lahaine.org
Pensamiento :: 07/05/2006

Metadialéctica (VII): Socialismo científico

Carlo Frabetti - La Haine
El hecho de que nos empeñemos en seguir llamando "marxismo" a lo que Marx y Engels denominaron "socialismo científico" es menos anecdótico de lo que podría parecer a primera vista.

En primer lugar, el término supone un agravio comparativo, pues prescinde de uno de los cofundadores (el más inteligente de los dos, por cierto, aunque Engels no tuviera la enorme capacidad de trabajo ni la poderosa personalidad de Marx). En segundo lugar, el término es reductivo y adialéctico, pues identifica todo un proceso, un desarrollo continuo, con su etapa fundacional. Esa forma de patronimia es adecuada para las doctrinas estáticas, inamoviblemente ligadas a un "padre" fundador: cristianismo, confucianismo, jansenismo... Pero no llamamos "einsteinismo" a la relatividad, porque es una disciplina en continua evolución y construida con las aportaciones de numerosos físicos y matemáticos; y, por la misma razón, el decimonónico término "darwinismo" ha caído en desuso, oportunamente sustituido por "evolucionismo". ¿Por qué no ha ocurrido otro tanto con el término "marxismo"?

La respuesta es tan obvia como preocupante: el marxismo más visible, el más institucional, ha evolucionado muy poco desde los tiempos fundacionales. El gran error de Marx y Engels fue proclamar la inevitabilidad de la caída del capitalismo y prometer el paraíso (comunista, pero paraíso al fin y al cabo); eso, para muchos, convirtió el marxismo en una religión y, por consiguiente, en un instrumento de dominación en manos de las castas sacerdotales de turno. Dicho de otro modo: el mal llamado "socialismo real" impidió el desarrollo del socialismo científico y marginó o persiguió a quienes luchaban por salvarlo de la ideologización. La desigual pugna (metadialéctica) del materialismo dialéctico con el solapado dogmatismo de la izquierda institucional ha sido la gran batalla intelectual del siglo XX; aunque ha sido (y sigue siendo) una batalla soterrada, ignorada por la cultura oficial, silenciada por los poderes de uno y otro signo.

Los marxistas tuvieron claro desde el principio que había que liquidar la moral burguesa; pero el propio marxismo era un producto de la burguesía, de su filosofía y su moral, y, por lo tanto, para crecer tenía que podar sus propias raíces. Tenía que romper con el patriarcado y con su brutal represión de la sexualidad (sobre todo de la sexualidad femenina). Tenía que romper con la familia nuclear, con la explotación doméstica de la mujer, con la hegemonía masculina. Pero luchar contra los privilegios ajenos es más fácil que luchar contra los propios, y el marxismo, en manos de los hombres, como casi todo, no supo, no pudo o no quiso librar esa batalla fundamental (no escuchó, como Segismundo, la arenga de Clotaldo: "Corona tu victoria venciéndote a ti mismo"). Y la batalla tuvo que librarse en otros ámbitos.

Por eso el marxismo, para merecer el nombre de socialismo científico, tiene que asimilar, ante todo, los logros teóricos y prácticos del feminismo, la principal fuerza revolucionaria de nuestro tiempo (y probablemente de todos los tiempos). Y también tiene que asimilar los logros teóricos y prácticos del anarquismo, el ecologismo, el pacifismo, el indigenismo, el vegetarianismo y otras formas de oposición a la barbarie capitalista. Tiene que despojarse de su solapado puritanismo cristianoburgués (es decir, patriarcal) y escuchar con la mayor atención y el mayor respeto a homosexuales, transexuales, prostitutas, okupas, emigrantes y marginados de toda índole.

El marxismo tiene que volverse a la vez más nacionalista y más internacionalista; porque nacionalismo e internacionalismo no son antitéticos, como creen algunos (incluidos no pocos marxistas), sino complementarios. El nacionalismo de un pueblo unido frente al imperialismo avasallador lo une, a su vez, a todos los demás pueblos en su lucha común contra la "globalización" capitalista. Los desposeídos no tienen patria, nos recuerda el Manifiesto Comunista, les ha sido arrebatada junto con todo lo demás; por eso su primera tarea es recuperarla, y recuperar la patria (cada pueblo la suya y juntos la de todos) es recuperar la vida, recuperar el mundo.

(Continuará)


Artículos anteriores en La Haine:
- Metadialéctica (I)
- Metadialéctica (II). Puritanismo de izquierdas
- Metadialéctica (III). Belicismo sublimado
- Metadialéctica (IV). Carnivorismo salvaje

- Metadialéctica (V). Machismo ilustrado
- Metadialéctica (VI): El mito del amor

 

Contactar con La Haine

 

La Haine - Proyecto de desobediencia informativa, acción directa y revolución social

::  [ Acerca de La Haine ]    [ Nota legal ]    Creative Commons License ::

Principal