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Estado español :: 21/04/2011

Estafa a los obreros

Manuel Gómez

Con la escusa de una oferta de trabajo que promete al desempleado un
puesto fijo, se aproximan a sus víctimas las compañías estafadoras
amparadas por el sistema capitalista.

Su proceder es tan sencillo como vil y oscuro. un anuncio en cualquier
periódico o a través de internet donde se oferta un empleo fijo. El
número de teléfono del anuncio es el de un móvil, hasta ahí todo
normal, una vez llamas a ese móvil un contestador te dice que el
portal de empleo te atenderá en una nueva línea que es un 807, es
decir lo que antaño era el 906. Si como más de 4.000.000 de personas
en este mugriento país estás en paro, posiblemente al ver esta
suculenta oferta no dudarás en llamar para optar como un obrero más a
ese puesto. Una persona carente de escrúpulos, te atenderá sin
proporcionarte aunque tu preguntes ninguna información acerca de la
empresa o portal de empleo al que representa, te preguntará sin cesar
y repetidas veces para aumentar la factura de la llamada las mismas
cuestiones, datos personales, formación académica, experiencia
laboral, vamos lo que viene a ser nuestra identificación numérica y
deshumanizada creada por esta pseudodemocracia capitalista en la que
pasamos nuestros días con un estúpido ideario consumista. Lo peor de
todo esto, es que esos datos proporcionados por el aspirante caerán a
saco roto, porque la oferta de trabajo no se trata más que de una
estafa telefónica planeada por una mente retorcida y mezquina, que
utiliza los sueños de los trabajadores para hacer de ellos un negocio
sucio. El trabajador esperará como siempre la llamada del patrón o los
mal llamados RRHH, pero ya acostumbrado al desempleo no engendrará
ninguna sospecha ante la ausencia de esa llamada.

También llama mi atención en esta deleznable y vomitiva practica la
cuestión de aquello que incluía el anuncio, decía tal que así: “Se
busca personal con baja formación académica”. Es lamentable porque su
objetivo es lucrarse a costa de los más desfavorecidos en este sistema
de mercado competitivo y depredador, como si no tuviéramos bastante
con los políticos, empresarios y famosos ricachones de pacotilla que
viven de nuestro esfuerzo tanto físico como mental, de nuestro
sufrimiento, de nuestro drama familiar, de nuestros sueños y
esperanzas más elevados.

Es difícilmente creíble, pero es así, gentes pobres al servicio del
capitalismo más ruin hacen la zancadilla al propio obrero al que
deberían de representar estafándole por unos miserables euros. Pero
estos desgraciados no hacen nada distinto a lo que hacen en sus
procesos de selección la totalidad de las empresas, es decir la estafa
no es cosa de unos listos que te timan sino de un sistema que está
montado de tal forma que lo que se favorece es la conducta mezquina
premiándola, sin embargo la conducta noble y desinteresada parece ser
castigada hasta por aquellos que deberíamos de ver como compañeros y
no como enemigos.
Como si para los obreros no fuera bastante la carga que debe soportar
al encontrarse en paro, hipotecados, explotados, etc. nuevas formas
agresivas de usura se introducen en nuestras vidas. Por lo tanto, el
trabajador o desempleado es lógico que pierda su esperanza, a
sabiendas de que si por suerte deja de ser un parado, pasará a ser un
nuevo explotado al servicio de los intereses más sucios e inmorales
que jamás haya conocido la humanidad.

Por desgracia y por supuesto, que todos estos desgraciados sistemas de
operar son solo producto de la educación que recibimos, no son
causantes pero si agravantes, hemos plantado un jardín abonado con
fertilizantes y semillas transgénicas de los que desconocíamos sus
contraindicaciones, por lo tanto es lógico que las plantas que crezcan
sean nocivas para nuestra salud moral.

No puedo olvidar en este drama tan repetido, en el que unos se
aprovechan de otros desfavorecidos, el tema de la desinformación. Los
medios de comunicación ofrecen telebasura y esto provoca una sociedad
desinteresada, apática y lo que es más grave e importante para
nosotros, una sociedad desinformada. En verdad, esto sucede así porque
al poder le interesa que la sociedad no tenga una mentalidad crítica,
sino que sea inocente e ingenua creyéndose todo lo que la venden si
procede de la televisión, internet o cualquier fuente de autoridad
“económica”. Sus mecanismos de convencimiento arraigados en nosotros
por la educación que hemos recibido, se dejan notar en hechos así, si
fuéramos una sociedad inteligente e informada no permitiríamos que
unos ladrones engañaran al resto o a nosotros mismos, pero ese es el
juego que impone en estos días el nuevo orden mundial, la ignorancia
arraigada en el pobre y al servicio del capital.

Manuel Gomez

 

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