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Andalucía :: 05/03/2007

Astilleros, Airbus 380, Delphi, el diluvio cae sobre Puerto Real

La Haine - Sevilla
La crisis mundial del sector del automóvil toca a nuestra puerta y a uno de nuestros puertos más castigados. Puerto Real, una de las pocas zonas auténticamente industriales de un país de servicios, está sufriendo un diluvio de despidos y futuro quebrado por el giro de los tiempos.

La crisis mundial del sector del automóvil toca a nuestra puerta y a uno de nuestros puertos más castigados. Puerto Real, una de las pocas zonas auténticamente industriales de un país de servicios, está sufriendo un diluvio de despidos y futuro quebrado por el giro de los tiempos.

España, como destino de las multinacionales, parece que tuvo su época y una etapa brillante de subvenciones públicas aprovechada al máximo tal y como ahora va a ocurrir en el Este. Por eso nuestras constructoras, nuestros bancos, nuestras cajas y todo el que puede, camina hacia el Este, paraíso de las ayudas públicas que sustentarán el crecimiento.

La deslocalización es un goteo constante en España, en las zonas portuarias, en el textil, en el sector del automóvil, donde somos el sexto mayor fabricante del mundo con 2,7 millones de unidades en 2006. El 6% del PIB español se genera en este sector.

Un ámbito empresarial que cruje por los cuatro costados en Estados Unidos donde los mayores fabricantes del mundo se desangran por las pérdidas, anuncian despidos masivos y dan paso a las marcas asiáticas en los números uno del podio.

Puerto Real, 38.000 habitantes, había sido centro de anclaje de la empresa pública, especialmente del sector de Astilleros y de la aeronáutica. Hace 20 años que Delphi, la empresa norteamericana de componentes decidió instalarse allí, con cuantiosas ayudas públicas al empleo, la innovación y la instalación de la factoría.

La Junta de Andalucía ha regado las cuentas de la empresa generosamente y ahora se va, igual que hizo Gillete en Sevilla. Ha anunciado el cierre de su planta y el despido de sus 1.600 empleados. 1.600 familias de la zona que ven nublado su futuro y Joan Clos, el ministro de Industria, dice que está en contacto con la Junta para buscar soluciones. Pero, ¿dónde pueden ser recolocados? El voluntarismo político no puede ser mayor.

No hay soluciones claras a la deslocalización de la industria más que la prevención anterior que precisamente no existe puesto que el Gobierno gasta lo justo en innovación y desarrollo, en valor añadido que permita buscar alternativas a las zonas deprimidas. Funcionamos a golpe de grandes cifras macro y cuando bajamos a la realidad, ésta es terriblemente cruda.

El cierre de empresas de estas características tiene además un gran impacto en puestos de trabajo indirectos. Se habla de que puede costar otros 4.000 puestos en otra industria auxiliar, pymes y comercios.

No extraña que en los últimos años una buena parte de los trabajadores que han sido expulsados del sector industrial han recalado en el constructor y en el turístico.

De todos modos, en aquella zona de la Tacita de Plata parece estar cayendo el diluvio constante.

La crisis de los astilleros, vivida y sufrida durante años, manifestándose en el Puente de Carranza y ahora Delphi. Sin olvidarnos de otra pata no menos quejicosa. En Puerto Real se construye el estabilizador de cola del timón y la belly fairing del tristemente famoso Airbus 380. Los Gobiernos alemán y francés están estos días precisamente a la gresca porque ninguno quiere cerrar las plantas de Airbus en su país, después de los retrasos registrados en el A.380. La reestructuración está pendiente.

Si doblamos el mapa y nos vamos a Cataluña, tres cuartos de lo mismo con Seat. La compañía va a llevar a cabo 500 nuevos despidos para conseguir el break even.

A nadie puede extrañarle que Cádiz sea una de las zonas más castigadas de España por el paro y que allí aún haya legiones de jóvenes que emigran a otras provincias. Lo dicho, un diluvio de despidos parece estar cayendo y el voluntarismo político poco puede hacer. Por ahora, el boom inmobiliario y turístico de la Bahía de Cádiz absorbe una parte de estos excedentes con mucho contrato temporal y no menos precariedad pero, ¿hasta cuándo?

Jesus García

 

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