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Pensamiento :: 12/04/2005

Razones para no votar a PNV-EA...

Alizia Stürtze - Historiadora
El PNV ha puesto todos los medios a su alcance para organizar (ideologizar) a la sociedad vascongada de acuerdo con sus intereses.

En realidad, salvo para el entramado clientelista que el PNV ha montado durante sus 25 años en el poder, que incluye tanto a empresarios y sus derivados como a una amplísima y bien alimentada red funcionarial, a nadie de la mayoría trabajadora vascongada nos conviene objetivamente votar a la coalición PNV-EA... ni a sus acólitos. Este artículo, por tanto, no debería tener razón de existir. El problema es que, hoy en día, es tal la penetración social del imaginario neoliberal con ropaje «nacionalista vasco» (fervientemente impulsada por el partido de Ibarretxe) que, inmersos en un alienado conformismo generalizado y en una alienante falta de expectativas (¡las cosas son así!), son muchos los que, en lugar de votar como ciudadanos conscientes un programa o la defensa de unos derechos (y de castigar electoralmente a quienes en la práctica no los cumplen), optan cobardemente por hacer la vista gorda y pretender que se siguen creyendo eso de que votando jeltzale o aledaños se puede «combatir» a Madrid sin esfuerzo ni sacrificio y, de paso, proteger los intereses individuales, es decir, el mantenimiento de un irracional es- tatus consumista (cada vez más a la baja).

El PNV ha puesto todos los medios a su alcance (que son unos cuantos) para organizar (ideologizar) a la sociedad vascongada de acuerdo con sus intereses. Para ello, ha tenido que falsificar la historia. No sólo la relacionada con su papel durante el franquismo y la transición, sino, más concretamente, la que tiene que ver con sus 25 años de hegemonía en el Gobierno Vasco, durante los que se coloca simbólicamente en ese «centro» desde el que supuestamente «maniobra» para equilibrar la tracción destructiva de dos polos extremos, igualmente diabólicos: el españolismo estatal y la izquierda abertzale.

Sin embargo, los resultados son los que son, y son consecuencia, no tanto de Madrid (como le gusta recalcar a Ibarretxe), ni desde luego del «extremismo abertzale», sino producto de sus intereses de clase, que hacen que su «nacionalismo» no sea en última instancia más que una mezcla de colaboracionismo/pugna con el Estado y su bloque de clases dominante por hacerse con el puesto de clase dominante o co-dominante en Vascongadas, recapitalizarse y ocupar un hueco, subordinado desde luego, en la cadena imperialista (y, por tanto, en la UE).

Absolutamente todos los datos de estos 25 años de estatuto (con el que íbamos a resolver «un problema de siglos») apuntan en ese sentido. Y lo más preocupante: los planes para la nueva legislatura corroboran aún más (con o sin plan Ibarretxe) la profundización de esa línea orientada a la necesidad de incrementar la extracción de plusvalía al pueblo trabajador vasco y de quedarse con un trozo cada vez mayor de la tarta. Así, tenemos a un PNV empleado a fondo en desarrollar, desde las instituciones que controla y al alimón/en contradicción con el PSOE y el PP, el modelo que el neoliberalismo propone y que incluye, entre otros aspectos: el desmantelamiento paulatino del Estado social y la degradación de lo público, con la consiguiente privatización progresiva de los diferentes servicios sanitarios, educativos, infraes- tructurales y la opaca privatización en pocas manos del dinero público, vía contratas, contratos directos, fundaciones...; la potenciación de la explotación salvaje de la fuerza de trabajo (reducida al estado de «producto») y del territorio, destrozado por gigantescas infraestructuras; la desnacionalización y la desestructuración consciente de nuestra identidad vasca, a base, entre otros aspectos, de negarnos y/o hacernos avergonzar de nuestra historia, y de reducirnos a la categoría de individuos «competitivos», sin objetivo colectivo/nacional ninguno y sin otra actividad significativa que la de ganar dinero y consumirlo con multinacional ocio prefabricado; el permanente y traidor colaboracionismo con el Estado en su mutuo intento de exterminar políticamente, de «desciudadanizar» a esas decenas de miles de vascos que componemos la izquierda abertzale, ayudando a Madrid en el diseño, instauración y legitimación de lo que Esteban Rodríguez en su «Estado Malestar y genocidio económico» llama una «democracia totalitaria», en estado de emergencia permanente, es decir, vertebrada a través del estado de excepción y los medios masivos de comunicación, y en la que todo disidente es considerado terrorista y, por tanto, merece la aplicación de una legislación especial.

No es casualidad que sea en Vascongadas donde más ha descendido el porcentaje de inversión pública en sanidad en relación al PIB, ni que sea aquí donde se da el mayor porcentaje de empleos basura, de precariedad en el trabajo, de subcontratación y de muerte laboral.

Tampoco es un accidente que sea en «territorio jeltzale» donde el precio de la vivienda es más escandalosamente elevado y donde más se hace la vista gorda ante las escandalosas cantidades de dinero negro generadas por la llamada «economía del ladrillo» y por la explotación laboral. No por azar la reforma educativa emprendida por el Gobierno Vasco quiere ser pionera en el cumplimiento de la conocida como Declaración de Bolonia de 1999, en la que se trazan las grandes líneas de la enseñanza del futuro en general y de la universitaria en particular, con el objetivo central de suministrar a las multinacionales europeas el personal que necesita para competir eficazmente frente a EEUU, para lo cual se necesita reservar los estudios universitarios para una élite privilegiada y convertir la enseñanza en una mercancía. La Consejería de Educación ya ha abierto la vía para «desinvertir» en la universidad pública, subvencionar por igual a universidades privadas como la de Deusto o la de Mondragon y enfocar los planes de estudio en función de los intereses empresariales. Tampoco cabe culpar sólo a Madrid por el hecho de que sea en Vascongadas donde el estado de excepción se ha vuelto regla, y se visualiza como tal. Basta recordar la responsabilidad de los políticos jeltzales en ese invento que tan caro ha costado a la juventud vasca que fueron los «comandos Y», o en ese terrible instrumento de castigo a los familiares que es la política de dispersión de los presos. Aunque, en realidad, no hace falta mirar atrás para comprobar ese afán colaboracionista jeltzale en la represión de nuestro pueblo. Durante esta campaña electoral, preludio a unos comicios claramente antidemocráticos, estamos pudiendo ver a un PNV excediéndose claramente de sus funciones, e impidiendo, por ejemplo, la participación de Otegi en el debate de ETB entre aspirantes a lehendakari, o mandando a «su policía» a machacar mítines o manifes- taciones de Batasuna.

Y es que al PNV (y a sus acólitos), como ha demostrado los últimos 25 años, no le interesan el pueblo vasco, ni la superación del conflicto, ni la construcción de una Euskal Herria auténticamente democrática y en paz. Sólo piensa en conservar la mayoría para continuar llevando adelante los salvajes planes del neoliberalismo europeo, y beneficiar así a la porción de clase capitalista que representa.

Se equivoca pues esa mayoría trabajadora que piensa que votar PNV es votar «pragmático», es decir, votar «útil». En estas elecciones, sólo un voto es auténticamente democrático. Sólo un voto ofrece cauce a la expresión de los derechos básicos civiles y políticos. Sólo un voto puede ayudar a abrir el camino hacia un nuevo escenario y a frenar el totalitarismo estatal. Por tanto, sólo hay un voto realmente «pragmático» para quienes, frente a Madrid y París, queremos construir una Euskal Herria solidaria: el voto a EHAK.

Gara
10.04.05

 

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