lahaine.org

compartir

                          

Dirección corta: https://lahaine.org/dW2o

convertir a:
Convertir a ePub  ePub        Convertir a pdf  pdf

  tamaño texto

  enviar          imprimir


traductor

02/09/2013 :: Madrid, Chile

[Acto y concierto] Repudio al 40 aniversario del golpe de Pinochet. 7 de septiembre.

x Unidad Pupular de Clase (UPK)

¡Contra el capitalismo, la construcción del poder del pueblo!

El 11 de septiembre de 1973 el terrorismo de Estado anegó en sangre la experiencia de gobierno de la Unidad Popular (UP). Este proyecto se caracterizaba por intentar alcanzar la propiedad social de la riqueza por vías exclusivamente electorales y dentro de las instituciones y la legalidad vigentes.

Cuarenta años después del trágico y brutal final de esta experiencia, la Unidad Popular de Clase, movimiento político de Madrid que, como la UP chilena, también busca que el poder y la riqueza estén en manos del pueblo, cree imprescindible realizar un análisis riguroso de lo ocurrido.

Acto y concierto en la Parroquia de S, Carlos Borromeo Peironcely,2 (Entrevías-Cercanías)
Acto público sábado 7 de septiembre a las 18.30:
Contra el capitalismo: la construcción del poder popular

Intervinientes:
Nicanor Navas, trabajador en las minas del cobre durante el gobierno de la Unidad Popular.
Manuel Revuelta, periodista
Manuel Navarrete, escritor
Video-entrevista a Marco Riquelme, Coordinador Nacional del Movimiento Patriótico Manuel Rodriguez.

Concierto:
A partir de las 22 horas: Operación Ogro, Repercusión y Tucánez.

Entrada gratuita. Comida y bebida a precios populares.

¡Toda la riqueza y el poder para el pueblo!

http://unidadpopulark.blogspot.com.es/
Contacto: unidadpopulark@gmial.com


[Declaración política]

Chile 1973, 11 de septiembre.
Contra el capitalismo, la construcción del poder popular.

El 11 de septiembre de 1973 el terrorismo de Estado anegó en sangre la experiencia de gobierno de la Unidad Popular (UP). Este proyecto se caracterizaba por intentar alcanzar la propiedad social de la riqueza por vías exclusivamente electorales y dentro de las instituciones y la legalidad vigentes.

Cuarenta años después del trágico y brutal final de esta experiencia, la Unidad Popular de Clase, movimiento político de Madrid que, como la UP chilena, también busca que el poder y la riqueza estén en manos del pueblo, cree imprescindible realizar un análisis riguroso de lo ocurrido.

La UP fue creada en 1969, formada por seis partidos, nucleados por el Partido Comunista y el Partido Socialista. Es importante señalar que el Partido Socialista no seguía la línea de la socialdemocracia occidental, sino que, con sus contradicciones, apostaba de forma genuina por cambiar la sociedad de tal manera que la riqueza producida cubriese las necesidades de la población y que el poder residiese verdaderamente en la mayoría trabajadora. Este proyecto estaba impulsado por la candidatura de Salvador Allende, que encarnaba la confianza y la esperanza de amplísimos sectores del pueblo.

Los tres años de gobierno de la UP, desde 1970 hasta 1973, en medio de un acoso criminal dirigido por el imperialismo estadounidense con la complicidad de la burguesía, están definidos por los importantísimos logros conseguidos por y para el pueblo de Chile, entre los que destacan:

La reforma agraria que acabó con el latifundio y puso la tierra en manos de quienes la trabajaban, incluidas las comunidades indígenas.

Se nacionalizó el cobre, el hierro, el carbón, salitre, el 60% de la banca, y multitud de empresas que previamente habían sido ocupadas por las y los trabajadores.

El derecho a la vivienda, educación pública, y la sanidad universal, fueron ejes centrales de sus políticas, con logros espectaculares teniendo en cuenta el poco tiempo en el que se produjeron: la mortalidad en menores de un año se redujo en un 20% y la desnutrición infantil en un 17%.

El desarrollo de la cultura ocupó un papel central, protagonizado por artistas e intelectuales, y basado en la negación del carácter de mercancía de la obra para generarla y ponerla en manos del pueblo como bien cultural. Se editaron millones de libros en rotativas de periódicos asequibles para todas las personas.

Frente a este programa político, la minoría explotadora chilena tenía unas exigencias completamente opuestas, destinadas a proteger la esencia del capitalismo:

Mantener la propiedad privada, especialmente de las fábricas que los trabajadores y trabajadoras habían ocupado debido a que sus propietarios habían intentado cerrarlas para hundir económicamente a Chile con la intención de provocar que sectores no concienciados del pueblo girasen hacia la derecha.

Impedir que se siguiesen desarrollando los proyectos de nacionalización en beneficio del pueblo, que habían minado la dinámica de la explotación capitalista.

Impedir que el pueblo concienciado se armase, dejándole indefenso.

El nexo de unión de esas tres exigencias capitalistas es, como puede verse, el problema del Estado. Un Estado que nunca puede ser neutro, dado que el poder político estatal es la garantía de la ejecución del poder de clase.

La UP confiaba en que era posible llevar a cabo un programa político verdaderamente de izquierdas utilizando como garantía únicamente la legitimidad otorgada por su mayoría en el parlamento, confundiendo tener el respaldo de las urnas con tener el poder real.

Allende y la UP creían que el Estado era neutro, y que por tanto, estaría controlado por quien quiera que estuviese en el gobierno. Se equivocaron. El ejemplo chileno es una muestra muy clara de cómo el Estado tiene un carácter de clase, y de que el poder político no reside en las urnas, sino en el poder fáctico de la minoría propietaria de la riqueza.

A medida que la presión capitalista se hacía cada vez más insistente, el gobierno de la UP se escoraba más hacia el pacifismo reformista: se negó a armar al pueblo, creyendo erróneamente poder así evitar el golpe que estaban perpetrando y olvidando que su fuerza residía en la mayoría trabajadora. Ante la campaña de desestabilización que se les venía encima, apostaron por hacer “innecesario el golpe”, produciéndose la entrega de las armas en posesión de las organizaciones populares, aceptación del allanamiento de sedes, fábricas y viviendas.

Finalmente, la ilusión de que el ejército siempre respetaría la Constitución se desbarató de un plumazo. Las fuerzas militares, encabezadas por Pinochet, no obedecieron a quien poseía la mayoría de votos, sino a la minoría que poseía el poder económico.

A pesar de que Chile era un país que poseía una tradición de 160 años de parlamentarismo ininterrumpido, la conspiración del imperialismo estadounidense, la minoría explotadora chilena, la Iglesia y el ejército desencadenaron un golpe militar de extrema brutalidad.

La represión fue feroz y despiadada: miles de personas fueron asesinadas o “desaparecidas”, alrededor de 80.000 detenidas, torturadas y encarceladas, y unas 200.000 forzadas al exilio. No es de extrañar que la mayoría de estas personas fueran de clase obrera, jóvenes combativos, intelectuales comprometidos o líderes de izquierda.

Estos hechos sucedieron en un momento de efervescencia del llamado “eurocomunismo”, defendido por las direcciones de PCE, PCI y PCF principalmente, caracterizado por postular que era posible construir el socialismo a través de la vía puramente electoral. En lugar de tomar ejemplo de la tragedia chilena, reforzaron su política de alianzas con la derecha. Consecuencia de esto son los Pactos de la Moncloa y la Transición.

La ilusión de la viabilidad del eurocomunismo derivaba de la aceptación del Estado como un ente neutral en la lucha de clases, de la confianza en el capitalismo de “rostro humano” y su “Estado del Bienestar”, cuya encarnación era la Comunidad Económica Europea. Por supuesto, olvidaban o querían olvidar, que esta política de bienestar era una simple estrategia destinada a impedir, tanto el crecimiento de las ideas socialistas en Occidente, como a bombardear ideológicamente a los pueblos de los países del Este con el “bienestar” de Occidente, que se basaba en la depreciación de recursos y la sobre-explotación de la periferia del capitalismo, el llamado “Tercer Mundo”.

El golpe contra el gobierno de la UP sirvió también como primer escenario para demostrar que el capitalismo de “rostro humano”, del “bienestar” se había acabado. El comienzo de la implementación de las políticas neoliberales se hacía a sangre y fuego. Los representantes de estas tesis neoliberales se integraban en el gobierno de Pinochet para devolver a sus amos la tierra, las empresas y los recursos naturales nacionalizados, liquidar derechos laborales, pensiones públicas, sanidad y educación, ejerciendo el terrorismo de Estado más bestial.

Era la lucha de clases extrema que después se extendería con los mismos procedimientos por todo el Cono Sur de América Latina. En Europa los métodos fueron otros: la derrota de las luchas obreras convenientemente aisladas y la integración de cúpulas sindicales y políticas de la izquierda en el sistema.

Cuando la crisis capitalista muestra su rostro más salvaje, y la lucha de la clase obrera y los pueblos se intensifica, sólo hay un camino para enfrentarse a un capitalismo que es capaz de todo:
Luchar – Crear – Poder Popular

compartir

                          

Dirección corta: https://lahaine.org/dW2o

 

Contactar con La Haine

Envíanos tus convocatorias y actividades!

 

La Haine - Proyecto de desobediencia informativa, acción directa y revolución social

::  [ Acerca de La Haine ]    [ Nota legal ]    Creative Commons License    [ Clave pública PGP ] ::

Principal