Mario Vargas Llosa, el petimetre del relato, garganta servil del capital
Mario Vargas Llosa.
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Mario Vargas Llosa es a la literatura, lo que es Sarah Palin a la política o Arnold Schwarzenegger al cine, un producto apresurado. Un Knut Hamsun señorón, un Ernesto Giménez Caballero de columna arrogante y desquiciada.
El nobel es un matadero para la palabra, le da hidalguía de salón y cambia al escritor por un patricio del texto. Ese premio de academia no puede acabar en la actualidad en la pluma de Juan Gelman, no se estimula la búsqueda poética de una nieta desaparecida por golpe de estado de Junta militar, sino el acatamiento del orden de editorial y patrono, mediante la prosa.
Vargas Llosa quiso que le votaran en Perú como un nuevo Virrey José de la Serna y se puso nacionalidad de la España Burguesa y corazón de la FAES [Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, fachada para las actividades golpistas del ex-presidente Aznar].
Pasó de chulo praxeológico a su novelado Ricardo Arana de La Ciudad y los Perros, se ultimó de “visitadora” del neoliberalismo, donde este esté en peligro. La Europa oxidada de Ángela Merkel se vierte en el Danubio y Don. Mario escribe con ese barro rojo húngaro.
Colectivo de Poesía “Cultura Indigente”
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