lahaine.org
Pensamiento :: 24/07/2006

Venezuela en el Mercosur: ¿qué rumbo?

Julio C. Gambina
Si se mira el Mercosur desde Argentina o Brasil, se puede afirmar que los grandes beneficiarios han sido las empresas monopolistas en los rubros de alimentos, materias primas y de la industria automotriz; todos esos sectores mayoritariamente en manos del capital externo

Existe un importante debate en torno a la incorporación de Venezuela al MERCOSUR, que ahora involucra a una población de 250 millones de personas y expresa un 75% del PBI de Sudamérica. El fenómeno ocurre en un momento de crisis del proceso de integración regional, que podemos sintetizar en las demandas insatisfechas de los asociados más chicos (Paraguay y Uruguay) sobre los dos grandes (Argentina y Brasil); el diferendo entre Argentina y Uruguay por la radicación de dos empresas productoras de pasta de celulosa en la costa del río que comparten; o los conflictos económicos que separan a la Argentina de Brasil en variadas producciones. Luego de 15 años de integración y con un balance crítico en materia de logros, especialmente para los pueblos, la incorporación del nuevo miembro reabre las expectativas, tanto por lo que supone el proceso transformador al interior de Venezuela, como por lo que puede significar en la definición del rumbo económico y social en la región.

El nuevo Siglo trajo algunos cambios importantes en la región latinoamericana y caribeña que motivan al debate sobre las transformaciones correspondientes en materia de política y economía. Con muy pocos días de diferencia, Roberto Lavagna y Fernando Henrique Cardoso, ambos ex ministros de Economía de Argentina y Brasil respectivamente; pretendiente a presidir el país el primero y Presidente en dos ocasiones el segundo, realizaron manifestaciones similares sobre los riesgos que supone la asociación del cono sur de América con la revolución bolivariana. Dos son los temas básicamente puestos en cuestión. Uno de ellos remite a las restricciones al proceso democrático en desarrollo en la zona, desconociendo los aportes de la constitución venezolana a formas directas y semidirectas de participación popular en la toma de decisiones, y más aún el hecho concretado de plebiscitar a mitad de mandato la continuidad presidencial en la administración gubernamental. Un hecho irrepetible en cualquiera de los regímenes políticos vigentes en el ámbito mundial [excepto Cuba]. El otro aspecto cuestionado consigna el tipo de relaciones sociales de producción que promovería Venezuela, contrarias a la "economía de mercado".

Lavagna sostuvo sobre el "Mercosur: La posibilidad de que Uruguay pase de ser miembro pleno a miembro asociado, combinada con el acceso pleno de Venezuela, le hace perder al Mercosur imagen en dos cuestiones que son claves: su contenido democrático y si va a seguir estando organizado bajo una forma de economía de mercado o no lo va a estar. No es eso lo que Venezuela incorporaría y mucho menos si eso se combina con el retiro de Uruguay." (Clarín, 6/5/06). Cardoso sostiene que "En los 90 habíamos concebido la integración económica y política de América del Sur con base en la democracia política y la economía de mercado. Los cimientos de todo este edificio podrían socavarse si regresara a la región el populismo, disfrazado de izquierdismo, trayendo consigo el juego de las rivalidades antiguas y muchas veces personales, en lugar de la cooperación institucional entre las naciones." (Clarín, 18/06/06)

¿Capitalismo o socialismo?

Ambos utilizan el eufemismo "economía de mercado" para sostener la defensa del capitalismo, contra el socialismo que pregona Chávez. Es sin duda un debate sobre el rumbo de la integración y el orden social necesario. No hay dudas que en América Latina y el Caribe se ha producido un giro a la izquierda sustentado en la dinámica movilizada de los pueblos. Los gobiernos se ven sometidos a la presión popular por revertir las políticas hegemónicas instrumentadas en los últimos tiempos, las que tuvieron efectos regresivos en materia de distribución del ingreso y la riqueza. Pero también se encuentran sometidos a la influencia de las clases dominantes para mantener y profundizar la "modernización capitalista" surgida del Consenso de Washington y el ajuste estructural favorable a la liberalización de la economía. Si se mira el MERCOSUR desde Argentina o Brasil, se puede afirmar que los grandes beneficiarios han sido las empresas monopolistas en los rubros de alimentos, materias primas y de la industria automotriz; todos esos sectores mayoritariamente en manos del capital externo. Si se mira desde Paraguay y Uruguay se confirma la estructura dependiente de la trasnacionalización derivada de la liberalización.

En el análisis de los sectores hegemónicos que expresan Lavagna y Cardoso, capitalismo y democracia son un par virtuoso que se opone al autoritarismo, según ellos innato de las propuestas izquierdistas, o "populistas" según el escrito del brasileño. Es una calificación antojadiza que no pone en discusión el crecimiento de la desigualdad generado en la región y producto de las políticas ejecutadas e inspiradas en el neoliberalismo en las últimas décadas. En rigor, es importante la deuda que dejan las "democracias realmente existentes" en nuestros países, donde la corrupción es moneda corriente. Más negativo aún resalta el carácter regresivo de la economía, donde la concentración de la riqueza convive con el aumento del desempleo, la pobreza y la desigualdad. Son variadas las críticas discursivas contra el neoliberalismo, pero en las prácticas políticas todavía no se visualizan modificaciones sustanciales, por lo menos en materia de beneficiarios y perjudicados.

Sin perjuicio de las opiniones comentadas, un interrogante remite a la voluntad política de los pueblos sobre qué integración regional puede construirse. Venezuela integra junto a Cuba y Bolivia la propuesta ALBA, Alternativa Bolivariana para las Américas que supone una articulación con beneficio mutuo entre los partícipes. Cada quien ofrece experiencia y recursos específicos, p.e. Venezuela con su riqueza petrolera, Cuba su mayor desarrollo en fuerza de trabajo calificada en salud y educación, ó Bolivia su experiencia en estudios culturales asociados a los pueblos originarios, entre otros ejemplos que debe incluir las políticas de "nacionalizaciones". ¿Aportará Caracas esa experiencia y potencialidad al MERCOSUR? ¿Aceptarán los integrantes del MERCOSUR ese aporte? ¿Puede pensarse en una asociación creciente entre el ALBA y el MERCOSUR? ¿Aún, en otro sentido, el MERCOSUR trasladará a Venezuela el espíritu de libre comercio con que fue creado en 1991, en pleno auge de las políticas liberalizadoras? ¿Qué influencia pesará más? No es ocioso responder a dichos interrogantes, pues en ellos se define el rumbo de políticas que hacen a la calidad de vida de los pueblos.

Es probable que pueda existir un dialogo de sordos, o que cada quien intente hacer negocios mas allá de la ideología o la política, pero no hay dudas que se desarrollará una tensión entre quienes fundan su accionar en la promoción del capitalismo o de un socialismo como practica popular creativa a generar en este nuevo siglo. Es que en un caso la lógica que preside el modelo es la "acumulación de ganancias", mientras que en el otro el privilegio se asienta en la "satisfacción de las necesidades sociales más amplias". Tal como planteamos al comienzo, el problema no se procesa tanto en las definiciones que asuman los gobiernos, siendo ellas importantes, sino en la capacidad de construir alternativa política para otro orden social y con base en la dinámica resistente de los pueblos. Ese es el dato a considerar y constituye la base para pensar en los rumbos de la integración y el proyecto de civilización necesario en este tiempo histórico.

Lo cierto es que el ALCA, presentado a las Cumbres de Presidentes Americanos por EEUU desde 1994, era un proyecto de las clases dominantes y que aparecía hasta hace muy poco como inexorable. La reunión de Mar del Plata en noviembre del 2005 frustró el último intento por sacarlo a flote. Mientras que el ALBA era denostado en tanto se asimilaba a una propuesta utópica. La resistencia popular y los límites y contradicciones generadas dentro del proyecto hegemónico obstaculizaron el ALCA como acuerdo general para la libre circulación de mercancías, servicios y capitales. El reverso de la imagen proviene del avance concreto para materializar la otra integración posible definida en el ALBA y con perspectivas de articular algo más que un acuerdo entre tres Estados nacionales (Venezuela, Cuba y Bolivia) y promover la integración de Estados provinciales y municipales e incluso asociar emprendimientos del movimiento popular. El debate se integra ahora al seno del MERCOSUR.

* Julio C. Gambina es Profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario y Profesor en el Postgrado sobre Economía Social y Desarrollo Local de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.

Argenpress

 

Contactar con La Haine

 

La Haine - Proyecto de desobediencia informativa, acción directa y revolución social

::  [ Acerca de La Haine ]    [ Nota legal ]    Creative Commons License ::

Principal