La apariencia política.

El proselitismo, el fetichismo y el dogma dominan gran parte del escenario de la disidencia política. Esta situación conduce a que, en gran medida, esa disidencia se reduzca a pura apariencia, a puro espectáculo de disidencia o rebeldía, lo cual imposibilita, en gran medida, al ámbito contaminado por estos vicios, para llevar a cabo una acción política madura y efectiva.
1. Dogma: Fundamento o puntos capitales de todo sistema, ciencia, doctrina o religión.
El aprendizaje de un dogma, la lectura y memorización de una serie de puntuales y laureados análisis, sustituyen al análisis propio sobre la realidad. La memorización de ciertas laureadas síntesis sustituye a la producción de una síntesis propia.
Esto es más preocupante en tanto que se traten de análisis y síntesis realizadas siglo y medio a tras. En este caso, esos trabajos, por buenos que sean, solo pueden ayudarnos parcialmente al análisis de nuestra realidad. El mundo ha cambiado mucho en siglo y medio, lo siento.
El dogma impide un mejor recibimiento de nuevos análisis y rechaza frontalmente cualquier hecho o interpretación que rompa sus esquemas preconcebidos. Las ideas, como el agua, se estancan y dejan de ser potables. Los textos, los manifiestos, los artículos, etc. se repiten y se parecen peligrosamente unos a otros. Los códigos del lenguaje utilizado acaban resultando ñoños o excesivamente dramáticos, provocando rechazo entre lectores ajenos a la doctrina en que se haya engendrado el texto en cuestión.
Del vicio del dogma no están libres las tendencias post-modernas. La comprensión real de los conceptos que se repiten continuamente es dudosa en muchos casos. La comprensión, el análisis y la síntesis de la realidad, se sustituye de nuevo por la repetición de palabras e ideas que se van vaciando de contenido.
2. Proselitismo: Celo de ganar adeptos para una facción, parcialidad o doctrina.
La organización se convierte en fin en sí mismo, no en medio. Cuando esto ocurre la organización deja de ser útil. El militante identifica la organización con una serie de símbolos, colores y palabras, cuyo significado, a menudo, no comprende realmente. Se identifica la militancia con la identificación en dichos símbolos. Las palabras pierden su significado conceptual y adquieren uno simbólico.
El engrandecimiento de la organización se convierte en el único fin. Se desperdician esfuerzos y recursos, lo que conduce a la frustración de los activistas. Se producen revistas para consumo interno que difícilmente interesaran a alguien a parte del incansable militante de la organización. Los actos públicos se convierten en un escaparate de banderitas de diferentes colores. Organizaciones que deberían ser proclives a colaborar en determinadas circunstancias, se enzarzan en continuos enfrentamientos contra toda lógica.
Cuando el engrandecimiento de la organización se consigue, a menudo, el proselitismo se convierte en proxenetismo y la organización pierde el norte.
3. Fetichismo: Idolatría, veneración excesiva.
La identificación con determinados símbolos y su exposición al público se convierten en pieza fundamental de la militancia. Esto puede suceder militando en una organización o rechazando toda organización.
El culto a las poses y las estéticas produce nuevos tipos de alienación y reducen el entorno social del activista, limita, por lo tanto, su ámbito de influencia al reducido grupo de individuos que comparten sus fetiches, engendrando a menudo actitudes arrogantes y machistas que imposibilitan aún más la comunicación del individuo y el grupo con el exterior.
La ostentación a través de la vestimenta, la actitud y la pose se convierte en la única actividad política, sustituyendo la autentica actividad política.
4. Apariencia política: El proselitismo y el fetichismo político, dentro o fuera de la organización, sacian las ansias de rebeldía, de lucha, sin conseguir ningún efecto útil. La política de base se convierte en apariencia, en espectáculo dirigido al entorno político y al entorno social del individuo o del grupo. Se crea la apariencia de un cierto movimiento político que puede no existir en absoluto.
La militancia individual, alejada de la organización difícilmente puede conseguir ningún resultado efectivo. El individuo aislado o el grupo de individuos desorganizado fácilmente caerán en la ostentación y la simple apariencia, sin ninguna actividad real. La organización, por su parte, no necesita de símbolos, etiquetas, ni marcas, ni certificados de pureza o denominación de origen, la organización es simplemente un grupo de personas con un objetivo común, que se apoyan unos en otros para conseguirlo.







