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23/12/2020 :: Estado español, Anti Patriarcado

“Cuando sufres mil agresiones por minuto, la vida que vives ya nunca será normal” [Entrevista]

x Berta Gómez Santo Tomás
Cristina Fallarás es objeto de un acoso online y offline continuado y persistente que le ha cambiado la vida.

Cristina Fallarás es una de las figuras periodísticas más destacadas en nuestro país, ha pasado por la primera línea de diversos medios y platós de televisión, cuenta con diez libros publicados y ha recibido diversos premios por su labor periodística y feminista, el último por parte de Ministerio de Igualdad. Pero es también objeto de un acoso online y offline continuado y persistente que le ha cambiado la vida.

“La verdad es que ya no me siento nunca en una terraza, ahora lo hago porque si me pasa algo queda grabado. Esta es mi vida”. Cristina Fallarás me coge el teléfono nada más volver a su casa de un debate en televisión, pero como hay cierto alboroto prefiere bajar a un bar y arriesgarse a sentarse en una terraza para contestar mis preguntas. Digo arriesgarse porque, como ella misma cuenta, estar en medio de la calle, en un lugar público, significa también tener que estar expuesta a insultos y amenazas de toda clase. A veces, incluso, llega a sufrir formas de violencia más explícitas y directas: “¿Sabes que me pusieron una cruz en la puerta de mi casa? Desde hace años me escupen, me han empujado, me echan de bares, me hacen de todo, pero nunca habían llegado hasta mi casa. Algún tipo o tipa me seguía insultándome por la calle, lo siguiente fue una mujer que en varias ocasiones lo hizo en la puerta de mi casa, gritando también ‘viva España’; al cabo de una semana, apareció mi piso con una cruz marcada en el portal, cosa que me espantó porque muchas veces mis hijos se quedan solos y la pequeña tiene todavía 12 años”.

Cristina Fallarás es hoy una periodista consagrada, ha pasado por la primera línea de diversos medios –El Mundo, Diario 16, ADN–, cuenta con diez libros publicados y ha recibido diversos premios por su labor periodística y feminista, el último por parte de Ministerio de Igualdad. Pero ninguno de estos méritos sirve para atajar el acoso continuado que sufre dentro y fuera de las redes sociales. Más bien lo contrario: “La red lo ha cambiado todo absolutamente, la violencia se ha desatado, ha habido un cambio tan brutal que todavía no sabemos explicar. Yo lo diré siempre: lo que pasa en la red aterriza en la calle. Dejaros de idioteces. Cuando un sindicato de la policía alimentó la idea de que yo era una etarra y asesina, el acoso se multiplicó por mil por todos los medios posibles”. Ante una violencia que ha transformado su vida, quizá lo más estremecedor es comprobar que existe una impunidad absoluta para quienes agreden a una mujer feminista por el hecho de ser feminista. En 2020 y en nuestras narices.

«La red lo ha cambiado todo absolutamente, la violencia se ha desatado, ha habido un cambio tan brutal que todavía no sabemos explicar», @LaFallarasCLIC PARA TUITEAR

Contarlo en primera persona, visibilizando el relato de la violencia, es su forma de hacerle frente, y también lo que ha motivado su trabajo en los últimos años: en 2018 lanzó en Twitter el hashtag #Cuéntalo para recoger públicamente testimonios de violencia. El resultado fue abrumador. En quince días, alrededor de tres millones de mujeres habían participado, #Cuéntalo se llenó de relatos estremecedores y dejó claro que si toda esa violencia había estado silenciada era porque no había tenido un lugar donde expresarse. No es la única acción feminista de los últimos años en la que Fallarás ha jugado un papel determinante y su discurso hoy se mantiene fuerte, potente y claro; pero también admite estar cansada y, sobre todo, muy harta de las redes sociales y del trabajo en medios de comunicación: “Lo que más le gustaría es poder abandonar para siempre estos espacios”.

Hace unos días publicaste un texto en Público donde cuestionabas el uso de la palabra “autoexplotación”. Se podría pensar que actualmente tienes una posición más o menos cómoda laboralmente, ¿por qué y quién te sigue explotando en tu día a día?
La cuestión no es el espacio donde yo trabajo, sino qué me exijo diariamente y qué de aquello que no cumplo me crea culpa. A todas nos explota un sistema pensado para que respondas a un estereotipo de mujer ideal. La construcción social de un hombre trabajador consiste en levantarse, trabajar, volver a casa y cenar. Si eres una trabajadora además debes cerciorarte de que la nevera está llena, la ropa limpia y que tus hijos estén bien en todos los sentidos: todo aquello que no está monetarizado recae en los hombros de las mujeres. Si no cumples con esto, no estás cumpliendo con aquello que se espera de ti. Nadie te lo dice textualmente, pero han construido un sistema de culpabilización que nosotras hemos asumido. Ahora encima lo hemos llamado autoexplotación, lo cual redunda en la culpa: no solo te sientes culpable por no hacerlo sino que también te culpas por exigirte hacerlo. Desde un análisis feminista, me parece una construcción perversísima que asumamos que somos nosotras mismas las que nos explotamos, estamos exonerando al otro de la opresión.

¿Crees que esta palabra, autoexplotación, sería un ejemplo de esas abstracciones o teorías que crea el sistema para negar o invisibilizar las experiencias personales –como serían “violencia de género”, “transición” o “menas”– y que desarrollas en el libro Ahora contamos nosotras sobre el alcance de #Cuéntalo?
Lo que explico aquí es que la diferencia entre decir “estoy en contra de la violencia de género” o decir “hola me llamo Cristina Fallarás y me pusieron una polla en la cara a los ocho años sin pedirlo” es la diferencia entre una abstracción y un relato. Pero esto es mucho peor, es crear un relato que justifique su abstracción. Me explico, el sistema crea una abstracción que invisibiliza todo aquello que hago, toda mi participación económica en una sociedad y así consigue no remunerarla y llama a esa abstracción, por ejemplo, violencia económica. Ante eso, nosotras respondemos con la primera persona, creamos una memoria colectiva. Pero si le ponemos el auto delante asumimos la abstracción. Me recuerda a algo preocupante y similar que ha ocurrido con el término “víctima”. Hay un debate sobre su uso que puede ser enriquecedor, pero que estemos diciendo que alguien se autovictimiza para poder beneficiarse de ello es tremendo y aterrador. Si no hay víctimas, no hay un victimario. Si no hay víctimas, no hay torturador.

Volviendo a esas abstracciones que nombrabas, ¿cómo operan políticamente frente al relato?
Para mí la idea esencial es que la tradición de las mujeres, que tiene que ver con lo no remunerado económicamente, está en la narración, en el relato, en los cuentos, las historias, las fábulas, que las cuentan las madres y abuelas, también padres y abuelos, sí, pero lo macho es el uso de la abstracción como forma de control económico, y todo control económico es un control del cuerpo de la mujer. Te pongo un ejemplo que no es del activismo feminista, porque creo que ya todas conocemos el alcance que tuvo el Cuéntalo o el MeToo. Los medios de comunicación en España, todos y cada uno de ellos, han impedido la creación de una memoria colectiva sobre la dictadura, pero también sobre la transición. Recuerdo lo que me estremeció el año pasado cuando salió la vicepresidenta Carmen Calvo a decir que la transición fue un proceso pacífico. Fueron entre 600 y 1000 los asesinados, los torturados son incontables y nadie se ha preocupado por ello. Imagínate que todos aquellos que fueron torturados y torturadas en comisarías desde el 75 hasta el 90 narraran en primera persona quién y cómo lo hizo. Eso no solo sacudiría la democracia española sino el mundo entero. Lo peor es que desde la izquierda se ha asumido la abstracción como modelo de discusión, y estas abstracciones son macho.

El #Cuéntalo que iniciaste en Twitter precisamente era un mecanismo para pasar de la abstracción al relato. Su éxito se ha visto reflejado también en la última macroencuesta del Gobierno de violencia sobre la mujer: los resultados arrojan que las jóvenes son mucho más capaces de nombrar esa violencia. Sin embargo, es preocupante que a ellos no se les esté también interpelando, parece que llegaremos pronto a un punto muerto en el que ellas identifiquen toda la violencia que sufren pero ellos no dejen de agredir.
Es peor que llegar a un punto muerto. Yo soy de decir “Yes All Men” porque absolutamente todos los hombres participan en la violencia contra las mujeres de formas diversas. También creo que hay una ruptura radical en la sociedad en este momento, de repente nos estamos encontrando con un nuevo ámbito de conciencia mayoritaria entre las mujeres, la conciencia de género o feminista. La mitad de la población, aunque una parte rica y de derechas lo niegue, se ha revelado contra la otra mitad que les impone violencia o, si no, la permite y no está dispuesta a luchar contra ella. Preguntémonos por qué hay en este momento cientos y miles de movimientos feministas de mujeres montando el 8M y por qué no hay ninguno de hombres.

«La nueva masculinidad es una basura, ni nueva ni vieja ni ninguna, no hay que renovar nada», @LaFallarasCLIC PARA TUITEAR

En realidad, aunque sean minoritarios, existen, quizá el discurso más visible en este sentido actualmente sea el de las nuevas masculinidades.
La nueva masculinidad es una basura, ni nueva ni vieja ni ninguna, no hay que renovar nada, es como si dijéramos que puede existir un nuevo fascismo. Es tremendo, no dejan de situarse en el centro, es como ponerle a algo viejo que no funciona, a la fuente de todo dolor, una nueva capa para que luzca mejor. Que alguien se atreva a hablar de nuevas masculinidades me hace llorar, es comparable a decir que ya está todo perdido.

En la misma encuesta de 2019 que comentábamos se han destacado algunos avances en el diseño del cuestionario por la introducción de preguntas que, al fin, amplían la violencia de género y hablan no solo de lo que ocurre dentro de la pareja. ¿Cómo valoras en general este último estudio? ¿Dónde se debería trabajar con más urgencia?
Para mí un dato esencial y derivado de esa ampliación de lo que son las violencias sobre las mujeres es que cuando les preguntan por qué no contaron la violencia que sufrieron, la principal razón que se da, por encima del miedo o de no tener recursos, es que cuando pasó eran menores de edad. Esto señala que la violencia de género no es una construcción adulta ligada a los celos o a una agresión perpetrada por un hombre pajillero en la calle. Yo también he participado en este discurso, pero ahora creo que la descripción que hicimos del problema es fallida. Algo que me ha hecho comprender esto también es la novela que publicaré en enero, El evangelio según María Magdalena. He cogido los evangelios, que lamentablemente me los sé de memoria, los he revisado y, además de todas las construcciones patriarcales evidentes, de repente me di cuenta de la violencia que esconde la idea de la virgen: no solo no ha mantenido relaciones sexuales, sino que es virgen porque aun no tiene la regla. Creo que no nos hemos parado en este dato tan relevante.

Aunque suele minimizarse, en las redes sociales también se ejerce una violencia concreta contra las mujeres, por desgracia lo sabes muy bien. ¿Crees que esta violencia online es comparable a la que sufres de manera directa, por ejemplo, en un plató de televisión?
Sí creo que hay una diferencia sustancial en estos espacios, y que la violencia y la creación de argumentos son diferentes. La televisión es un ámbito de creación simbólica, no es lo mismo tener una canal de YouTube y decir allí las burradas que quieras a que te sienten en una mesa de Telecinco en prime time y dar tu opinión al lado de una persona considerada muy seria, como un politólogo. Puede ocurrir que un día Javier Negre diga que soy una asesina, que soy la culpable de la muerte de los ancianos y ancianas en las residencias porque según él yo organicé el 8M y al día siguiente haya gente gritándome asesina por la calle, pero hay que tener en cuenta la autoridad que te da pertenecer a un medio de comunicación de masas e incluso poder decir que te niegas a compartir mesa con tal y cual. Las redes son muchísimo más bestias, multiplican una visión.

. @LaFallaras «A mí me llamó un día un analista de redes al que ni siquiera conocía personalmente para avisarme de que había alcanzado en Twitter las mil agresiones por minuto»CLIC PARA TUITEAR

¿Qué tipo de agresiones posibilitan?
A mí me llamó un día un analista de redes al que ni siquiera conocía personalmente para avisarme de que había alcanzado en Twitter las mil agresiones por minuto. A cualquier persona que sufra mil agresiones esto le modifica su vida, si las tienes en un día, te la modifica brutalmente y si las tienes al minuto, como yo, la vida que vives ya no será nunca normal, por mucho que seas radical, por mucho que te hayas acostumbrado a que te insulten. Levantarte, comer algo, trabajar, criar hijos o no, follar o no, tener pareja o no, pagar alquiler, agua, teléfono, salir a pasear, ir una librería, todo esto se convierte en otra cosa.

¿Cómo describirías esa vida?
Soy incapaz de decirte, llevo tiempo intentándolo porque además me dedico a exigir que contemos las cosas, pero si no he encontrado cómo hacerlo es porque no ha sucedido antes. Es decir, si lo que nos pasa tiene un referente histórico, esto nos ayuda a definirnos ante esa situación: si a ti te coge la policía política, te acusa de terrorista y te torturan, sabes lo que te está pasando, sabes que ha pasado antes y cómo puedes acabar. Sin embargo, en el uso de las nuevas tecnologías y en la existencia de una vida virtual como la que estamos llevando, no hay una referencia a la que me haya podido agarrar para explicarme. Esto lo convierte en un infierno. Si tú vas por la calle y un tipo de grita “puta, te voy a matar, te voy a destrozar la vida”, todos los que hay alrededor, incluso siendo contrarios a ti, no se unen al agresor. En cambio, con el acoso en red pasa prácticamente lo contrario: crea la horda suficiente para modificarte la vida radicalmente.

Ante esta brutalidad, quizá la pregunta más obvia es por qué no cerrar la cuenta de Twitter, ¿sería una forma de ceder? ¿Si te vas tú ganan ellos?
No, en ningún caso la respuesta es que si yo me voy ellos ganan. Mira, yo publico una novela en enero, si me fuera bien me iría de Twitter, de hecho no solo de aquí, desaparecería de los medios de comunicación de este país. No me voy de Twitter sencillamente porque me da de comer. Durante años he vivido en un bosque desahuciada con mis hijos. Yo construí un relato y un personaje cuando los medios de comunicación me negaron la voz, y entendí que los medios de masas de repente tenían una alternativa: las redes sociales, donde aquellas ideas que cuestionaban el estatus tenían cabida precisamente porque eran radicales. Ahora soy una mujer sola con dos hijos que tiene un perfil muy difícil de colocar en muchos sitios. Qué más quisiera yo que irme. Lo que más me gustaría en este mundo sería que nadie más me volviera a pintar la cara para salir en ningún plató.

Parece urgente pensar soluciones, ¿crees que las redes pueden regularse con mecanismos institucionales –leyes, multas, mayor control– o a través de formas de redes de apoyo colectivo?
El problema es que esto ya está regulado y sigue ocurriendo. Yo misma he denunciado todas las amenazas de muerte que he recibido y no ha servido para nada; para mejorar esto debería exigirse una identificación en la red y no creo que sea posible imponer a una empresa privada ligada a la expresión pública, como Twitter o Facebook, que identifique a todos sus usuarios. La única solución que yo veo, y en esto soy radical, es salirnos todas. No participar, de la misma manera que hemos decidido no participar en ámbitos donde no se cuente con mujeres, podríamos hacer lo mismo con las redes. Lo que deberíamos preguntarnos entonces es qué nos ata a las redes sociales, por qué aceptamos la agresión a cambio de permanecer. Esto es una barbaridad. Yo tengo mis razones, te las acabo de exponer, pero hay una paradoja tremenda ligada a lo laboral y a lo económico, también a los ámbitos de libertad. Porque como herramienta es extraordinaria, no requiere de la inversión de capital y permite contar un relato que se nos ha prohibido desde muchos sitios, pero es un monstruo que se modifica a sí mismo. Creo que hoy ya no podría lanzar la campaña de Cuéntalo porque se llenaría de bots, de hombres inventando historias y narrándose desde un punto de vista machista, burlándose.

Fue hace solo dos años, ¿han empeorado todo tan rápido?
Empeora cada día, es como una bestia en mutación cuyo desarrollo es cada vez más violento contra las mujeres.

También es innegable que tu voz en Twitter ha sido y sigue siendo importante para el activismo feminista, ¿esta convicción ayuda en algo a enfretar la violencia?
Hay una voz ahí, por supuesto, no tengo falsa modestia y sé que hay cosas que cuando yo las dije en medios de comunicación no se habían dicho antes. Me acuerdo de un sábado por la noche en horario de máxima audiencia en televisión cuando pronuncié cosas como que el rey era un lobista o que el Partido Popular era el partido de Franco. En el intermedio me echaron del programa. Ahora parece una evidencia porque este tipo de cosas ya se dicen. El tema es que creo que actualmente mi voz puede ser necesaria en televisión, aunque no me guste y no quiera participar, pero sí modifica ciertas conciencias porque no hay voces desde la izquierda como la mía y, aunque sí las hay en el feminismo, en la televisión somos poquísimas. En Twitter tengo 150.000 seguidores, pero cada vez que hablo en el programa de Sonsoles Ónega, me ven un millón y medio de personas. Quien recibe lo que digo en un programa de tertulia política tiene un perfil básicamente femenino de entre 60 y 80 años, muchas veces educadoras de niños, abuelas que tienen a sus nietos en casa. En redes no sucede nada parecido ahora mismo, además creo que el movimiento feminista ha entrado en un loop.

«Lo que está sucediendo en este momento dentro del feminismo me horroriza hasta un punto que no puedo explicar»CLIC PARA TUITEAR

Aunque siempre ha habido tensiones dentro del propio movimiento feminista, ¿también la violencia entre las mujeres está siendo especialmente sangrante en las redes sociales?
Está siendo atroz. Lo que está sucediendo en este momento dentro del feminismo me horroriza hasta un punto que no puedo explicar. Creo que no había pasado antes, porque lo que se hace es usar no solo las redes sociales como herramienta, sino también utilizar el tipo de actuación contra la otra que se ha creado en redes. Hace nada me cayeron un montón de hostias en Twitter y fue abrumador, tuve que irme días después de leer cosas como “esta famosa que nunca se ha preocupado del feminismo ahora para ganar puntos defiende esto”. Deberíamos recordar que nuestras formas son otras.

¿Es problemático cuestionar todo el trabajo feminista de una mujer por alguna frase escrita rápido en una red social?
A mí que se cuestione mi feminismo desde el avance me parece estupendo, puedo estar más o menos de acuerdo, pero siempre aprendo. Ahora bien, no voy a entrar en debates que creo que no son nuestros. También he evitado siempre elegir entre abolicionismo y regulacionismo. Cuando parecía que se nos caía el mundo con esto me empeñé en decir en todas la entrevistas: “No respondo, yo lucharé siempre contra la violencia que sufren las mujeres hagan lo que hagan, yo estaré a su lado cuando lo necesiten”. Creo que son polarizaciones que se piensan desde fuera para fracturar el movimiento feminista y me preocupa el amparo político que se le está dando, por ejemplo desde un sector del PSOE. Igual que no me puedes decir que no es cierto que a mí me agredieron sexualmente de manera repetida desde que tenía cuatro años por tener un coño, y así fue, tampoco me puedes decir que todo cuerpo susceptible de ser agredido y oprimido no necesita el amparo del movimiento feminista. No acepto de ninguna mujer que se llame feminista me diga que Carla Antonelli no es una mujer, ni tampoco que me digan que la violencia obstétrica y sexual que yo viví no tiene que ver con mi coño y con mi útero. Sé que tengo a dos partes en contra, pero creo que este debate es una forma buscada desde fuera para retratarnos de manera grotesca.

También parece lógico que al ampliarse el movimiento feminista tal y como hemos visto en los últimos años, crezcan a la par distintas formas de ser feminista y, en general, se haga más complejo definir el movimiento.
Y eso es estupendo. Por eso hablo de la red como un instrumento contra la mujer, porque lo que hacen las redes es modificar la forma de discusión. Es decir, tú y yo hemos estado en asambleas feministas desde hace años, allí he oído argumentos de vergüenza ajena, no pasa nada, estamos peleando, pero lo importante es que hay un punto que nos une, que es la violencia contra las mujeres, el uso de la mujer como ejemplo de culpa, la necesidad de políticas sociales, educativas y sanitarias para las mujeres, la recuperación de su papel histórico y de ahí la reclamación de monetarización de los trabajos llevados a cabo por nosotras. Yo veo todo esto básico, y me sonroja que en este punto, hablando contigo, tenga que detallar eso.

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