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13/03/2003 :: Andalucía

Algunas reflexiones sobre la represión a la disidencia en el Estado español.

x Rubén Ibán

Sobre la represión a los anarquistas.

Las acusaciones de terrorismo sobre los okupas Valencianos han sido retiradas, han caído por su propio peso como no podía ser de otra forma si no a riesgo de forzar excesivamente las ambiguas reglas de este circo que ellos dirigen. La independencia judicial queda, cada vez mas, en entredicho cada vez que entra un nuevo prisionero político (no puede ser calificada de otra forma la situación legal que han padecido estos chicos durante cinco meses) o se cierra un nuevo periódico. Pero el mantener la acusación de terrorismo era demasiado ridículo.
Los destrozos sobre el mobiliario urbano pueden ser delitos de terrorismo tras la reforma de la ley antiterrorista. ¿Significa esto que cada chaval o no tan chaval que rompa una vidriera, un banco o una papelera va ha ser acusado de terrorismo? Evidentemente no, solo seria así si lo hiciera por motivos políticos y en ese caso nos encontraríamos ante un preso político. Creo que el Estado español todavía no puede (no sé si en un futuro próximo) arriesgarse a hacer entrar a mansalva prisioneros políticos en sus cárceles, tampoco tiene la necesidad inmediata de hacerlo. Esto, sin embargo si viene ocurriendo de forma común en ámbitos con una conflictividad política mucho mayor, como son Heuskal Herria, Italia o Grecia, donde el encarcelamiento por motivos políticos es un hecho mucho mas cotidiano que en la mayor parte del Estado español.
Por eso creo que la acusación de terrorismo para los de Valencia, y quien sabe si para los nuevos acusados de Barcelona y Almería, era básicamente una farsa. Una farsa judicial y política, con la intención de hacer permanecer el máximo tiempo posible en la cárcel a los compañeros anarquistas, mediante la tramitación del caso a la Audiencia Nacional (única con competencias en delitos de terrorismo).
Las motivaciones que podemos entrever en esto son bastante evidentes, el movimiento anarquista-autonomo ha ganado bastante prensa en los últimos años (principalmente mala prensa) por sus acciones directas, sobre todo a través del movimiento de contra-cumbres. El hacerse visible, el que recaiga la atención sobre él, supone también un cierto riesgo. Las acciones directas, violentas y descentralizadas, a penas causan ningún impacto material o económico, pero sí moral en la sociedad. La disidencia incordia al poder, levanta la moral de los que la apoyan y obliga a la sociedad civil en general a preguntarse por las razones que impulsan al ejercicio de esta violencia. Además, aunque simbólicamente, tocan a los intocables, a las inmobiliarias, a los bancos,... Partiendo de esto es lógico aumentar la represión sobre los grupos que defienden o realizan este tipo de acciones. Calificando de terrorismo este tipo de acciones políticas sirve por un lado para criminalizarlas prensa mediante, asociándolas a la lucha armada contra la que ya se ha conseguido el repudio general de la mayoría de la opinión publica del Estado. Por otro lado sirve para justificar una represión real sobre el movimiento, con el objetivo inicial de amedrentar a los que defienden o pudieran defender este tipo de acciones. Estos cinco meses en la cárcel no solo han sido un escarmiento para los presunto autores de los ataques a las inmobiliarias, han sido un escarmiento para todos los que apoyan en mayor o menor medida este tipo de lucha. El mensaje es "mañana puedes ser tú". Una vez que eres calificado de terrorista, tus derechos saltan por los aires y esto con el apoyo de gran parte de la opinión publica.
Sin embargo seguir a delante con las acusaciones de terrorismo habrían evidenciado el carácter político de estas acciones judiciales, un riesgo que todavía no necesita correr el Estado, lo que no quiere decir que no decidan asumirlo en otras ocasiones.

Sobre las acciones de apoyo.

No quiero ni por asomo desmerecer la importancia de las movilizaciones, sin embargo dudo que haya sido lo que mas ha influido en el desmoronamiento de las acusaciones de terrorismo. Para un gobierno como este, que torea millones de manifestantes contra la guerra o contra la reforma laboral, no parece demasiada molestia las acciones y manifestaciones de apoyo a los presos valencianos que haya podido haber. Por otra parte estas acciones son totalmente necesarias, cualquier movimiento que olvide a sus presos esta abocado al desastre. Es especialmente necesario visualizar la represión política en este Estado y la hipocresía de las democracias europeas. Sin embargo no dudo de que si hubiera una voluntad fuerte por parte del Estado de minar estos brotes de disidencia mediante la imposición de fuertes penas de cárcel ( a través de la ley antiterrorista) sin duda lo harían y los compañeros de Valencia seguirían en la cárcel.

Sobre la forma en la que se han llevado a cabo las campañas (que deberán seguir ahora con los compañeros de Barcelona y Almería), creo que se ha hecho todo lo que se ha podido, y que ha tenido una relativa eficiencia especialmente en Valencia como es lógico. La forma de llevar las campañas y las acciones ha sido diferente según la ciudad, ya que han sido bastante autónomas a excepción de la llevada a cabo por la CNT. Si creo que ha sobrado un poco de victimismo en los comunicados, sobretodo cuando los propios encarcelados han seguido defendiendo en todo momento el uso de la acción directa como herramienta política. No sé si ellos rompieron las vidrieras o si solo ha sido sino un montaje policial, pero lo hayan hecho o no, el tratamiento que ha tenido esta acción por parte del poder judicial (el calificarlo de acción terrorista) es bastante demencial de por sí. Creo que se ha incidido poco en el hecho de que se trate de forma tan diferente un delito dependiendo de la afiliación política del que lo cometiese, el hecho de que existan delitos y presos políticos camuflados con la palabra comodín de "terrorismo".

Nuestra atomización y divergencia nos convierten en víctimas mas fáciles y socavan nuestra capacidad de reacción. La agresión del Estado contra los anarquistas de Valencia, Barcelona y Almería es una agresión contra todos. Ni siquiera es un asunto de anarquistas, pues la represión política en aumento va encaminada hacia toda forma de disidencia-resistencia política activa, venga esta del independentismo radical de izquierdas, del anarquismo, los autónomos o los ocupas. Ante esta agresión debemos estar unidos, pues nuestro verdugo es común y nuestra respuesta debe estar mucho mas coordinada de lo que lo ha estado hasta el momento pues esto no tiene perspectivas de acabar ni en Valencia ni en Barcelona, y ni mucho menos en Heuskal Herria.

Sobre la represión generalizada contra el movimiento anticapitalista en Europa.

Me parece evidente que la nueva oleada represiva de tolerancia cero no es algo que se limite a las fronteras del Estado español. Las detenciones masivas de activistas políticos en Italia y Grecia así lo confirman. Esta represión del movimientos anticapitalista no es lógicamente si no una reacción, reacción al resurgimiento de la resistencia frente al capitalismo en occidente a través del movimiento de contra-cumbres. A través de este movimiento se estaba ganando visibilidad tanto para la disidencia como para sus denuncias, se estaba creando opinión e incluso se había humillado a intachables organizaciones supranacionales responsables de la organización de la acumulación capitalista a nivel global (por ejemplo en Seattel o Praga).
El fortalecimiento de estos movimientos críticos en occidente se convierte en un problema, no de subsistencia para el capitalismo pero sí de legitimidad y de una futura amenaza potencial. La respuesta lógica del sistema esta siendo el intento de absorción de la parte recuperable (pacifista, critica y reformista), y la represión de la parte mas radical e incontrolable. Esto nos lleva desde la represión brutal y terrorista de las manifestaciones de Gotteborg y Genova, hasta el acoso policial de los grupos autónomos y anarquistas en los países donde el resurgimiento de la critica al sistema ha tomado una forma mas radical, el Estado español y sobre todo los estados italiano y griego.
De poco sirve lamentarse por el terrorismo de Estado y el incumplimiento de sus propias leyes, a menos que con ello se pretenda visualizar su cinismo. Conforme la disidencia crezca y la posibilidad de convertirse en una amenaza para el sistema sea mas real, la represión aumentará.

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