiempo que pone "al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares".

La crisis de la socialdemocracia primero, y del neoliberalismo después, son la "prueba palmaria de la incapacidad de la burguesía para seguir gobernando" a solas la sociedad e imponiendo a ésta por norma exclusiva y única, "sus condiciones de vida como clase". La burguesía contemporánea se sabe incapaz de gobernar, "porque es incapaz de garantizar a sus esclavos la existencia, ni aun dentro de su esclavitud", porque se ve ante el dilema de "dejarlos llegar hasta una situación" de explosivo desamparo, o, como antaño, aceptar que no tiene "más remedio que mantenerles, cuando son ellos quienes debieran mantenerla a ella". La burguesía ha comprendido que "la sociedad no puede seguir viviendo bajo el imperio" exclusivo de su clase. Que su dominación exclusiva, "se ha hecho incompatible con la supervivencia de la sociedad". Para salvar su existencia, no tiene más remedio que apelar a las clases medias, "reclamar su auxilio", situándolas como subalternos de su dominación política, y de este modo les "suministra elementos de fuerza, es decir, armas contra sí misma". Mas de esta manera, la burguesía busca resguardarse en un bloque conservador o reaccionario contra la única clase necesariamente revolucionaria: "el proletariado". Pero como la burguesía, al mismo tiempo, "lucha incesantemente" contra todos los elementos de esas "clases medias", empuja hacia el proletariado "a sectores enteros" de las mismas, o al menos amenaza su nivel de vida hasta que "estos elementos" se ven impelidos a unirse a las luchas del proletariado sumando así fuerzas "al movimiento" anticapitalista.

Mas, de todas las tendencias que se enfrentan a la hegemonía de la burguesía, solo el socialismo es verdaderamente revolucionario (si excluimos, claro está, a todas sus sectas doctrinarias). El pseudosocialismo estatal ha caído bajo el descrédito de la vieja socialdemocracia y –al menos en Latinoamérica- se ve desplazado por formas de social-populismo; el pseudosocialismo burgués, renace bajo la forma de un socioliberalismo que reivindica para la sociedad civil los poderes de policía y que se alía con el pseudosocialismo clerical y el humanista formando aquello que Gramsci designaba como "cesarismo policial". El pseudosocialismo utópico renace a través de los diversos experimentos autonomistas o comunitaristas y de las "economías sociales" que permiten a la burguesía reabrir aquello que Rosa Luxemburgo distinguió como sus "mercados exteriores". Todas estas tendencias, en suma, propugnan un falso socialismo; con burguesía pero sin proletariado. Y, sin embargo, será apoyándose en lo genuinamente democrático de las mismas que el socialismo revolucionario podrá ir resurgiendo como su elemento más radical y decidido.

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