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Madrid :: 24/11/2010

Caso Santiago Botana: inocente indultado, culpables libres

laRepúblicaCultural.es

Julio Castro – Hay múltiples motivos para sentir alegría en que Santi Botana haya sido indultado el pasado día 17 de noviembre, tal y como supimos ayer, aunque los medios de comunicación no lo reflejaran en sus informaciones. Sólo me detendré un instante en el hecho de la desinformación, para decir que salvo el Diario LaRepública.es, ningún otro medio de aquellos que acceden a las noticias de Google recogía esta información, lo cual, después de las contracampañas de estos años transcurridos, es bastante indicativo de aquello a lo que me refiero.

Y es que, aparte de la cuestión personal, que esa es de cada uno, hay otras alegrías y satisfacciones derivadas, como es la de plasmar en papel oficial y con membrete del Estado español, cómo el sistema en el que vivimos es desigual, injusto, vil y tan sólo genera diferencias a partir del capricho de los dominantes del propio Estado y, en ocasiones como esta, para servir de castigo ejemplarizante (cuestión abiertamente contraria a derecho para quienes lo ignoren) por si a alguien se le ocurre levantar su voz contra quienes controlan los hilos de esta falsa realidad que vivimos.

Es una gran satisfacción poder demostrar cómo existen diferentes cauces para atormentar individualmente a ciudadanos y ciudadanas, con una persecución que acaba en la cárcel o haciendo que la gente inocente tenga la obligación de suplicar una clemencia que a veces llega, y a veces no. En este caso habría que preguntarse: si Santi es (o era en su día) un terrorista que iba a atentar contra otras personas ¿cómo se le indulta tas quince años sin cumplir su condena? La respuesta es clara: nada de su acusación y procedimiento era creíble o limpio. Y esto nos lleva a la pregunta contraria, es decir, si era inocente ¿por qué se le indulta?

El indulto no lleva nunca implícita la inocencia de quien lo recibe, sino una conmutación de condena por delitos que se han llevado a cabo, que se han probado de forma efectiva y que han sido revisados por todos los tribunales en sus sucesivos escalafones de recursos legales. Pero he aquí que a Santiago Botana se le indulta porque no hubo delito probado.

Es un conjunto de irregularidades tan grandes que no creo que nadie sea capaz de demostrar que el curso de los hechos se han conducido de forma regular en un sistema, cuya justicia funcionase en alguno de sus niveles. Aún suponiendo que este injusto sistema aplicase sus normas poco justas, la realidad es que se han reventado todos los procedimientos que cabía esperar para poder tratar de condenar injustamente al inculpado, sirviendo así de ejemplo al resto del mundo: eso por pensar, decir, participar, movilizar… Y es que, según parece, en todo el procedimiento se fueron manejando pruebas inculpatorias que no se ajustaban a lo esperado y que, por tanto, no hubieran servido. Pero si hay condena definitiva pese a todo, y el Estado se arrepiente de lo que ha hecho ¿cómo puede dejar como culpable a quien es inocente, indultándole para que no cumpla con la injusta condena? La respuesta es sencilla: si el sistema decidiese intervenir para dar marcha atrás a todo el procedimiento, tendría que llenar las cárceles con los procesados por servir a sus propios intereses y condenarlos por el trayecto que se llevado a cabo. Es una larga línea de personas en lugares muy sensibles para el propio sistema.

La otra cuestión es que, quienes indultan no se arrepienten de nada, es más, con el mismo indulto consiguen afianzar su difamación y dejar en el aire la culpabilidad con un “algo haría” en boca de quienes son ajenos a todo… o incluso, de los cercanos ¿por qué no?

En definitiva, el sistema es cuasi perfecto. Tanto es así, que es ese mismo sistema el que impide que los condenados por el fascismo de este país durante décadas reciban una revisión de las condenas y un veredicto de inocencia: eso significaría dar vía libre a que se indemnizara a sus descendientes con aquello que los propios oligarcas se apropiaron y disfrutan hoy.

Igual en unos días indultan a Puig Antich, a Miguel Hernández o a Lluís Companys… porque, ya que no eran inocentes, algo harían.

En fin, queda, por supuesto, alegrarse por Santiago Botana. Y que cunda el ejemplo de no callar, porque siempre nos quedará el indulto, que la condena ya nos la firmaron hace años.

 

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