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Estado español :: 02/07/2026

Moncloa bien vale una misa (pontifical)

Rafael Cid
El presidente 'socialista y sus compañeros de viaje parecen convencidos de que La Moncloa también vale una misa. Para mantenerse en el poder caiga quien caiga

Ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho.
(José Luis Rodríguez Zapatero, ex presidente del Gobierno)

La reciente visita de León XIV a España, en el primer viaje apostólico de su "reinado", obró efectos taumaturgos, como los que describe el gran historiador Marc Bloch respecto a los reyes medievales. Milagros, más allá de la imposición de manos, que el papa (Su Santidad, el Sumo Pontífice, el Vicario de Cristo o el jefe del Estado Vaticano, según denominemos a su polisémica Majestad) que a nadie parece haber dejado indiferente. Tal ha sido la unanimidad con que la clase política ha acogida su presencia. Desde la extrema derecha hasta su antípoda la ultraizquierda, pasando por conservadores y progresistas, todos a una han alabado el magisterio papal. Fervor que ha alcanzado a biografías ideológicas tan dispares como las que ostentan el azul Federico Abascal y la roja Yolanda Díaz. En el caso de la vicepresidenta segunda y ministra del Trabajo con redundancia de gozo: tiene declarado que ser recibida por el papa Francisco I le "había cambiado la vida". Aunque, para conversión, la de Pedro Sánchez, que ha pasado de borrarse de cualquier evento religioso, porque su laicidad se lo impedía, a ponerse bajo su palio junto a su esposa y catorce de sus izquierdistas ministros en la Santa Misa celebrada por León XIV en la Basílica de La Sagrada Familia de Barcelona. Precisamente la archidiócesis que, según el Informe presentado al Congreso por el Defensor del Pueblo, es una de las que ha registrado más casos de abusos por pederastia por clérigos católicos. ¡¡¡Alzad la mirada!!!

Tamaña conformidad no solo se dio entre los grupos políticos, acostumbrados a la zurra inmisericorde y el trágala del "y tú más", seña de identidad del populismo rampante. Esa epifanía sobrevenida, que desterró durante los primeros días de la gira pontifical la habitual polarización maniquea, alcanzó incluso a los medios de comunicación. Y aquí desde la cruz a la raya, sin solución de continuidad temporal. Televisiones públicas y privadas, estatales o autonómicas, cambiaron sus programaciones para ofrecer como única <carta de ajuste" las peripecias, dichos y diretes de León XIV en su periplo. Como en los más rancios años de franquismo, la opinión pública y la opinión publicada estuvieron sincronizadas en la misma fe, con lujo de abundancia de expertos vaticanistas que nos instruían en la caja tonta sobre los arcanos del Reino de Dios y del sucesor en el trono de San Pedro. Semejante unanimidad suponía una reposición a través del túnel del tiempo desde el nacionalcatolicismo de la dictadura al "y tú más" de la democracia. Remake servido y condimentado por un Gobierno de coalición de centroizquierdas, el más progresista desde la transición.

De hecho, como suele ocurrir en ocasiones gloriosas, lo que acontecía urbi et orbi, en clave política del momento, significaba transar de la admonición de la "prioridad nacional", abrazada por las derechas, a bendecir la "prioridad católica", instada por las izquierdas. Parecía como si el artículo 16 de la vigente Constitución, constatando que "ninguna confesión tendrá carácter estatal", se hubiera tomado vacaciones para los que tenían la misión de cumplirlo y hacerlo cumplir.

A Dios rogando y con el mazo dando. El Gobierno progresista había decidido abrir de par en par las puertas del Congreso a León XIV para difundir en red los valores de su pontificado. Al fin y al cabo, se trataba de un afín que, como Pedro Sánchez, denunciaba las barrabasadas de Donald Trump y la amenaza de la Inteligencia Artificial (IA), el nuevo Caballo de Troya de la tecnocasta (con posos del secular anticientificismo doctrinal de la Curia romana). Todo ello en el marco de un cálido mensaje en favor de la solidaridad con los inmigrantes que podría interpretarse como un aval al sanchismo, factótum de la última regularización masiva de refugiados. Pero lo que contemplaron sus señorías y escucharon los televidentes fue una reivindicación casi tridentina.

El papa denunció el aborto y la eutanasia como crímenes contra la vida ante los mismos legisladores que habían aprobado su despenalización como avance civilizatorio. Incluso reclamó desde la tribuna-púlpito de la cámara mayor prestación de los poderes públicos para la educación religiosa, vector de influencia de una iglesia que oferta la escuela concertada gracias en buena medida a la subvención estatal. El cónclave finalizó con siete minutos de aplausos para el Pontífice. En el acto del Movistar Arena con la "sociedad civil" hubo de todo y a lo grande: coros, cante, danza, conciertos y homilía. Amén del besamanos de los líderes de CCOO y UGT, ungidos del mismo espíritu filantrópico que inspira al "faro moral de la izquierda" Rodríguez Zapatero, en la estela de aquel "señor don Juan de Robles que, con caridad sin igual, fundó este santo hospital, pero antes hizo a los pobres".

Estamos ante un caso insólito de consenso entre un jefe de Estado laico, Pedro Sánchez, y su alter ego coyuntural, que además es la máxima autoridad de la confesión católica, lo que invita a preguntarse a qué se debe este extraño amancebamiento (la ultrcatólica Hazte Oír promueve muchas de las acusaciones judiciales en los casos de corrupción contra el Gobierno sanchista). Y tratándose de alta política seguramente la respuesta este cerca de aquella expresión latina do ut des (doy para que me des). En el contexto de aquella "concurrencia de debilidades" con que la izquierda trató de encubrir su capitulación ante el tardofranquismo en la transición. Aún a riesgo de los daños colaterales que pudieran producirse (haberlo haylos), Gobierno y Vaticano necesitaban una operación prestigio. La iglesia de Roma, porque atraviesa una crisis global de vocaciones y contempla con preocupación la competencia de otras religiones en zonas donde anteriormente era mayoritaria (sobre todo en Latinoamérica, ante el empuje de los evangelistas) o eran espacios de misión tradicionales (en África ve crecer el islamismo, lo que explicaría la cálida recepción del papa a un colectivo de inmigrantes subsaharianos en el puerto canario de Arguineguín). A nivel doméstico, la inspiradora gira de León XIV en plena etapa de la declaración de la renta, sin duda contribuirá a que aumente el número de contribuyentes que señalen la equis de la iglesia en el IRPF a partir de este ejercicio fiscal. Pederastia mediante.

Por la otra parte contratante, vemos a un PSOE abrasado por la corrupción y sin que las alertas antifascistas que hasta ahora venía utilizando a modo de cinturón sanitario sirvan para evitar la simbiosis entre PP y Vox en las autonomías que lideran. Carta de último recurso que como mucho ha servido para activar a una parte de esos votantes que últimamente se habían pasado a la abstención ante la deriva del sanchismo del "cuanto peor, mejor". De ahí que los fontaneros de Ferraz hubieran creído oportuno utilizar el tirón de León XIV entre públicos transversales para tratar de ampliar espuriamente su base electoral. Estudios sociológicos reciente han detectado una especie de nueva espiritualidad entre sectores jóvenes de la población, como demostraría el éxito que tienen cantantes como Rosalia y conciertos multitudinarios como el madrileño Resurrección Fest. La cuestión es si la operación remontada llevada a estos extremos proselitistas vale lo que cuesta, o a medio plazo implica una regresión cultural en territorios escatológicos.

En el manual de resistencia del camaleónico Pedro Sánchez debe figurar la famosa frase «París bien vale una misa» atribuida al rey Enrique IV de Francia en el año 1593, con la que el monarca, de religión protestante y primero de la dinastía borbónica, justificó su conversión al catolicismo (abjurando de su fe y asistiendo a misa) para poder ser coronado. Mutatis mutandis, el presidente del Gobierno y sus compañeros de viaje parecen convencidos de que La Moncloa también vale una misa. Para mantenerse en el poder caiga quien caiga.

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