Es obligatorio arrepentirse

ES OBLIGATORIO ARREPENTIRSE
En 18 años de talego, siempre he oído la misma pregunta en boca de la administración carcelaria: "¿Se arrepiente usted?" Sin arrepentimiento no hay ninguna posibilidad de libertad condicional. Ninguna esperanza de que las puertas se abran, si uno no se somete a su chantaje. Pero esta extorsión se dirige sólo a una categoría específica de presos.
Fresnes, segunda división norte, primer piso. Hace ya cinco meses que la administración me mantiene atascado en los centros de detención de preventivos de la región parisina. Sin ninguna novedad, ningún traslado a un centro para condenados en perspectiva. Por lo menos esta estancia me habrá permitido constatar una vez más como la detención de los presos y presas políticos se apoya, en la época del neo-conservadurismo triunfante, sobre dos pilares fundamentales: La seguridad militarizada y la exigencia incesante de arrepentimiento. Para la primera, tienen sus escuadrones de encapuchados y fusiles en las garitas. Para la segunda, la norma ha desarrollado sus órdenes seculares: Asistentes sociales, Jueces de Aplicación de Condenas (JAP), directores, periodistas judiciales y bienpensantes. En cuanto se cruzan conmigo la pregunta les quema los labios: "¿Se arrepiente usted?... Señor Rouillan, si expresara usted arrepentimiento, su petición de libertad condicional sería considerada de una manera totalmente distinta..." A pesar de los años, la pregunta vuelve a cada instante sobre el tapete. Su moral instaura el chantaje permanente (porque, a continuación, apuntan las posibles represalias: un próximo traslado, empeoramiento de las condiciones de detención, retraso de las de libertad), prohibiendo cuestionar la pregunta misma. Hasta ahora, yo mantenía invariablemente una posición de principio, la misma respuesta que a los jueces y a otros txakurras: "Me niego a responder a esa pregunta". Porque ¿Qué es esa noción tiránica sino una contricción judeocristiana? Claro que, desde luego, los "¿Se arrepiente usted?" no se dirigen a los autores de los actos más graves, sino más bien a aquellos que han luchado contra el sistema. ¿Os imagináis a Miterrand exigiendo arrepentimiento a los generales golpistas de Argelia antes de amnistiarlos? ¿Habéis oído hablar de algún juez o periodista que haya osado hacer esa pregunta a Papon y a Aussaresse o a los asesinos de la OAS? ¿O a los dirigentes de Luchaires y de Giat que aprovisionaron de material de guerra y de bengalas las matanzas de la guerra Irak-Irán? ¡Nunca! ¿Y a los directivos de Protec que entregaron llaves en mano una fábrica de gas químico a Sadam Husein? ¡Tampoco! No, de lo que hay que arrepentirse hoy es de haberse opuesto a todo eso, y pedir gracia por haberse rebelado contra ello. La apoteosis reaccionaria es tal que después de dos decenios de prisión -y qué prisión: Aislamiento total, restricciones de todo tipo, violencias...- desearían además una mortificación pública, verle a uno llevado con una correa, con las manos esposadas y la cabeza cubierta de cenizas. Sociata o claramente de derechas, da lo mismo, esto no es un problema de campo político. En efecto, la semana que me hicieron la pregunta por enésima vez, surgió en Madrid una polémica que se intentó tapar apenas nació. El gobierno de Zapatero invitó a los veteranos de la División Azul a desfilar el día de la fiesta nacional, que ellos consideran como el día de la "celebración de la raza" (blanca). A los más jóvenes les recordaré que se trata de voluntarios fascistas enrolados en las SS nazis para combatir en el frente ruso. Los cuales fueron responsables de matanzas, no sólo en el campo de batalla, sino también, a su vuelta a España, en los pelotones de ejecución de republicanos ¿Se les ha pedido a ellos que se arrepientan antes de afirmar que se pasaba página y que nunca habrá una desnazificación de España? (1)
Está claro que siempre se pasa página en beneficio de los mismos.
Porque, para ser reconocidos, los combatientes antifranquistas tienen que enseñar la patita. La moda del momento consiste en reabrir procesos para demostrar su inocencia (2).
¡Qué lamentable mascarada! Y hay que decir que algunos comunistas y anarquistas colaboran en esas caricaturas judiciales, dejando a los jueces, a menudo antiguos fascistas o aliados del neofranquismo, el trabajo de zanjar la cuestión. Estos camaradas traicionan el compromiso de quienes pretenden defender.
¿Quiénes son los verdaderos culpables? ¿Quienes que han combatido al fascismo a vida o muerte o aquellos que los han asesinado fríamente, los jueces militares, los policías, los verdugos, los responsables del partido único? ¿Pero puede ser que estas historias sean demasiado antiguas para los jóvenes de hoy?
No importa, porque los ejemplos no faltan. Los mismos socialistas españoles demuestran que ellos tampoco se arrepienten en absoluto de su implicación en la creación de los escuadrones de la muerte del GAL, que causaron en territorio del Estado Francés la muerte de veintitres militantes y habitantes del País Vasco. Asunto que data, justamente, de la misma época que los hechos que se nos reprocha. En el mes de Octubre último, el gobierno ha liberado al General Galindo, habiendo cumplido sólo seis de los setenta y cinco años de reclusión a que había sido condenado. ¿Pensáis que le han preguntado a este Guardia Civil si se arrepentía de haber secuestrado a dos refugiados en Bayona, de haberlos llevado a un cuartel abandonado, de haberlos torturado salvajemente durante varios días y noches, hasta la muerte, y de haberlos enterrado en cal viva a mil kilómetros de allí? Y, ya que los hechos del rapto seguido de asesinato han sucedido en Francia, y que algunos cómplices implicados en los sumarios todavía están en sus puestos de trabajo en la policía francesa ¿Para qué preguntarse si alguien le ha pedido que se arrepienta"? ¡Seguro que no! La pregunta no le vendría a la mente a un Juez o a un periodista o a cualquiera que sea honesto, buen católico y respetuoso de las leyes. Porque, como debe ser, el auge de los credos apostólicos vuelve a poner en el orden del día las peores tartuferias.
Y cada vez que los representantes del orden moral, religioso, judicial, militar y policial me exigen a mí ese arrepentimiento, comprendo que el porqué, el mismo que ha motivado mi lucha desde que combatíamos contra Franco, continúa siendo actual. Pero no creáis que no me acuerdo con dolor de nada. Después de dieciocho años de cárcel, recuerdo con dolor, por ejemplo, los perfumes de un bosque de pinos después de la lluvia de tormenta, las calles solitarias a ciertas horas de la noche profunda, las risas de los compañeros, esos que no volverán más y que no abandonan nunca nuestros recuerdos, las carreras insurgentes bajo el humo de las granadas lacrimógenas y las balas zumbando como avispas... En fin, he de deciros que me acuerdo con dolor de mil cosas.
Y decididamente, "se pueden lamentar los mejores tiempos pero no huir de los presentes". Esto no es mío, sino de Montaigne.
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Notas:
(1). Durante los veinte años en que han dirigido el Ayuntamiento de Madrid, los socialistas del PSOE no han cambiado el nombre de la calle de la División Azul ni de otras calles con apellido sacado del panteón fascista. Como dijo un ministro, si hubiera que echar fuera a todos los que han colaborado con el fascismo, no quedaría mucha gente en el país. Yo estoy de acuerdo con él en este tema. Pero pasaba lo mismo en Alemania y eso no impidió la celebración del juicio de Nuremberg.
(2). Por ejemplo, el juicio de Puig Antich, último agarrotado de la época franquista en Marzo de 1974, va a ser revisado, y también el de Delgado y Granados, militantes anarquistas asesinados diez años antes.
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