El feminismo y el poder

Pero levántate,
tú, levántate,
pero conmigo levántate
y salgamos reunidos
a luchar cuerpo a cuerpo
contra las telarañas del malvado,
contra el sistema que reparte el hambre,
contra la organización de la miseria.
(Pablo Neruda)
Marx escribió en La ideología alemana que "las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante". De esto se sugiere brillantemente que el poder material genera un poder espiritual en todo caso. Con el patriarcado (que para Engels comenzaría con el origen de la propiedad privada de la tierra y del ganado), como lógica de poder, pasaría lo mismo. Esto nos llevaría a la conclusión de que, desde la aparición de este, el poder ha sido siempre ejercido por y para los hombres y con ello se ha logrado crear una lógica androcentrista.
Este androcentrismo fue posteriormente visto por Freud, llegando a decir cosas como que la única sexualidad que existe es la masculina y que la que algunas mujeres entienden como femenina no sería nada más que una adaptación, es decir, que estaría inmersa en la primera. A este respecto, la filósofa Victoria Sendón asegura que "la dominación patriarcal siempre existirá si las mujeres pretenden ser iguales en un modelo masculino del mundo". La conclusión lógica es que o las mujeres, formando parte de ese androcentrismo, han creado sin darse cuenta una feminidad androcentrista o la masculinidad ha creado a la feminidad, conteniéndola y así sojuzgando su autonomía.
Parece más lógica la segunda opción ya que una consecuencia de la posesión del Poder es la capacidad de hacer construcciones sociales y tener capacidad de influencia en aquell@s que están sometid@s a ese poder. Todo esto a pesar de que l@s sometid@s también contribuyan, marginalmente (aunque crean que no es así), a estas construcciones. Por lo tanto los hombres serían los creadores de la feminidad y las mujeres tan sólo se creerían que ellas han sido quienes la han construido.
Para el psicólogo Robert Stoller, el inventor del término "género", la mujer es el producto cultural realizado sobre el sexo femenino, al igual que el hombre está edificado sobre el sexo masculino, aunque la diferencia radica en que mientras el hombre ha construido su identidad, la mujer no lo ha hecho. El género femenino se ha construido exclusivamente como deseo y satisfacción de los hombres. Por ello, los hombres vemos inconscientemente en el mundo un reflejo de nosotros mismos ya que ha sido creado a nuestra imagen y semejanza.
Aquí se puede añadir lo dicho por la profesora Anna María Piussi: habla de que "por muchos derechos que se empeñen en intentar conseguir las mujeres, el problema no está en conseguirlos o no, sino en que esos derechos estarán configurados por hombres". La libertad real de las mujeres es la garante de que haya una verdadera igualdad entre los sexos, si esto no es así las mujeres seguirán atadas a los hombres.
Estas construcciones sociales también sirven para decir cómo deben actuar las mujeres según interese a los hombres, es decir, al Poder. Esta forma de engaño se consigue, entre otras, haciendo pasar las construcciones sociales por ideas científicas o biológicas.
El lenguaje sexista es fundamental a la hora de hablar de construcciones sociales. Según Valentín García "el pensamiento influye en la lengua y viceversa". Dado que quién ostenta el Poder es el principal difusor de ideología, también lo es de lenguaje y por lo tanto, de pensamiento (recordemos la cita de Marx del principio). Este mismo autor habla de que muchas veces ser arquitecto parece ser más importante que ser arquitecta y por ello algunas mujeres prefieren no usar correctamente las palabras por parecer menos prestigiosas en su versión femenina.
Otra construcción social es decir que las mujeres son más débiles o que el ser mujer es una desventaja social y para ello hay que intentar adaptar a la mujer a lo masculino. Las mujeres que quieren llegar al Poder, al tener que abrirse paso en un mundo de hombres, mutan su identidad, envirilizándose. Este sería el caso por ejemplo de Margaret Thatcher, que gobernó de una forma más propia de hombres que de mujeres. En conclusión, el Poder es masculino y para entrar en él hay que transformarse.
Foucault pone el ejemplo de los centros psiquiátricos como uno de los organismos de represión y control de la sociedad actual (además de los centros educativos y las cárceles): se dotan de la capacidad de decidir quién está loc@.
Algo parecido pasaría con las mujeres: quién dice y en base a qué que son más débiles, por qué y cuáles son los deportes más populares y qué valores fomentan... Esto da una muestra clara de quienes son los que ostentan el Poder.
Un ejemplo relacionado con la relación hombres-Poder es la violencia de género. Sería una violencia amparada por el Poder y ejercida en lo privado contra miembros que no tienen ese poder. Paradójicamente, las mujeres tienen complicado el cambio debido a que para evitar esta opresión no hay que destruir al contrario, sino a su forma alienada, producto del patriarcado y su aliado inseparable en la actualidad: el sistema capitalista y su justificación teórica representada en el liberalismo (separando las esferas pública y privada por poner un ejemplo). La forma de destruirlo es transformando las relaciones e instituciones sociales existentes que forman la superestructura capitalista, es decir, al Poder.
Para el liberalismo existe la igualdad formal entre hombres y mujeres, pero se queda ahí ya que siendo en la arena pública todos y todas iguales, decían, se extenderá rápidamente a lo privado. La vieja concepción marxista del liberalismo como ideología de dominación burguesa, se ve aquí con todas las consecuencias: el diferenciar categorías sirvió para que bajo una supuesta igualdad formal en lo público, todas las demás desigualdades quedasen atenuadas o se pudiesen descalificar fácilmente bajo el argumento de que la igualdad en lo político era lo fundamental y lo demás llegaría (un ejemplo fue la concesión del voto femenino). Así se corría un tupido velo ante las desigualdades de género, entre otras, bajo una falsa apariencia de igualdad.
La conclusión es que el Poder ha pertenecido, desde el surgimiento de la propiedad privada y por lo tanto del patriarcado, a los hombres y dentro de estos, a sus clases dominantes. La clase hegemónica sería la burguesía y el género sería el masculino.
Las mujeres de la clase trabajadora necesitan extender una definición social que les identifique plenamente y en la que primen estos dos aspectos sociales en contraposición a otros, creando un feminismo revolucionario no integrado en la ideología burguesa ni en la forma patriarcal.
A todas las mujeres rebeldes y en especial a Sara
Fuente: La Haine







