Ante la amenaza imperialista a Latinoamérica

Rogué a Dios que me iluminara y guiara… No sé cómo fue, pero la luz me llegó. Y resultaba que sólo nos cabía hacer una cosa: hacernos cargo de todos los filipinos, pues no estaban preparados para la autodeterminación, y educarlos, elevarlos, civilizarlos, cristianizarlos y, por la Gracia de Dios, hacer todo lo posible por estos nuestros semejantes, por quienes Cristo también murió. Después, me fui a dormir a la cama y dormí profundamente.
(McKinley Presidente de EE.UU e instrumento del gran capital)Hemos apaciguado y enterrado a varios millares de isleños (filipinos); hemos destruido sus campos, quemado sus aldeas y hemos dejado a sus viudas y huérfanos a la intemperie… y así, mediante estas providencias divinas - y la expresión es del Gobierno, no mía- somos una potencia mundial.
(Mark Twain comentando la invasión de Filipinas por designio divino)
EL IMPERIALISMO INTENSIFICA SU AMENAZA MILITAR A LOS PUEBLOS DE LATINOAMÉRICA
El reciente anuncio del acuerdo entre Colombia y EE.UU para que este último país utilice siete bases militares en suelo colombiano, con la coartada de combatir el terrorismo y el narcotráfico, junto con el despliegue arrogante e intimidatorio de la IV Flota y la OTAN en aguas del Caribe, el implícito apoyo a los gorilas hondureños por parte de la Secretaria de Estado Hillary Clinton, las acusaciones falaces de que las FARC financiaron la campaña de Correa en Ecuador, la acusación ridícula a Chávez de proveer armas a las FARC, configuran, entre otras acciones hostiles, una intensificación de la presión imperial sobre los gobiernos de la región y, sobre todo, una amenaza contra el despertar de los pueblos originarios y sus capas populares de la pesadilla infernal del neoliberalismo, auténtico mecanismo de expolio del capital transnacional, y que sólo produce miseria y desigualdad condenando a sus trabajadores y capas populares a la emigración, como única alternativa a una infamante miseria en medio de islotes de riqueza insultante de una minoría social, las oligarquías criollas, que asociadas y cómplices del capital internacional, parasitan el Estado y las riquezas de esos pueblos, evadiendo los frutos del saqueo unos a los mercados financieros de Nueva York y Londres principalmente, los otros a sus casas matrices, y ambos empobreciendo esa región del mundo.
Cuando la crisis económica azota también al centro del sistema, y hace visible en él las miserias y contradicciones del capitalismo: aumento de la pobreza y la desigualdad en el corazón mismo del imperio, desempleo masivo, sanidad de beneficencia, pero también disminución de la tasa de ganancia, disminución de los posibles usos rentables de los cuantiosos recursos financieros que las transnacionales acumulan, pérdida de mercados en beneficio de otras potencias, disminución del control del aprovisionamiento barato de materias primas.…., es llegado el momento de que actúe el brazo militar del capitalismo, para que la explotación y el saqueo continué por otros medios, y esto es así porque el descrédito del fraude neoliberal ha sido tal, que ya no es fácil seguir imponiendo recetas al servicio del gran capital mediante esos instrumentos de expolio que son el FMI, BM y OMC-ALCA sin recurrir a la violencia militar. Volvemos, pues, a la vieja fórmula imperial de “imponer el libre- cambio a cañonazos”.
Durante la última década Latinoamérica ha sido la región del mundo donde se ha desarrollado de manera más frontal la lucha de clases, consecuencia inevitable de las dos décadas anteriores (1980-2000) donde los pueblos de esos países sufrieron de manera brutal un saqueo de sus riquezas sin parangón en el mundo. Entonces fueron mecanismos económicos los instrumentos del saqueo: la Deuda Externa ilegítima, y el llamado Consenso de Washington.
La primera hacía imposible la inversión y el gasto social; el segundo era, por un lado, un mecanismo de privatización de los bienes públicos para ser vendidos a precios irrisorios al capital transnacional y sus socios “nacionales y, por otro, un mecanismo de “liberalización” de las economías nacionales que imponía la apertura de las fronteras comerciales a los productos subvencionados del Norte, con la consecuencia inevitable de destrucción de la base económica de esos países, empobreciéndolos Obviamente estos arteros mecanismos de expolio no hubiesen funcionado jamás en países soberanos y democráticos; fueron acordados entre corruptores (el gran capital) y corrompidos (una clase política impuesta “ad hoc” para ejecutar el expolio, y ambos amparados y apoyados por los sectores más reaccionarios nacionales, herederos del colonialismo racista, es decir, militares, jerarquía eclesial, terratenientes-exportadores, jueces, alta burocracia funcionarial, y sus medios de manipulación social.
Para darse cuenta del nivel de explotación y saqueo que sufren estos pueblos baste decir que sólo en la década 1990-2000 se transfirieron a EE.UU. desde Latinoamérica 900.000.000.000 de dólares en concepto de pagos de intereses, royalties, ganancias y transferencias ilícitas de dinero de las corruptas élites locales. La lucha de los pueblos latinoamericanos contra este expolio ha estado jalonada por momentos heroicos sofocados habitualmente con violencia y muerte, el Caracazo en 1989, la rebelión zapatista de 1994, la destitución de 5 presidentes argentinos en menos de 4 semanas en 2000, así como la huida de La Paz (a Miami por supuesto) del criminal Sánchez de Lozada, el gringo, son algunos de esos hitos históricos de esas luchas populares.
Estas luchas se han traducido en algunos de esos países en triunfos electorales que han llevado al gobierno a opciones políticas comprometidas con proyectos de profunda transformación social para poner freno a las miserias del imperialismo Ahora el imperialismo, en estrecha connivencia con sus cómplices internos, se propone poner fin a estos incipientes y tímidos nuevos proyectos de cooperación económica, de refuerzo de la cohesión e integración regional, tan necesaria para lograr la independencia del Imperio, y terminar también con los intentos de recuperar y practicar la soberanía nacional que profundicen realmente la democracia, es decir, que aborden con la intensidad que demandan 500 años de olvido y represión, sus aspectos económicos, sociales, culturales, políticos, etc, y lo hace porque estos proyectos de transformación social profunda implican, necesariamente, la soberanía y el control por las fuerzas populares -las mayorías sociales- de sus recursos naturales: petróleo, gas, agua, biodiversidad, minerales… y esto es precisamente lo que el imperialismo quiere seguir expoliándoles.
La corrupta casta gobernante de EE.UU. formada por banqueros tramposos, trileros estafadores subprime, financieros de casino, militares-mercenarios cuyas prebendas y status dependen de generar guerras continuas al servicio de industriales fabricantes de instrumentos de muerte, mafiosos de las agrobussines y de la farmacia, y todos ellos dependientes del saqueo y el expolio del trabajo y riquezas naturales ajenos, y sirviéndose de una clase política cooptada por esos poderes y puesta a su servicio, ahogados como están en una deuda financiera impagable, empantanados en Oriente Medio, en bancarrota moral y económica, son un peligro para la Humanidad.
Latinoamérica, sus pueblos y gobiernos populares, son la primera trinchera de resistencia a los planes de guerra imperial en esa zona del mundo, como lo son la resistencia iraquí, afgana y libanesa en Oriente Medio; pero junto a ellos todos los antiimperialistas del mundo, amantes de la libertad y de la justicia, tenemos que redoblar nuestro compromiso con los pueblos que luchan contra el imperialismo, sin desmayo, y conscientes de que su lucha y la nuestra contra el capitalismo brutal de nuestras clases dominantes, que asola nuestros pueblos, es la misma lucha.
CORRIENTE ROJA APOYA LA CONCENTRACIÓN CONVOCADA ANTE LA EMBAJADA DE EE.UU. EL PRÓXIMO VIERNES 11 A LAS 20 HORAS.
EN APOYO A LA SOBERANÍA Y AUTODETERMINACIÓN DE LOS PUEBLOS EN LATINOAMERICA Y ORIENTE MEDIO FRENTE A LA INJERENCIA Y LA AGRESIÓN YANQUIS







