El feminismo del anarquismo organizado

Existen distintos tipos de feminismos: las autonomistas, las institucionales, las que plantean la diferencias, la igualdad o las que priorizan el partido en el que están insertas. Pero el feminismo por el que luchan las mujeres de la anarquista Organización Socialista Libertaria (OSL), proclamada así desde hace cinco años, es el feminismo con perspectiva de clase.
"No dejamos de pensar que el patriarcado las atraviesa a todas; sin embargo en la clase baja golpea más, es mucho más difícil salir de la violencia por falta de educación y acceso al dinero", reflexionaba Verónica, de treinta y tres años, en la vieja casa del barrio de Constitución donde funciona el local de las anarquistas organizadas. Verónica es Profesora de historia pero nunca ejerció por la necesidad de una rentabilidad rápida y segura; trabaja en el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de Buenos Aires. Según ella, el feminismo es una herramienta político ideológica para terminar con el patriarcado.
"Esto es desde nuestro anarcofeminismo, porque hay tantos tipos de anarquismo como feminismos. De tu visión de la política va a depender que la estrategia para hacerlo sea una u otra. Por eso, existen las que quieren cambiarlo desde adentro, entonces se enganchan en los gobiernos como feministas institucionales. Otras creen que primero está la clase o el partido; entonces tiran las consignas de la organización en los espacios de mujeres sin re elaborarlas o pensar que sentido tienen para todas".
La conclusión de Verónica es que toda acción sirve, no hay que descartar nada, son distintos caminos a tomar. "Pero desde nuestro lugar, creemos que si las mujeres de la base no tiene conocimientos de tal o cual ley frente a una necesidad, esa medida no sirve para nada".
Para Luisa, de 35 años, bióloga, docente universitaria y becaria del CONICET, el feminismo es un movimiento que en la teoría y en la práctica pretendió generar conciencia, organización y cambio social en relación a la situación de las mujeres como sometidas dentro de un orden patriarcal; revalorizando una cantidad de saberes, experiencias, formas de depender, construir y relacionarse que eran despreciadas por ese modelo que instalaba sus modos propios de saber.
"En este sentido, en algún momento fue un movimiento con un enorme potencial, que generó cambios muy profundos, pero tuvo sus idas y vueltas, con corrientes internas que contrariaron los principios esenciales del feminismo". Luisa explicó que cuando éste se inició y empezó a cuestionar fuertemente el orden de las cosas, una de las premisas fundamentales era que "la biología no es destino" y construyó el concepto de género a partir de eso, donde lo que existe es cultural y social, y no tiene nada de natural ni de divino. Eso fue algo fundamental para el feminismo, pero aparecieron aquellas que plantearon la esencia de ser mujer y varón como dos cosas re conciliables, distintas y que tiene mucho que ver con lo que ha sido el binario de género. En cambio, existen las identidades de gay, lesbianas y transgénero.
"Otros sectores se mantuvieron dinámicos y fieles a los planteos iniciales. Son estrategias políticas distintas. Pero a mí como lesbiana me resultó contradictorio tener que chocar con esos planteos especialistas. Eso hizo que por varios años, yo como muchas otras lesbianas activistas no dijéramos públicamente que éramos feministas, en función del feminismo local que había".
La distinción conceptual se torna cada vez más específica y se confecciona a partir de la seria reflexión ideológica. Ambas anarcofeministas, que se preocupan por los artículos de género en el órgano de propaganda y difusión de OSL, denominado "En la calle", hablan de "género" y no solo de "mujeres" para no excluir a las otras identidades como ser gay, lesbianas, transgénero o travestis.
Luisa especificó que "sea un sistema de género que no represente uno jerárquico, sino donde distintas construcciones genéricas sean opciones posibles para desarrollar la personalidad individual de cada uno, sin representar situaciones verticales". Verónica agregó que "en realidad, la diferencia es que muchas hablan de género porque es una palabra mucho más digerible que 'feminismo'".
Esto tiene que ver con que no se trata solo de lograr ciertas reivindicaciones que se siguen viendo como exclusivas de las mujeres, por ejemplo las guarderías, donde a los hombres no les importan porque es un problema de ellas, sino justamente que los varones se involucren para cambiar todo eso. Desde esta perspectiva, los varones tienen que asumir tareas que no asumen por su condición de privilegio, como ser tareas domesticas.
Junto a otras mujeres, éstas anarquistas están reestructurando el trabajo interno de su organización en la perspectiva de género. La primera tarea fue instalar el tema entre sus propios compañeros. "Creo que desde el Encuentro de mujeres de Rosario (2003) hasta ésta parte hay un boom por tener conciencia y plantear políticas de género dentro de las organizaciones o movimientos. Antes, si eras feminista, estabas en un grupo de mujeres militantes o en una organización política sin plantearte hacer feminismo ahí adentro", dijo Verónica, quien se empezó a re vincular con la militancia a partir del lanzamiento zapatista, la ley revolucionaria de las mujeres y su trabajo.
En OSL comenzaron a decidir el rumbo de la política para las mujeres mientras discutían la declaración de principios, cuando un hombre preguntó por ese tema. Pero Verónica, que había sido la única mujer en varios años, le respondió que en tanto las mujeres no lo hayan pensado, ellos no iban a decirles qué estaban pensando para ellas. "Pero por lo menos lo dicen y saben que hay algo para pensar", dijo Verónica rescatando la actitud de sus compañeros y continuó: "Hay que tomarse el trabajo de machacar y machacar, particularmente yo lo hice".
En la OSL existen distintos frentes de trabajo y en cada uno, intentan mantener una transversalidad: el compañero que haga algún trabajo en cualquier frente de inserción de base lleva adelante una política de género para ese ámbito. Verónica contó su experiencia: "Yo, por ejemplo trabajo en Derechos Humanos y estamos queriendo visibilizar la violencia en la prostitución o la trata de mujeres. OSL esta inserto en Repique, que es un colectivo de acción frente a la represión, sobretodo policial".
Frente a las políticas públicas con perspectiva de género, las mujeres anarquistas también tienen una postura: "En el fondo, no hay ninguna decisión de hacer algo serio, con solo decir que la presidenta del Consejo de la Mujer es Pimpi Colombo, que vino de la mano de Gustavo Beliz, (pertenecientes al OPUS DEI) y quien dice que lo mejor que le puede pasar a una mujer pobre es esperar a su hijo en su casa con una taza de leche caliente y que le paguen un subsidio por eso", opinó Verónica, contraponiéndolas a las mujeres de los movimientos de desocupados, que se organizan y salen a hacer trabajo solidario en su barrio, por ejemplo, "para Pimpi, eso está mal", agregó.
Caracteriza las acciones como muy superficiales y contradictorias, aludiendo a cuando el Ministro de Salud, Ginés González García, empezó a hablar de aborto el entonces Canciller, Rafael Bielsa, corrió a decirle al Papa que "somos un país antiabortista". Además, existe una cuestión relacionada con el trabajo. "Ahora que parece que la reactivación económica pasa por la construcción, dicen que van a dar trabajo masivo, ¡pero para hombres!, cuando tienen perfectamente visibilizado, con los planes de jefes y jefas de hogar, que en la mayoría de los hogares han quedado mujeres al frente". La militante, reflexionó que el círculo cierra en la concepción de Colombo, "le dan trabajo a los hombres para que la mujer se quede en la casa, cumpliendo con el rol que siempre tuvo y debe tener. Esto redunda en más dependencia económica para las mujeres, porque si les dan trabajo a ellas es para coser guardapolvos..."
Para éstas mujeres anarquistas organizadas, no hay ninguna medida real para cambiar la situación de la mujer, y concluye en su pensamiento con que "no lo va a hacer el gobierno, lo tenemos que hacer nosotras". Los Encuentros Nacionales de Mujeres son uno de los caminos para instalar los temas y como un espacio de intercambio. En referencia al último encuentro, realizado en Mar del Plata, Verónica aludió a que "los encuentros no van a cambiar el mundo, son un espacio para juntarnos, crear afinidades y coordinar durante el año. Lo que pasa es que la comisión organizadora no toma la decisión política (que tiene asidero en respetar el espíritu original de las jornadas) de echar a las católicas para que podamos tener por fin, un encuentro en paz. Por que no hay forma... A mi nadie me prohíbe entrar a una iglesia, pero la realidad es que yo no voy a boicotear una misa. No sé cuanto más se va a sostener así".
Una forma de ver la vida, una forma de ver la situación de la mujer y las estrategias para cambiarla. En tiempos donde la conciencia política va para un lado, mientras la conciencia social va por otro, conocer las distintas voces y caminos que se proponen, para generar una síntesis, es una manera de entender que la cuestión de género atraviesa todos los sectores sociales y los signos políticos.
APM. pdamia(at)perio.unlp.edu.ar







