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18/10/2005 :: Estado español

Melilla y Ceuta: Pagar el genocidio

x Isidoro Moreno
Ha ocurrido lo que tenía que ocurrir: que en cuanto Mohammed VI y su entorno ordenara al Gobierno marroquí "colaborar" para impedir la entrada irregular en territorio español de ciudadanos de terceros países, habría muertos y violaciones múltiples de los derechos humanos.

No son sólo los fallecidos a manos de la policía y el ejército de Marruecos junto a las alambradas que circundan Melilla y Ceuta (cuando esto escribo van ya catorce), sino también el trato inhumano y el genocidio planificado consistente en abandonar en medio del desierto, a cientos de kilómetros de toda fuente de vida, a hombres, mujeres y niños subsaharianos para que no puedan volver a intentar introducirse en las dos ciudades.

Durante años, los dos partidos políticos mayoritarios españoles, cada uno a su estilo, y la inmensa mayoría de articulistas y tertulianos políticos han venido clamando por que se presione a Marruecos para que colabore activamente contra la inmigración "ilegal". Se le ha instado repetidamente a que desconozca el artículo 13 punto 2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos e impida a sus propios ciudadanos la salida por sus costas. A que se comprometa a recibir a todo aquel "irregular" de país tercero que llegue a Andalucía, Canarias u otro lugar del Estado español procedente de su territorio. Y a que limpie sus costas y las fronteras con Ceuta y Melilla (ciudades que no reconoce como legítimamente españolas) de aspirantes a dar el salto, o realizar el asalto, al "paraíso" o la "fortaleza" de Europa.

Finalmente, después de múltiples presiones, gestiones y promesas, el régimen marroquí ha decidido intervenir activamente en el sentido que le urgían España y la Unión Europea. Y las consecuencias no se han hecho esperar. Durante años, miles de africanos negros habían malvivido en los bosques cercanos a Melilla esperando la oportunidad para entrar en la ciudad o embarcarse en una patera para cruzar el Mediterráneo. El flujo migratorio era continuo pero pausado, sin grandes sucesos salvo cuando algún naufragio dejaba vidas en el mar. Pero desde hace unas semanas la policía y el ejército marroquíes hostilizan a esos "negros de los bosques", los deportan a la frontera con Argelia y, últimamente, los abandonan en el desierto sahariano, tal como han denunciado SOS Racismo, Médicos del Mundo y otras organizaciones humanitarias. ¿Cómo se explica este cambio de política? En mi opinión, porque Mohammed VI y su régimen han conseguido que el Gobierno español cierre los ojos ante su carácter antidemocrático, corrupto y sanguinario, acepte sin reacción alguna la represión salvaje contra los saharauies que piden lo que varias acordó Naciones Unidas, y, sobre todo, eleve de forma significativa la cantidad de euros destinada a la ayuda al desarrollo de Marruecos, es decir, al bolsillo de la familia real y su entorno.

Están dando la vuelta al mundo noticias y fotografías que muestran muros de alambre que se elevan y multiplican; trozos ensangrentados de ropas ondeando en las cuchillas que rematan las vallas; el ejército -la Legión, con toda su historia y su leyenda- y no sólo la policía patrullando con armas; muertos y heridos tras cada nueva avalancha -que ahora, no antes, sí se están dando-; deportaciones en masa bajo el nombre de "devoluciones" No sé si somos conscientes de que todo esto, además de ser una vergüenza, que debería impedirnos vivir tan tranquilamente y que desnuda la hueca retórica de la "alianza de civilizaciones" que dice defender Zapatero, nos está poniendo, otra vez, en la diana del terrorismo internacional.

Como no podía ser menos, se está queriendo desviar la atención de las verdaderas causas del problema hacia la existencia de mafias a las que se acusa de organizar los asaltos. Pero, sin discutir su existencia, conviene decir claramente que esas mafias tienen su caldo de cultivo en la creciente impermeabilización de Europa (y de España) como fortaleza. A mayor dificultad para la entrada, más mafias y más alto coste, la vida, a veces, incluida, para quienes tienen que acudir a ellas como única supuesta garantía para llegar al supuesto paraíso donde intentar cumplir el objetivo -¿delictivo?- de vivir con dignidad.

Los flujos migratorios ni se regularizarán ni se harán menores, sino todo lo contrario, mientras no se invierta la dinámica de la globalización mercantilista. Porque mientras los capitales sigan circulando libremente por el planeta, sin norma alguna, esquilmando países, quienes viven en estos se verán obligados a la emigración forzosa. Dicho con otras palabras: las migraciones no podrán regularse mientras el mundo no cambie sus mecanismos de funcionamiento actuales, basados en la sacralización del Mercado y la obtención de cada vez mayores beneficios para cada día menos personas. La dificultad de dicho cambio quizá haga que muchos se consideren impotentes para influir en él, pero algo sí podemos, y debemos, hacer todos para poder seguir, al menos, mirándonos por las mañanas en el espejo: no aceptar ninguna violación de los derechos humanos, sea cual sea el disfraz con que trate de justificarse, y rechazar con firmeza que con nuestros impuestos se paguen genocidios.

Fuente: Infoapdha

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