Soy raro

Supongo que soy raro.
Cuando un deportista nacido en el mismo Estado que yo pero al cual no conozco de nada y con el cual jamás he hablado gana una competición deportiva, sigo sin llegar a fin de mes. No me sirve absolutamente de nada. No sé qué hay de positivo en ello para otra persona que no sea el mismo deportista o los familiares y allegados que quizá se alegren por él.
Yo tengo que ser raro.
No me parece bien un sistema económico que se basa en que unos pocos obtengan unos beneficios a costa de la mayoría. No apoyo una democracia que se basa en que el empresario no pague a los trabajadores lo que sacará de vender el producto de su trabajo, sino mucho menos, para así enriquecerse él. No considero exitoso un sistema que provoca que tres cuartas partes de población mundial vivan en la más cruda miseria, muriendo de hambre decenas de miles de personas cada día. Es más, me da la impresión de que nuestro silencio no es sólo ignorancia, sino también complicidad, interés individual, ya que no por casualidad nuestro nivel de vida no podría ser el que es sin el saqueo diario al tercer mundo por parte de las empresas que están en connivencia con Estados como ese bajo el que vivimos.
Joder, qué raro soy.
No sé qué coño puede haber de divertido en ir a esos lugares llamados discotecas en los cuales ni siquiera se puede hablar con otros seres humanos porque la música (que además no tiene ni el más mínimo componente artístico), sin que nadie sepa por qué y sin que nadie se lo cuestione, está a un volumen tan desmedido que es capaz de volverte loco.
De verdad, es que soy tan rematadamente raro.
Me resulta imposible creer que exista un Ser superior que nos creó a todos de la nada, pero que es invisible a nuestros ojos y a nuestra ciencia, a menos que ese ser no sea sino una imaginación humana, como Goku o los gnomos. Pero aún más difícil me resulta creer que, viendo lo que sucede aquí abajo cada día y no interviniendo para nada, ese supuesto Ser sea bueno, y no un sádico.
Seré raro o algo.
Cuando quiero practicar sexo con una mujer, mi modus operandi no se basa en hacerme el gracioso, someterla, chulearle o soltar idioteces, sino en decírselo directamente y sin tapujos.
Definitivamente, soy raro.
Lo siento, por más que lo intento no consigo tragarme aquello de que un avión se estrellara contra el Pentágono el 11-S del 2001, dejando un agujero tan pequeño como el que dejaría un misil y desapareciendo por completo todo resto de las alas y del resto del aparato.
Qué quieren que les diga. No puedo evitarlo: soy raro. Y el mundo es normal.







