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Andalucía :: 26/07/2004

La represión hasta los últimos confines

La Haine - Sevilla
Debemos oponernos a la nueva norma de dominación por el sistema, a pesar de llevarnos a perder las subvenciones y pasar a la clandestinidad, anteponiendo nuestros principios y la lucha antiglobalización a cualquier sumisión y servilismo al capital.


El 11 de septiembre, si algo supuso, fue la creación del Estado-Guerra, en dos palabras, con el sistema o contra él, con lo cual cualquier movimiento social, sea cual sea su ideología y su forma de actuar, puede entrar en la lista de terrorista internacional, callejero o de andar por casa. En el estado español empiezan a llegar los aires de la represión que marca el nuevo orden del imperio para cualquier organización social. Recientemente se ha aprobado una nueva legislación que modifica la legalidad de las organizaciones sociales, lo cual supone una modificación de estatutos de las mismas en un plazo de tiempo, y que de no adatarse a esta nueva norma legal, pasa a desaparecer en los registros de la administración.
La represión por parte del estado en estos últimos años es ya conocida hacia los movimientos sociales, que hasta el momento se había centrado sobre algunos militantes por la realización de actos reivindicativos, con una persecución a éstos mediante juicios por corta de mallado cinegético y desalambrar vías pecuarias, embargo de sueldo por decisión judicial por llevar a cabo encadenamientos, años de cárcel por realizar encierros o ejercer insumisión al militarismo, así como otras formas de represión por otros actos de protesta. Represión que tan solo ha conseguido aunar filas entre los propios militantes de las diferentes organizaciones sociales y activar actos de solidaridad con las personas perseguidas por el estado. Esto puede cambiar con la introducción de nuevas normas en la legislación sobre asociacionismo, que contempla que cualquier acto reivindicativo realizado por militantes de una organización y considerado por el estado acto ilegal será responsable la propia organización en su conjunto, pasando de esta manera el Estado-Guerra a criminalizar al conjunto de la organización si ésta no se sujeta al sistema de las nuevas normas del capital. Lo que puede suponer que la propia organización sea policía de sí misma y de sus militantes. Todo ello creará una situación de temor y miedo en las conciencias de los sujetos, poniendo puertas al pensamiento, y que antes de actuar mediante acciones directas y ecotages contra el capital, el miedo a los aparatos represores del estado infundan no realizarlas y estas acciones pasen al olvido y el recuerdo.
En la actualidad la legalidad de estar inscrito en el registro de asociaciones supone: poder personarse en denuncias ante el aparato burocrático del estado; participar en órganos de representación de la administración, donde se fabrica la Paz Social ante la sociedad (Juntas rectoras, consejos asesores y técnicos entre otros); y también poder optar a las subvenciones públicas de la administración. El debate es si se debería admitir esta nueva represión por parte del estado, participar de esta sumisión y servilismo hacia el poder, y seguir siendo reconocidos como interlocutores por parte de ellos como organizaciones normalizadas ante la sociedad. O en cambio protestar contra este posfascismo, no admitir esta dominación por parte del estado hacia las organizaciones sociales con un cambio de legislación que no es nada más que un mayor control y represión hacia cualquiera que se oponga al capital y al mensaje único.
Por ello considero que hay que oponernos a esta nueva norma de dominación por el sistema, a pesar de llevarnos a perder las subvenciones y pasar a la clandestinidad, anteponiendo nuestros principios y la lucha antiglobalización a cualquier sumisión y servilismo al capital.

Sevilla, 2004
F.G.Vilches

 

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