Marinaleda: un ejemplo de municipalismo socialista y desde abajo

Marinaleda es un pueblo de la provincia de Sevilla que, pese a contar con tan sólo una población de 2.800 habitantes, ha sido capaz de constituirse para toda la izquierda como una alternativa en cuanto a la gestión municipal socializando las tierras de cultivo o bien estableciendo un sistema de gestión asambleario, entre otros aspectos.
Sin duda la clave de Marinaleda ha sido el uso del ayuntamiento como una herramienta política y no meramente de gestión, usándolo en todas las luchas contra las administraciones o los terratenientes: era un pueblo entero, y no sólo un movimiento, los que pedían que las tierras tenían que ser de quién las cultiva. Esto sólo ha sido posible gracias a la participación directa de las vecinas, que democráticamente en asambleas definen la política municipal, desde los proyectos que debe abordar el pueblo hasta los presupuestos. Se trata de un sistema de gestión horizontal y desde abajo, donde los ciudadanos pueden revocar a los cargos electos por las asambleas cuando lo consideren necesario.
Gracias a esta gestión por parte de las vecinas, las cuales conocen mejor que nadie sus propias necesidades, se ha conseguido una muy buena cobertura de los servicios sociales básicos: se puede tener una vivienda desde 15€ al mes al ayudar en la construcción, la guardería con comedor cuesta 15€ al mes, existe un sueldo fijo para todos los trabajadores de 1.200€ al mes, hay turnos rotatorios de forma que nadie se encuentre en el paro, parques con instalaciones deportivas y de ocio, servicio de atención a domicilio para personas mayores, una casa de la cultura que incluye cadena propia de televisión y radio con una de las mejores salas de teatro de la provincia, además de las coberturas básicas de otros pueblos del mismo tamaño. Esto nos demuestra el potencial de una gestión desde abajo de los recursos, que son invertidos en las necesidades básicas del pueblo.
El principal atributo y defecto de Marinaleda es que todo esto se sostiene sobre un sistema cooperativista, a través de la explotación de tierras expropiadas al duque del Infantado, así como la elaboración de conservas y aceite en instalaciones de la misma cooperativa. Esto tiene la ventaja de aportar una base económica que da empleo a gran cantidad de vecinos y asegura unos ingresos para el pueblo, pero es un modelo que cuesta trasladar a localidades que no cuentan con un gran nivel de movilizaciones.
Sin duda una de las enseñanzas que podemos exportar y que nos resultan más útiles en este momento es la construcción del municipalismo obrero, la capacidad de crear una organización asamblearia a través de un proceso electoral, el llevar las ilusiones y motivaciones de la gente a una autogestión real de los municipios. Son precisamente ejemplos como estos los que nos impulsan a construir candidaturas municipalistas allí donde podamos, a construir el poder popular en pueblos y ciudades, de forma que sean sus propios habitantes los que decidan como quieren que se gobierne su localidad.







