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Iñaki Gil de San Vicente, Mundo :: 07/05/2004

Sobre Cuba y Marx'21

Iñaki Gil de San Vicente - La Haine
1. Conociendo el interés de Marx por los más recientes avances científicos y, especialmente, por mantener siempre actualizada su método teórico y su praxis política, desde luego que no debiera sorprenderle el título de este pequeño artículo, con ese guarismo añadido al final de su apellido y que expresa la actualidad de su pensamiento, y del de Engels, en el siglo XXI. Plantear la reflexión sobre Marx en y frente a este siglo es, por tanto, una necesidad que surge del propio método del autor y una exigencia ineludible para mejorar la práctica revolucionaria.

2. Especialmente, hacerlo en y desde Cuba, o sea, en un territorio liberado por un pueblo heroico que resiste durante casi medio siglo a las agresiones de todo tipo de la fuerza más criminal y destructora que jamás ha padecido la humanidad, los Estados Unidos. Frente a esta fuerza de muerte, en sus mismas narices, un colectivo de marxistas de diversa procedencia se han reunido no sólo para actualizar a Marx y a Engels; tampoco sólo para demostrar de nuevo su superioridad sobre los ideólogos burgueses sino, fundamentalmente, para mejorar la praxis revolucionaria.

3. Más aún, confirmando las razones cubanas para realizar este segundo encuentro internacional, también se está realizando, se han realizado y se realizarán en muchos sitios, otros encuentros y debates marxistas similares o idénticos en los objetivos citados. Quiero decir que las izquierdas revolucionarias estamos realizando un esfuerzo significativo de apreciable mejora autocrítica de nuestros postulados. No hay ahora espacio para comparar este esfuerzo con otros anteriores, por ejemplo con el del socialismo utópico tras y a partir de la década de 1831 en Europa y Gran Bretaña; con el marxista tras 1848; con el marxista a finales del siglo XIX y comienzos del XX para estudiar qué era entonces el imperialismo y cómo combatirlo a muerte; con el de algunos marxistas en la década de 1931 para combatir el nazi-fascismo en ascenso; con el de posterior a 1945 para aplicar el marxismo a las guerras revolucionarias de liberación nacional en grandes zonas del planeta; con el de finales de la década de 1961 y buena parte de los años posteriores para conocer los cambios del capitalismo mundial, etc.

4. Resulta significativo que desde finales de los "50 del siglo XX, la praxis teórica y de liberación nacional cubana, socialista por supuesto, haya estado siempre en el centro de todas las reflexiones mundiales. No estoy hablando de la engreída y docta ignorancia del "marxismo" eurocéntrico, reformista y economicista, ni del decadente dogmatismo stalinista, sino de los enriquecimientos teóricos de los pueblos del llamado Tercer Mundo, que en sus largas luchas de liberación nacional y social, también de sexo-género, han desarrollado cualitativamente el marxismo hasta niveles que ridiculizan la dormida complacencia eurocéntrica. Si Cuba ha estado y está en el centro de esas reflexiones es porque su praxis llega al nudo gordiano de la evolución del imperialismo en este último medio siglo.

5. Algunos prefieren poner el dedo crítico en este o aquél error cubano en tal o cual momento, pero en la situación actual y para el tema que ahora tratamos es decisivo poner el dedo crítico en el impresionante aporte teórico-práctico de Cuna a la emancipación humana. Los mismos cubanos son más conscientes y autocríticos sobre sus errores y limitaciones que la inmensa mayoría de sus críticos, sobre todo de los que viven cómodamente y sin riesgo físico alguno. Lo mismo sucede con las "críticas" a otros procesos de liberación también incluso dentro del capitalismo llamado "céntrico", o sea, imperialista. Estoy hablando, por ejemplo, de los aportes de las izquierdas revolucionarias indias, negras y latinas, también blancas, que luchan en las entrañas mismas del monstruo yanki, o, por lo que a mí me concierne, de las aportaciones de la izquierda independentista vasca a lo largo de una lucha directa de medio siglo e indirecta de dos siglos en una nación ocupada por dos Estados históricamente decisivos para entender qué es el capitalismo como son el francés y el español.

6. Es muy interesante comparar el esfuerzo sostenido de la inmensa mayoría de marxistas en esta fase histórica, con el que hacen por su parte las fábricas de producción ideológica burguesa, es decir, las universidades, los centros de estudio, la prensa, las iglesias, etc., capitalistas, que apenas casi nunca o muy pocas veces se atreven a criticar creativamente sus diversos autores fundamentales cuando se producen estos cambios cronológicos u otros cambios sociopolíticos, económicos, etc. ¿Alguien se imagina, por ejemplo, a las grandes universidades del imperialismo abriendo una reflexión sobre Hobbes, Locke, Rousseau, Kant, Comte, Durkheim, Weber, etc., frente al siglo XXI? O más crudamente aún, teniendo en cuenta que sólo hemos citado a algunos autores "progresistas", ¿alguien se imagina a las mismas instituciones burguesas haciendo la misma investigación sobre los grandes autores reaccionarios, racistas y misóginos que constituyen el esqueleto de la ideología capitalista? Desde luego que no.

7. Los únicos esfuerzos intelectuales burgueses en este sentido, surgen o bien de las necesidades de ascenso en el escalafón de la burocracia intelectual, para hacer méritos y cobrar más; o bien de las disputas sectarias y corporativas entre corrientes subideológicas dentro de la casta intelectual burguesa; o bien por la necesidad de actualizar tal o cual autor, o a varios de ellos, para responder a las necesidades de la lucha teórico-política entre el Capital y el Trabajo a escala mundial, o bien por una mezcla de estas razones y de otras de índole menor. Bien es cierto que, periódicamente, asistimos a los esfuerzos actualizadores de la ideología burguesa en tal o cual área, e incluso a algunos esfuerzos más globales al estilo del fracasado mito reaccionario del supuesto "fin de la historia" de ahora hace una década. Pero en ningún modo se trata de un esfuerzo sistemático y coherente ejercitado con cierto orden metodológico por los principales ideólogos de la clase burguesa internacional.

8. Puede parecer que estoy planteando una reflexión carente de importancia por su obviedad, pero frecuentemente los marxista olvidamos preguntarnos sobre por qué el Capital no se atreve a reflexionar en voz pública sobre el futuro. Desde luego que podemos recurrir, y siempre lo hacemos, a los estudios parciales e interesados del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, y de las restantes instituciones que abierta o solapadamente defienden al imperialismo. Desde luego que también estudiamos las investigaciones interdisciplinarias pero igualmente parciales y abiertamente escoradas hacia el centro-derecha, que realizan cada determinado tiempo algunas personas preocupadas por el presente y el futuro como, por ejemplo y citando sólo uno del los más recientes, el libro: "Qué nos depara el futuro. Perspectivas desde las ciencias sociales" editado por R. N. Cooper y R. Layard, Alianza Ensayo 2003. Todo esto y más es cierto, pero la cuestión es otra.

9. Se trata de comparar la irreconciliable diferencia entre, por un lado, el marxismo que necesita por su identidad sustancial la permanente actualización autocrítica de su método y de sus resultados prácticos, y, por otro, la ideología burguesa en cuanto tal, que periódicamente se expresa alrededor de determinados autores de relieve público o desconocidos para el gran público porque trabajar para las grandes corporaciones y transnacionales, y para los Estados imperialistas. En el primer caso se me ocurre, por ejemplo, la tesis contrarrevolucionaria del supuesto choque entre civilizaciones, que todos sabemos de donde viene y qué intereses defiende; y en el segundo, el de la producción ideológica "invisible", ese ejército en la sombra de analistas, profesores universitarios, periodistas, etc., que producen ideología burguesa fascista, neofascista, religiosa, machista, consumista, occidentalista, racista, etc. Sin embargo, el Capital en cuanto unidad de relaciones sociales personalizadas y expresadas en la necesidad del máximo beneficio en el menor tiempo posible, esta clase social, sin embargo, no se atreve a realizar un esfuerzo unitario de interrogación abierta sobre el siglo XXI, mientras que el marxismo sí.

10. La razón de ese miedo no es otra que la certidumbre de que cualquier estudio científico-crítico, es decir, realizado desde el método dialéctico, sacará a la luz, a la superficie incuestionable, la criminal responsabilidad histórica del capitalismo en el dramático deterioro y retroceso espeluznante de las condiciones de vida y de trabajo de la inmensa mayoría de la humanidad. Cualquier estudio serio confirmará, en primera instancia, que el presente es peor que el pasado para cada vez más millones de seres humanos, y que el futuro será peor que el presente para todavía más millones; pero, en última instancia, terminará acercándose indirectamente y siempre invertidamente por efecto de la limitación insuperable de la ideología burguesa para aprehender cognoscitivamente la realidad --una advertencia esencial de Marx que olvidamos-- al problema de la depauperación relativa y absoluta que se expande por el planeta.

11. Llegados a este nivel del problema, está claro que ninguna institución burguesa ni quiere ni puede llegar tan lejos, pues sería lo mismo que dar la razón a Marx, y antes de eso, prefiere imponer el fascismo en el siglo XXI. Siempre, desde la dialéctica materialista, se ha dicho que ningún pensamiento está libre de la determinación sociohistórica objetiva, vivida subjetivamente, existiendo una interacción permanente entre ambos componentes de la totalidad sistémica de proceso de pensamiento, mejor del proceso de praxis. Pero lo decisivo es que cuando hablamos de la intelectualidad burguesa hay que saber que el grueso, el componente central y definitorio no es su pensamiento sino su ideología, definida ésta según el criterio marxista de falsa conciencia sociohistóricamente necesaria, que invierte, falsifica y restringe cualitativamente el estudio y la transformación de la realidad.

12. Es decir, en la medida en que las contradicciones capitalistas aumentan en intensidad y en extensión, en esta medida, decrece la capacidad burguesa para contener la multiplicación exponencial de los efectos del irracionalismo burgués, teniendo que hundirse en abstrusas divagaciones ideológicas para seguir ocultando una situación insostenible. Sin mayores precisiones, esta tendencia evolutiva hacia el irracionalismo ideológico como efecto necesario del irracionalismo práctico del capitalismo, ya comenzó a mediados del siglo XVIII en algunas cuestiones, siendo notoria a mediados del XIX para dar un salto escalofriante con el nazi-fascismo de los años "30 del siglo XX. Sin mayores precisiones, la última década del siglo XX, los primeros años del XXI y todo lo que se puede esperar del futuro, se ha caracterizado y se caracterizará por el rechazo histérico del irracionalismo burgués a enfrentarse a la realidad en su sentido radical, es decir, científico-crítico y praxeológico.

13. Esta y no otra es la razón que explica que la ideología burguesa se niegue a responder qué nos espera en el siglo XXI desde una perspectiva de unidad de clase capitalista, que no desde --y sólo desde-- algunos estudios parciales y sectoriales. Sin embargo, ocurre con lo contrario desde el marxismo, corriente que, como hemos visto, insiste en debatir en público, sin secretos ni recortes, sobre lo que se avecina y cómo hacerle frente. Y aquí se reafirma otra característica esencial del marxismo, a saber, su capacidad para enfrentarse a su pasado, a sí mismo, de interrogarse sobre lo que ha hecho, sobre las causas de sus errores y sobre sus consecuencias y efectos actuales. No se puede estudiar el siglo XXI sin partir de una visión dialéctica del XX y de la mitad del XIX, como primera base.

14. En los últimos 150 ó 200 años, en concreto desde la primera revolución industrial al finales del siglo XVIII, el capitalismo ha pasado por dos grandes fases: la de ascenso juvenil y relativo progreso histórico, y luego, la de senectud y objetivo retroceso históricos. Esta segunda viene definida por la ya insuperable e irresoluble distancia creciente entre el potencial de las fuerzas productivas existentes y posibles en base al grado previsible de desarrollo tecnocientífico y social, y la esencia irracional de las fuerzas destructoras generadas por el sistema capitalista. O en otras palabras, entre el potencial de felicidad y creatividad humana y la realidad innegable de infelicidad y alineación existentes. La síntesis de todo ello se muestra en que nunca antes la humanidad ha estado como lo está ahora sobre el filo, en el borde mismo de la tragedia absoluta, de la autoextinción como especie animal.

15. El siglo XXI va a confirmar con más crudeza que los tiempos pasados aquella afirmación cierta de Marx en el Manifiesto Comunista, según la cual la burguesía se asemeja al brujo que no puede domeñar ni controlar las fuerzas destructoras que ha desencadenado con sus conjuros. Y comprender por qué y cómo se ha llegado a una situación así, sobre todo cómo superarla exige estudiar la historia de la lucha de clases entre el Capital y el Trabajo a escala mundial para entender la dialéctica entre fuerzas objetivas y subjetivas, endógenas y exógenas al desarrollo de las leyes tendenciales de evolución del capitalismo. Dentro del estudio, un capítulo muy importante es el de la propia responsabilidad de los marxistas.

16. Para el marxismo, esta especie de autoanálisis debiera ser algo corriente, y de hecho lo es en los marxista revolucionarios, dejando de serlo en los exmarxistas degenerados en reformistas y/o burócratas. Para los marxistas que luchan en la primera línea de la trinchera, como los cubanos, dicha necesidad es vital, urgente, porque su olvido o simple retraso y descuido supondrá la derrota ante el capitalismo, ante los EEUU, o lo que es lo mismo, la muerte como nación soberana absorbida por el monstruo que acecha a pocos kilómetros, cuando no invadida por los ejércitos yankis.

EUSKAL HERRIA 6/V/2004

 

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