lahaine.org
Pensamiento :: 13/09/2004

Mitos vale... pero liberadores

Alizia Stürtze - Historiadora
Ahora resulta que toca pelearse por ver de quién es Sancho III el Mayor: si del nacionalismo vasco o navarro (últimamente no controlo muy bien la terminología), o, por el contrario, del nacionalismo español más cañí.

Tras el homenaje como «señor de los vascos», que el pasado mayo realizó Ibarretxe, junto a representantes de otras fuerzas abertzales, ante el monumento al rey pamplonés erigido en Hondarribia, ahora resulta que Gotzone Mora y sus amigos «constitucionalistas», que últimamente no saben muy bien dónde poner el huevo, también se han decidido a realizar un acto ante la misma estatua, pero en esta ocasión para rendirle honores como Hispaniarum Rex o rey de las Españas, es decir, «como precursor de lo que hoy conocemos como España». La convocatoria del acto la justifican por la necesidad de responder a la ilegítima «apropiación» de la figura de Sancho el Mayor por parte del nacionalismo vasco/navarro, basada en su opinión en una tergiversación y una falsificación históricas que colocan al monarca como cabeza de un supuesto «Estado vasco».

A primera vista, que los representantes más reaccionarios del ultranacionalismo español e historiadores como A. Besga en "Historia 16" consideren que deben hacer frente a la muy publicitada nueva línea historiográfica generada a partir de la obra "La Navarra Marítima" podría llevarnos a pensar, por oposición, que la tesis central que plantea constituye un referente interesante para la lucha política de liberación nacional y social de Euskal Herria.

Creo, sin embargo, que este interés tanto jeltzale como granespañol por disputarse la «propiedad» de Sancho el Mayor demuestra todo lo contrario. Es decir, que, a estas alturas, elegir a la monarquía como referente histórico del derecho vasco a la autodeterminación es, cuando menos, una errónea y paralizante apuesta por una «nostalgia», que viene de perlas al poder español (y a la derecha nacionalista). Se trata, en efecto, de una posición que nos invita a centrar nuestra identidad y nuestro derecho histórico a ser en torno a una monarquía feudal (que no un Estado), guerrera y expansiva como sus vecinas, asentadora de la jerarquización social del feudalismo, introductora del Cristianismo, de la muy francesa y feudal reforma cluniaciense, de la población franca y, por supuesto, del latín, como instrumento de la élite que potenció la marginación/genocidio de la población, la lengua y la cultura autóctonas. Simbolizar la historia del pueblo en lucha en la figura de Sancho III trae consigo, consciente o inconscientemente, un reforzamiento de las prácticas alienantes sustentadas en el autoritarismo, en la reproducción de los jerárquicos mecanismos propios de la dominación y en la domes-ticación de la militancia luchadora.

No es mi objetivo en este artículo defender o criticar desde la ciencia histórica lo fundado o incorrecto de esa reciente corriente historiográfica «pro-navarrista» que cuenta con tantísimos avales políticos. Mi sola pretensión es mencionar la importancia que para la movilización y la formación de una voluntad popular transformadora y una cultura opuesta a la que promueve y produce el capitalismo (incluidos el vasco-navarro, claro) tiene la elección adecuada de mitos populares de resistencia, que podamos integrar en la lucha con capacidad movilizadora y que nos ayuden a constituirnos como sujetos históricos de cambio. Ni en la monarquía, ni en la historia política y/o institucional podremos nunca encontrar símbolos que nos ayuden a cultivar una identidad solidaria y horizontal de lucha y de cambio.

Que, ante las dificultades de avance del nacionalismo vasco en Nafarroa, nucleemos nuestra memoria y basemos nuestras raíces históricas en torno a unos monarcas clasistas y extranjerizantes, y que, para más inri, el quintacolumnismo español haga campaña para «robárnoslos» es ciertamente alarmante. Viene a demostrar, en efecto, que hemos elegido muy mal el mito: hemos olvidado nuestra rebeldía contra los jauntxos feudales, nuestra apasionante, estimulante y secular historia de resistencia popular nacional y de clase (en la que el protagonismo navarro es fundamental), hemos arrinconado nuestras rebeldes masas de matxinos, de héroes y heroínas, conocidos algunos, desconocidos los más, pasados y recientes, y los hemos sustituido por unos reyes que nunca representaron nada que no fueran los intereses propios y los de los más poderosos.

Soy consciente de que, tocando un tema como éste convertido extrañamente en tabú, estoy infringiendo las leyes de lo políticamente correcto y atrayéndome la furia y la antipatía de ciertos sectores. Pero, cuando escribo sobre un tema, no lo hago con la pretensión de agradar ni de quedar bien. La lucha sigue y la lucha necesita debate, no seguidismo.

Gara - 12/09/04

 

Contactar con La Haine

 

La Haine - Proyecto de desobediencia informativa, acción directa y revolución social

::  [ Acerca de La Haine ]    [ Nota legal ]    Creative Commons License ::

Principal