Ni municipales, ni autonómicas, ni generales ¡No alimentes al sistema!

Con unas escandalosas cifras del paro, con unos recortes sociales y
laborales y un aumento de la precariedad de la vida sin precedentes,
con un vertiginoso aumento de la corrupción política, una vez más,
somos llamados a elegir a los alcaldes de nuestra ciudad y a nuestros
representantes autonómicos; en definitiva, a una serie de individuos
que nos usurparán la capacidad de decidir por nosotres mismes qué es
lo que nos conviene.
Nos van a prometer muchas cosas: Que nos sacarán de la crisis, que nos
subirán los salarios o que arreglarán todo lo malo que hicieron los
que estuvieron antes que ellos. Cada vez es mayor el número de
votantes que no tiene la menor confianza en los políticos que elige,
pero esto no es problema para la democracia, que encuentra en los
altos índices de conformismo su mejor aliado.
Durante los últimos años, hemos sido testigos de un descarado aumento
de la corrupción política. Sin embargo, nosotres no entendemos la
corrupción como algo coyuntural o exclusivo de ciertas personas o de
ciertos partidos. La experiencia nos demuestra que la delegación es la
usurpación del interés colectivo en pro del interés personal; del
interés personal del político que da como resultado el escandaloso
avance de la clase gobernante sobre la gobernada. Los recortes
laborales y sociales no son producto exclusivo de una supuesta
situación de crisis económica pues, en primer lugar, los grandes
emporios financieros no han tenido ningún retraimiento y, en segundo
lugar, esos retrocesos vienen gestándose desde hace tiempo y se
quedarán, aunque lleguen épocas de mayor bonanza económica.
Los altos índices de conformismo son, como decíamos, el mejor aliado
del sistema parlamentario. No en vano, uno de los conceptos más
esgrimido por la clase política es el de tolerancia: es decir, el de
soportar, sufrir o sobrellevar. Sin embargo, solo se puede tolerar lo
negativo, nunca lo positivo, y se tolera para evitar “males mayores”.
Pero nosotres nos preguntamos ¿hasta cuándo vamos a tolerar esta
situación?, ¿dónde está nuestro límite? Porque se empieza a tomar
conciencia de algo cuando ese algo empieza a ser intolerable y nos
volvemos a preguntar si no son intolerables las cifras de paro, de
corrupción o de recortes laborales y sociales.
Precisamente es en el ámbito más cercano, el local, donde se están
produciendo los mayores recortes sociales. Son los Ayuntamientos -la
sección del poder estatal en nuestras ciudades- quienes están
promoviendo a un ritmo cada vez mayor los recortes de la libertad
individual en el ámbito de la ciudad a través de Ordenanzas de
convivencia entre otras medidas. Se regula cómo nos tenemos que
relacionar y dónde, qué podemos y no podemos hacer o qué podemos o no
podemos tolerar. No se trata de que seamos libres sino cívicos,
preocupándonos no de nuestra autonomía personal sino del cumplimiento
de las normas que otros han elegido para nosotres.
No existen alternativas dentro del sistema parlamentario. Durante la
campaña electoral asistiremos a intensos debates en los que los
políticos desvelarán lo malos que son sus rivales, escucharemos
incrédulos sus falsas promesas electorales para que, una vez que hayan
alcanzado sus propósitos parlamentarios, den al traste con ellas por
la búsqueda de su beneficio personal.
Ahí es donde entran en juego los nuevos partidos de la izquierda
extraparlamentaria. Extraparlamentaria no porque su campo de actuación
quede fuera del Parlamento, sino porque todavía no han conseguido la
confianza suficiente como para estar en él. Se trata de hacer un
lavado de cara del parlamentarismo y los herederos de las diversas
corrientes del marxismo han encontrado en los lemas clásicos de la
lucha obrera su mejor crédito electoral. Han sabido adaptar a la
perfección la teoría de la confrontación directa a su estrategia
política.
Las huelgas, manifestaciones y todo tipo de acciones se presentan como
parte fundamental del programa electoral. Se trata de dar la
apariencia de que las cosas se pueden hacer de otro modo, aunque
finalmente sea para conseguir lo mismo: Usurpar la autonomía
individual para relegar la toma de decisiones sobre nuestra vida en
otras personas. Vemos como partidos de este pelaje utilizan lemas como
organízate y lucha, que en su caso se traduce en menéate y vota. Para
ellos no se trata de crear un clima de organización, sino de arrimar a
los sectores descontentos del sistema de representación para
perpetuarlo. No defienden la acción directa y organizada de forma
incondicional, sino como parte de su programa político o
delegacionista.
Nosotres, como anarquistas, defendemos la acción directa sin
paliativos. No la entendemos como un método de propaganda sino como el
único método eficaz para alcanzar los objetivos que nos propongamos,
para actuar en nuestro día a día. Se trata de actuar, de manera
individual o colectiva, frente al adversario social con solo los
medios del individuo y del grupo; se trata en definitiva de
recuperarle al Estado el terreno que nos ha ganado a las personas.
Por todo ello, una vez más promovemos la Abstención Activa: No les
votes, Organízate y Lucha.







