Sobre clases sociales en Andalucía

Admitimos que los informes estadísticos de este tipo suelen servir, en función de cómo se presenten los datos, para los objetivos de la institución que lo encarga. Sin embargo no existen motivos para dudar de la veracidad de estos datos que pueden sernos útiles a la hora de derrumbar ciertos mitos post-modernos, como la exagerada importancia que se le puede estar dando a determinadas formas de trabajo, vease el trabajo autónomo o el trabajo cognitivo y de carácter técnico.
El aumento o la disminución de la importancia de la clase obrera.
El primer aspecto fundamental, en el contexto actual de desarrollo de las nuevas tecnologías y tras varias décadas de deslocalización de centros de trabajo obreros, seria la aparente perdida de importancia de la clase obrera.
En el contexto de la nueva economía post-fordista han venido a surgir corrientes de pensamientos que han predicho desde la desaparición del trabajo a la desaparición de la clase trabajadora, como consecuencia del desarrollo de las tecnologías y de los cambios en las formas de organización del trabajo. En este contexto se le ha venido a dar importancia y se han desarrollado interesantes investigaciones sobre el trabajo autónomo u otras formas de relación laboral no tradicionales.
Quizás el debate deba centrarse más en la definición de clase obrera que en la existencia o no de cambios en la organización del trabajo, cosa indiscutible. Si interpretamos clase obrera por el obrero metalurgico de la industria naval, indudablemente caminamos hacia su desaparición en el mundo occidental.
Si interpretamos la clase obrera en sí como fruto de una relación social, como el asalariado, en ese caso la tesis anterior no podría estar más equivocada. El número de asalariados a nivel global no ha hecho más que crecer con la expansión del capitalismo en las últimas décadas, y este es un hecho que difícilmente será discutido. Incluso en el caso de que consideremos como clase obrera solo a los cuellos azules, estos no habrían disminuido su presencia a nivel global, más bien se han deslocalizado y muy probablemente habrán aumentado su número.
De esta forma comprobamos que el 83.1 % de la población activa andaluza son trabajadores asalariados. Solo un 10 % son trabajadores por cuenta propia, sin empleados, y un 5.4 % son empresarios con trabajadores a su cargo. Aunque el número de autónomos es elevado comprobamos como el trabajo asalariado sigue teniendo una predominancia absoluta, superior por poco a la media española. A esto se le añade el hecho de que en la generación anterior (a la pregunta por el tipo de trabajo del padre) la proporción de trabajadores por cuenta propia era mayor, un 15.7%, y la de asalariados un 70.3 %.
Quizás el dato más impresionante sea que de el 83% de asalariados solo un 6.6% tienen un contrato fijo o es funcionario, y un 32.9% un contrato indefinido, lo que deja un 43.9 % (casi un 53% de los asalariados) de los encuestados activos con contratos eventuales o sin contrato (un 7 % de los encuestados), por lo que podemos afirmar que la mayor parte de los asalariados tienen una relación precaria con su empleo.
Transformaciones en los puestos de trabajo.
Aún cuando aceptemos que la relación asalariada es totalmente predominante en la economía actual, y no parece haber perdido un ápice de importancia, podemos argumentar el hecho de la multiplicación y el incremento general de la importancia de los trabajos asalariados de gestión, técnicos, etc. Lo que los ingleses vienen a denominar “profesionals” y algunos autores franceses “burguesía asalariada” o incluso “burguesía bohemia” cuando incluyen a los funcionarios de alto grado en este grupo.
A este hecho se le suma la realidad de los trabajadores asalariados con elevados niveles de formación que ven progresivamente precarizadas sus condiciones de trabajo, precisamente por el incremento de la oferta de mano de obra con titulaciones técnicas y diplomaturas. Un grupo del que tampoco dudamos su importancia creciente.
La realidad es que la importancia de este grupo entre los asalariados, aunque asumimos que ha aumentado, sigue siendo reducida. Un 20.2 % de los encuestados son técnicos o profesionales, independientemente de su situación asalariados o autónomos, frente a un 73% que realizan actividades de cualificación baja. De este 73% los mayores grupos son el 15% de trabajadores no cualificados, el 16.9 % trabaja en la producción de manufacturas y el 16.8% trabaja en servicios, seguridad o como vendedores, grupo donde con toda probabilidad se darán los mayores niveles de precariedad. Dentro de estos grupos es evidente que se encuentran los trabajadores de la hostelería y la construcción.
En un mayor desglose de los sectores de la producción podemos comprobar que los que absorben mayor número de trabajadores son la construcción con un 11%, la hosteleria un 8,4% y los empleados de comercios con un 16%.
El informe tiene el acierto de incluir el oficio del progenitor del encuestado, encontrando como la importancia de los empresarios se ha visto reducido de un 8.1% a un 5%, al igual que los trabajadores en la producción de manufacturas de un 22.6% a un 16.9%. Por otro lado la importancia del numero de técnicos y profesionales se habría casi duplicado de un 10.3% a un 20.2%, al igual que los trabajadores en servicios, seguridad y vendedores que pasan de un 5% a un 16.9% y los no cualificados de un 6.4% a un 15%.
Por lo tanto comprobamos como la importancia de los trabajos de elevada cualificación habría aumentado en el cambio de generación, independientemente de si estos trabajos están mejor o peor remunerados, así como los trabajos no cualificados y todos aquellos relacionados con servicios, seguridad y vendedores. El trabajo manual conserva su importancia, así como el trabajo no cualificado (independientemente de la formación real de los trabajadores que realizan estas labores).
Respecto del tamaño de las empresas y la presunta atomización de los centros de trabajo, un 23% trabajan en centros de trabajo de más de 50 empleados, un 25% en plantillas de entre 10 y 50 trabajadores y un 23.4 entre 3 y 10 trabajadores. Por lo tanto, aunque se confirma la mayoría de plantillas pequeñas, sigue teniendo una importancia notable las plantillas de gran tamaño.
La sociedad dual. Los ingresos
El tema de los ingresos es unos de los puntos clave a la hora de valorar la situación de la clase trabajadora. Dentro de las perspectivas actuales conviven diferentes visiones de hacia donde debería estar avanzando la distribución de los ingresos en la economía post-fordista. Convive la perspectiva, mas institucional quizás y potenciada por los medios, de que se avanza hacia una mayor homogeneización social. Por otro lado y desde diferentes investigaciones, militantes o no, se percibe una progresiva polarización en la nueva economía, potenciada por la precarización de las condiciones de trabajo de sectores importantes de la población.
Aquí debemos remitirnos a lo que decíamos al principio de este artículo. Es curioso como la institución encargada de realizar esta investigación utiliza los datos recogidos para afirmar en su análisis un incremento de las clases medias en Andalucía e insinuar incluso una reducción de la polarización social. De igual forma podríamos nosotros utilizar los mismos datos para afirmar lo contrario.
Para ser honestos deberíamos contar con una serie temporal para afirmar una cosa u otra. Somos más partidarios de pensar que una serie temporal reflejaría lo que otros estudios empíricos han demostrado en otras ciudades, que la nueva economía tiende a una polarización de los ingresos y a una reducción de la importancia de los estratos medios. Nos referimos a algunos estudios de M. Castells o Saskia Sassen sobre lo que denominan la ciudad dual.
Para esto son muchas mas reveladoras las periódicas encuestas de la Consejería de Trabajo que nos muestran como el empleo que se genera en Andalucía es en su mayor parte eventual y precario, lo que induce a pensar en que esta polarización se estaría dejando notar sobre todo entre los más jóvenes. Sin ningún dato empírico, ni rastro de lógica, que lo respalde el informe afirma lo contrario.
Respecto de los ingresos lo que si podemos extraer es el hecho de que los trabajadores andaluces cobran 1095 Euros de media. Podríamos situar un primer grupo de ingresos bajos, inferiores a 1200 euros, que supondría un 31 % de los trabajadores, entre 1200 y 1800 euros un 14.1% cuenta con ingresos medios o incluso medio-altos, y un 6 % cuenta con unos ingresos superiores a 1800 euros. Cerca de la mitad de los encuestados no responden a la pregunta sobre sus ingresos.
Andalucía en el Estado
Después de este paseo por las estadísticas del informe en cuestión comprobamos como algunos mitos modernos, o post-modernos, se caen y otros se confirman. Entre los primeros, la importancia de los trabajadores por cuenta propia, que se ha visto reducido en el transcurso de una generación, al contrario que los trabajadores asalariados, o la importancia de los trabajadores manuales sobre el total, así como los referentes al tamaño de las plantillas y a los grupos salariales. Entre los que se confirman esta la apabullante importancia de la eventualidad en el trabajo asalariado. A medio camino creemos que se quedan los profesionales y técnicos, que acaban teniendo importancia dentro del total de los trabajadores, aunque relativa.
Queda en el aire la especificad de Andalucía dentro del Estado Español. Sigue estando a la zaga en casi todos los indicadores de desarrollo. Algunos los hemos mencionado como la mayor eventualidad entre los asalariados o el menor número de puestos de trabajo de elevada cualificación. Otros conviene mencionarlos, como la existencia de un 12.5% de analfabetos frente a un 5.8% de la media del resto del Estado o un 12.5% han cursado estudios en instituciones privadas, frente a un 19.3 %.
Cambiando de tercio y ya concluyendo, la mayor carencia del informe que hemos comentado es la ausencia del factor tiempo, la imposibilidad de comparar datos en el tiempo nos impide apreciar la verdadera dinámica del trabajo actual y sus transformaciones. Otro dato importante que omite sería el cruce de determinadas variables como la edad con el salario o los niveles de formación con la cualificación del trabajo, datos que podrían mostrarnos las problematicas mas acuciantes y las transformaciones mas importantes del trabajo en Andalucía, nos referimos al empeoramiento de las condiciones de trabajo entre las generaciones más jóvenes y el avance de la precariedad entre los niveles medios y altos de formación.
El informe “Clase y estructura social de Andalucía” fue ejecutado por el Centro de Estudios Andaluces y publicado por la Junta de Andalucía en Julio del presente año.







