Aportes a la estrategia para un nuevo ciclo de construcción sindical

1 – Breve caracterización de la etapa, el periodo y la coyuntura.
- Una etapa (aún) de resistencia
Como una premisa ineludible a la hora de plantearnos la estrategia de nuestra Tendencia para los años venideros, debemos aproximarnos a una caracterización del tiempo histórico en que vivimos. Tratar de ubicar y ordenar acertadamente las coordenadas materiales y políticas en cuyo marco se desarrollará nuestro trabajo militante.
Hemos transitado estos últimos 40 años por una etapa histórica signada por el retroceso en la lucha de clases, producto de la liquidación de la etapa de ascenso que tuvo lugar en la década del 60 y principio de los 70; en A. Latina, sobre todo a partir del triunfo de la Revolución Cubana.
Esa etapa de ascenso quedó trunca a partir de la derrota de las distintas variantes emancipatorias que pretendieron terminar con la explotación y la opresión, seguida posteriormente por un colosal ajuste de cuentas contra la clase trabajadora y sus organizaciones.
Este retroceso fue mundial y se expresó en dictaduras militares a lo largo y ancho de América Latina en los ‘60 y ’70, en la reacción conservadora de la “década larga” que va de 1978 (Reagan y Thatcher) a 1992 (Aznar), que barrió a la socialdemocracia en todo el primer mundo; y finalmente el derrumbe de la mayoría de los estados burocráticos del llamado “bloque socialista” con la URSS a la cabeza a partir de1991, además de otros sucesos en Asia y Africa. En nuestro país la derrota y el ajuste de cuentas se viabilizó con el “pachecato” (1967-1971), con la dictadura civil-militar (1973-1985) y con la imposición a sangre y fuego del modelo neoliberal.
En el marco de ésta derrota se produce la liquidación definitiva del estado de bienestar (ya en crisis desde fines de los ’50) y se reformula el estado-nación en la periferia capitalista para adecuar las instituciones y las leyes al nuevo patrón de acumulación. Estos cambios en la órbita político-institucional, en tanto implicaron el abandono total o parcial de funciones tutelares que cumplía el estado en el periodo anterior (referidas a salud, vivienda, educación, seguridad social, protección laboral, negociación colectiva) contribuyó también en el deterioro de las condiciones de vida del Pueblo Trabajador.
Pero a pesar de ser ésta una etapa, signada por la derrota y el retroceso; las constantes expresiones de rebeldía y resistencia, más algunos avances o victorias parciales; han estado siempre presentes como una piedra en el zapato del sistema y como una expresión de que las clase oprimidas estaban vivas bajo la loza de la dictadura mundial del capital.
Además de hitos en el terreno internacional como la derrota yanqui en Vietnam (1975) o la revolución nicaragüense (1979) acá en el país las expresiones de resistencia fueron múltiples, desde la Huelga General del ’73 hasta el fresco y combativo Movimiento Popular del’82 - ’84, pasando por las luchas contra la impunidad, y contra las privatizaciones de los últimos 20 años.
Esta etapa de retroceso, es para nosotros sobre todo una etapa de resistencia, donde la contradicción en el seno del Pueblo Trabajador, que en el periodo de auge se da entre reforma o revolución, se expresa ahora como resignación o resistencia. Como una lucha de ideas y de organización, como lucha social y política; entre quienes plantean resignarse y adaptarse a lo posible en el marco de las condiciones que impone el sistema actual y quienes planteamos resistir las condiciones que se nos quiere imponer y organizar la lucha para abrir una salida desde el Movimiento Obrero y popular, para retomar la senda de la emancipación.
- El periodo social-liberal. La era del progresismo
En el nuevo siglo y a partir del atentado a las torres gemelas, la Dictadura militar yanqui y sus “guerras preventivas” amenazan convertir el planeta en un gran teatro bélico, y en términos más globales, el sistema capitalista agudiza una fase depredadora, parasitaria y mafiosa, ya en curso.
Teniendo ese escenario mundial como telón de fondo, en A. Latina se agota el modelo neoliberal puro y duro junto con los bipartidismos tradicionales; y tiene lugar un relevo en los elencos políticos de la administración estatal. Este recambio origina un giro “progresista” en la región con gobiernos populares, populistas, socialdemócratas y nacionalistas de izquierda.
En Uruguay la llegada al gobierno, en el 2005 del Encuentro Progresista - Frente Amplio, una fuerza política ligada históricamente al Movimiento Sindical y Popular, genera una gran expectativa y esperanza entre los trabajadores y el Pueblo oprimido. Las grandes Organizaciones de masas (PIT-CNT, FUCVAM, FEUU, ONAJPU, entre otras) se vuelven interlocutores privilegiados de la nueva administración y acentúan su incorporación plena a la institucionalidad vigente.
La enorme mayoría de las Direcciones sindicales y sociales, conciliadoras y subordinadas al EP-FA; se vuelven ahora también oficialistas.
Las corrientes mayoritarias del Mov. Sindical y Popular reciclan los planteos de conciliación de clases y teorizan en sucesivos Congresos sobre el “bloque democrático de los cambios” (PIT-CNT y aliados + gobierno progresista + burguesía nacional), que empujaría según ellos las tan ansiadas transformaciones.
Los matices en la dirigencia sindical se ubican en la caracterización del gobierno como “gobierno compañero” o “gobierno en disputa”. El sindicalismo clasista e independiente, fragmentado y sin una estrategia adecuada, no logra colocarse como alternativa a pesar de algunos avances menores y victorias parciales.
Finalmente, un nuevo ciclo de crisis económica irrumpe en escena, achicando el margen de maniobra del gobierno uruguayo y de los gobiernos populares en A. Latina, y colocando a los Movimiento populares que los apoyan, en la incómoda posición de ser los amortiguadores sociales de un nuevo ajuste contra el Pueblo Trabajador.
- Una coyuntura que es un verdadero cruce de caminos
En 2009 el Pueblo Trabajador otorga un nuevo crédito a la propuesta progresista y asume la administración Mujica como expresión de la voluntad de la base de “girar a la izquierda”.
Ya sin el argumento de la “herencia maldita” se va produciendo un sinceramiento del progresismo como una variante más de la alternancia política al timón del estado capitalista, y se plantea abiertamente un gobierno de “unidad nacional” con los demás partidos.
En medio de un crecimiento sostenido de la economía uruguaya que lleva ya varios años, el gobierno no puede ocultar que el peso de los salarios es cada vez un porcentaje menor del PBI, que hay una mayor concentración de la riqueza, una imparable extranjerización de la tierra y que luego de 7 años de administración progresista aumentó la brecha entre ricos y pobres.
Con el ensayo de la REDIU (“La torta y las migajas”), una crítica de economistas vinculados en su mayoría a la propia fuerza política de gobierno, que enciende las luces de alarma; se instala la discusión sobre la redistribución de la riqueza y sobre la inversión extranjera (minería, soja, celulosa).
Los “avances” en las condiciones de vida de los trabajadores, que la mayoría sindical promociona una y otra vez como prueba del “cambio cualitativo” que ha habido en el país, chocan contra la percepción del Pueblo Trabajador de que los empresarios son los grandes beneficiados por la política gubernamental. El PIT-CNT hace equilibrios con su doble rol de ser gobierno y oposición.
En el marco de la aceleración del Plan IIRSA, es decir, de la infraestructura para el saqueo de los recursos naturales de A. Latina; avanza la versión privatizadora del progresismo con la aprobación de la ley de Participación Público Privada que ya ha generado resistencias sindicales y sociales.
Por otro lado la persistencia de los “núcleos duros” de marginación (indigencia, pobreza, desocupación, asentamientos) agudiza el enfrentamiento entre pobres y trabajadores, justificando, con la ayuda de los medios, un endurecimiento y tecnificación de las políticas represivas.
A nivel del imaginario popular, del estado de ánimo de los trabajadores, crece el descontento, el desconcierto, la incertidumbre y la desesperanza; profundizando el individualismo. El Pueblo Trabajador uruguayo, como de costumbre, apronta el mate y balconea la situación, bombardeado por las renovadas ofertas políticas, las nuevas religiones, las gestas deportivas, la poderosa industria del entretenimiento; y estaqueado en el rol de espectador de la alienante civilización del espectáculo.
Es en éste marco histórico, en éste cruce de caminos, en éste punto de inflexión; que el sindicalismo clasista y el movimiento popular independiente, deben operar con decisión y creatividad, para ofrecer al del Pueblo Trabajador, las alternativas que permitan torcer el rumbo a favor de los de abajo. Junto a esos desafíos, debemos ir superando el sectarismo, los personalismos y otras lacras.
2 - El Movimiento sindical uruguayo. Estructura y orientación.
- La larga etapa del sindicalismo institucional
Desde el punto de vista de la relación del Mov. Sindical con el estado y la institucionalidad capitalista, podemos observar dos etapas: la que va de la conformación del Mov. Sindical hasta la crisis del ’30 y el golpe de Terra (1870 – 1930). En esos aproximadamente 60 años los Sindicatos eran resistidos y combatidos o parcialmente tolerados por el estado, mientras que las corrientes hegemónicas en el movimiento obrero eran abiertamente hostiles a “normalizar” el vínculo con el sistema. Más allá de las razones de su declive (que no analizaremos en éste material), éste sindicalismo fundacional, hegemonizado por la corriente anarco-sindicalista y otras fuerzas antisistémicas; tuvo la enorme virtud de no permitir que la institucionalidad capitalista lo cooptara y le asignara un lugar dentro del juego de las “oposiciones permitidas y toleradas”.
Entre las décadas del ’30 y el ’40, en el período de entreguerras, los cambios en la organización de la producción habilitan que el sindicalismo “por ramas” desplace al sindicalismo “de oficios”. Esto, sumado a la pérdida de influencia de las corrientes anarquistas, el crecimiento de la influencia de la corriente sindical del P. Comunista y las condiciones internacionales muy favorables a la economía uruguaya, que posibilitaban una política paternalista del estado uruguayo; conjugaron las condiciones necesarias para que el sindicalismo fuera aceptado como un actor más dentro del “libre juego democrático”, a condición claro de que se moviera dentro de un cauce “políticamente correcto”.
Para aquellas corrientes que no le asignamos al estado ningún rol positivo en la emancipación de las clases oprimidas, estos aproximadamente 80 años de sindicalismo institucional han significado estar estructuralmente ubicados en un escenario de extrema debilidad. Salir de ésta ubicación, rescatando el espíritu del primer sindicalismo, su intransigencia antisistémica; debe ser un elemento estratégico de primer órden.
- Auge y declive del sindicalismo tripartito
A partir de la ley de Consejos de Salarios del ’42, se consolida lo que llamamos el “sindicalismo tripartito”, como expresión concreta de la creciente institucionalización. El ámbito estatal-patronal-sindical es aceptado como el lugar donde ideal para regular el conflicto entre el capital y el trabajo. En éste marco regulador y con el colchón de la situación económica favorable, crece enormemente la afiliación sindical y se crean innumerables Sindicatos. De hecho la mayoría de los Sindicatos que hoy se nuclean en el PIT-CNT, son de ese periodo.
Ese periodo de auge fue decreciendo junto con la bonanza artificial del país y con la crisis que desembocó en la dictadura. La restauración posterior al ‘85, mostró un reflejo muy pálido de la fuerza relativa anterior, y en la década de los noventa, durante la profundización neoliberal que arrancó con el gobierno de Lacalle y sobre todo luego que se suspendiera la convocatoria a los Consejos de Salarios, el actual modelo sindical dejó al desnudo toda su debilidad.
En ese periodo el Mov. Sindical llegó al nivel mas bajo de afiliación desde la fundación de la CNT, y no supo, no pudo o no quiso buscar una alternativa para pelear por los salarios al margen de la suspendida negociación colectiva. Fue un periodo conde campeó la flexibilidad laboral, los despidos, cierres de unidades productivas y un descenso pronunciado del nivel de vida del Pueblo Trabajador.
Fue el periodo donde quedó mas claro que se hacia necesario generar un nuevo modelo sindical que no dependiera de que el gobierno de turno convocara a la negociación colectiva tripartita y obligatoria, para que los Sindicatos funcionaran.
LAS VISIONES CRÍTICAS EXISTIERON DESDE EL VAMOS. La discusión sobre la necesidad de un nuevo modelo sindical, no es una discusión nueva, mas allá de que ciertamente nunca fue una discusión que formara parte de las preocupaciones del trabajador común, no militante. Se podría decir que ha sido siempre una discusión que se ubicó en la esfera de los núcleos duros militantes, de los Sindicatos y Agrupaciones más politizados y vinculados indudablemente a diversas corrientes políticas e ideológicas.
Pero es una discusión que jamás salió de la agenda de las corrientes sindicales y sus antecedentes pueden rastrearse desde el momento mismo del nacimiento del “Sindicalismo Tripartito”, cuando la ley de Consejos de Salarios, una de los pilares del actual modelo sindical, fuera duramente criticada dentro del propio Movimiento Sindical por ser un intento de regimentar los Sindicatos y atar su práctica a las disposiciones de la legislación laboral y del andamiaje institucional capitalista, en el contexto histórico de la posguerra y de la guerra fría.
Con diferentes énfasis y predicamento entre las bases organizadas, una parte del sindicalismo autónomo, los llamados “gremios solidarios”, los restos de la FORU, gremios como UTAA, y otras minorías sindicales; criticarían la supeditación al estado de la mayoría sindical y en medio de las convulsionadas décadas del ’50 y ’60, junto con los intentos unitarios, buscarían proyectar (con más propósitos que éxitos) una nueva forma de hacer sindicalismo que zafara del corral de ramas del sistema capitalista.
A LA SALIDA DE LA DICTADURA. Las nuevas camadas de militantes sindicales, junto a un sector de viejos activistas que quedaron resistiendo en el país; dieron forma a un movimiento sindical fresco y combativo. En un momento de dura lucha política y social contra los militares y su retirada pactada y ordenada; una parte del sindicalismo surgido al amparo de la ley de Asociaciones Profesionales, sin negociación colectiva que lo vertebrara y metido de lleno en la lucha antidictatorial; tuvo características, en su organización, sus reivindicaciones y sus formas de lucha, que apuntaban a un accionar autónomo de el papel que el estado le tenía reservado a los Sindicatos.
Luego, la transa con los partidos para llegar a una salida institucional pactada y la vuelta del exilio de los dirigentes históricos de la CNT, abortaría todo lo nuevo que se insinuó entre 1982 y 1984; y en el periodo 1985-2000 la restauración parcial del statu-quo anterior y luego la reacción conservadora de los ’90 impidió cualquier discusión sobre los modelos de acción sindical.
EL NUEVO SIGLO Y LA CRISIS DEL 2001-2002. En los inicios del nuevo siglo, en el marco de una de las crisis económica mas graves que sufrió el país en el siglo XX, y en ancas de una coyuntura de auge del clasismo (7º Congreso del PIT-CNT); sectores de la TCC fueron mas allá del cuestionamiento a la dirección conciliadora y esbozaron borradores de un nuevo modelo sindical que a esa altura resultaba imprescindible promover.
La Agrupación “1º de Mayo” del SUATT puso a consideración de la militancia un documento titulado “Por la reconstrucción de un Sindicalismo Revolucionario” y la Agrupación “Gerardo Gatti” del SAG hizo lo propio a través de una ponencia que proponía un “Sindicalismo para la Resistencia”.
Ambos documentos eran muy precisos en la crítica a la dirección mayoritaria del PIT-CNT, pero muy embrionarios en cuanto a elaboración de las bases de un nuevo modelo sindical que pudiera competir con éxito con el actual.
Los consignamos porque son los primeros intentos que hemos registrado de ponerle “cabeza” al asunto y avanzar en el diseño de nuevas herramientas sindicales. Habría que rescatarlos y ver cuanto aportan a la discusión que tenemos planteada.
CONCLUSIÓN PRIMARIA. Todos estos elementos, anteriores y posteriores a la dictadura, indican con claridad que el actual modelo sindical nunca colmó las expectativas de toda la militancia. Que siempre tuvo críticos con diversa fuerza y distintos argumentos, mas allá que nunca se levantaran alternativas claras.
Y sobre todos quedó claro que en momentos claves de la vida del país, el Sindicalismo Tripartito demostró sus serias limitaciones. Ahora, en el nuevo periodo que arrancó en el 2005, donde el PIT-CNT es prácticamente un eslabón más del gobierno, todas las críticas cobran fuerzas y se impone una nueva vuelta de tuerca en el diseño y promoción de un nuevo sindicalismo que sirva para las tareas de emancipación de la clase trabajadora.
- Hacia un nuevo modelo de acción sindical. Las principales debilidades a cubrir
Sin duda que, en las principales carencias que muestra el actual modelo sindical, están los puntos de apoyo en los que debe apoyarse cualquier elaboración teórica y cualquier práctica alternativa. Solo dando una respuesta efectiva en aquellos aspectos en que el “sindicalismo tripartito” hace agua, un nuevo modelo sindical y una nueva dirección podrán desplazar a la actual.
Sin que esta lista sea exhaustiva, enumeraremos algunos de esos puntos flacos.
UN MOVIMIENTO PARA LOS TRABAJADORES ESTABLES. Sabemos que este es básicamente un Movimiento Sindical estructurado en torno a los grandes Sindicatos estatales y de algunos servicios, que son a su vez los que nuclean a la mayoría de la Clase Trabajadora Estable. Definimos como “trabajadores estables” a aquellos que cumplen los siguientes requisitos: estabilidad laboral (tienen su fuente de trabajo relativamente asegurada), equidad salarial (tienen salarios superiores al promedio y ganan según la categoría o escalafón de su sector de actividad), y formalidad legal (sobre ellos se aplica toda la legislación laboral).
La relación terriblemente conflictiva que han tenido los trabajadores tercerizados (públicos y privados) con el PIT-CNT y con los Sindicatos de su rama de actividad es sumamente ilustrativa de ésta situación. Claramente éste no es (más allá incluso de las orientaciones) un sindicalismo adecuado para contener y darle respuesta a las infinitas formas de precarización en las condiciones de trabajo y salarios, en que está hoy sumergida nuestra clase.
Incluso la rigidez del modelo, ha hecho que la afiliación sindical, que se triplicó en estos años del progresismo, ahora crece en cuentagotas a pesar de las insistentes y costosas campañas de afiliación que se realizan. Siendo muy generosos, podríamos estimar que el techo de crecimiento de éste Mov. Sindical es de 500.000 trabajadores, es decir, que en el mas auspicioso de los casos encuadraría apenas a un tercio de los asalariados (aprox. 1.500.000).
Las formas organizativas y los ejes de acción sindical adecuados para los precarizados, son un desafío central en la construcción de las alternativas, en tanto es hoy el sector más numeroso de la clase trabajadora (según las propias cifras oficiales). Inmediatamente después del Congreso tenemos que abrir una discusión seria y fundada, un intercambio plural y un proceso de elaboración creativo sobre éste punto
UNA ESTRUCTURA BUROCRÁTICA Y DIRIGENTISTA. Si repasáramos todas las ocasiones (posteriores a la dictadura) en que las agrupaciones clasistas han obtenido la mayoría en las direcciones de los Sindicatos; observaríamos que, sin solución de continuidad, han reproducido los mismos vicios en la conducción aún con las mejores intenciones.
Es bastante claro (porque las estructuras no son neutras) que a la orientación más clasista le va a costar desarrollar la democracia obrera en estructuras altamente verticalistas y enmarcadas en una dinámica donde unos pocos resuelven todo por si y ante si. Se impone un replanteo drástico de los ámbitos de decisión sindical.
La prioridad de las Federaciones y Confederaciones sobre los Sindicatos únicos, el fortalecimiento local (Regional o Departamental), la jerarquización de los Plenarios de Delegados como Dirección política entre Asamblea y Asamblea, la ampliación del número de responsabilidades de trabajo, la rotación y la rendición de cuentas permanente, la autonomía real de las filiales respecto a los Federaciones y de las Comisiones Internas o Comités de Base respecto a su Sindicato, etc.
También hay que someter a crítica el rol aristocrático de los dirigentes y el lamentable uso de los fueros sindicales y el dinero de los trabajadores, base material de la burocracia sindical. Denunciar su rol de administrar los reclamos, negociar a la baja y aplastar las luchas no autorizadas.
No estamos inventando mucho. En general se trata de refrescar, en las nuevas condiciones históricas, formas organizativas y de acción ya ensayadas por la clase a lo largo de su historia. UNA VOCACIÓN DE COGOBIERNO CON LOS ADMINISTRADORES DEL CAPITAL. En ésta segunda administración progresista, los ámbitos tripartitos se multiplicaron exponencialmente así como las delegaciones sindicales en los viajes oficiales, alcanzando el movimiento sindical prácticamente el status de ministerio de asuntos sindicales en el gobierno de unidad nacional (cuestión que no ha sido alterada por las críticas más duras hacia el gobierno de algunas corrientes oficialistas).
En un proceso lento pero irreversible, esta mimetización con el gobierno (que hoy puede ser hasta compartido por los trabajadores afines al progresismo)será visto por sectores cada vez más amplios de la clase como el abandono del rol elemental de un movimiento sindical.
Para nosotros es estratégico tomar distancia del cogobierno con el estado. Combatir la presencia de representantes obreros en los organismos estatales, someter a crítica todos los ámbitos tripartitos, incluyendo los Consejos de Salarios, aún cuando para éstos últimos se requiera una táctica más gradualista. Recuperar en definitiva, el papel antagónico que le corresponde a las Organizaciones de Lucha de la única clase que puede enterrar el régimen del capital.
LA AUSENCIA (OBVIA) DE UN PROYECTO ALTERNATIVO. Si en la década del ’60 se podía acusar a la CNT de ser tributaria de proyectos de país o de sociedad, elaborados en ámbitos político-partidarios que no eran los organismos genuinos de la clase; al menos se trataba de planteos de superación del capital, que con orientaciones o vías que luego se revelarían como erradas, buscaban erradicar la explotación de los trabajadores y el conjunto de los oprimidos.
Hoy es patético ver como las orientaciones “más a la izquierda” dentro del PIT-CNT, no trascienden un tímido desarrollismo, incluso con planteos extemporáneos que se corresponden con otro tiempo histórico y otra etapa del capitalismo.
El movimiento sindical sigue siendo tributario de planteos externos, pero ya no de intentar superar el capitalismo sino de apoyar la versión más edulcorada e indolora posible de adaptación al sistema capitalista.
Debemos levantar un nuevo proyecto societal, propio del Pueblo Trabajador. Elaborado, discutido, modificado y consensuado en los organismos de base de las organizaciones propias de la clase trabajadora y en el marco del más amplio pluralismo y de más extendida democracia obrera.
- La unidad que se alcanzó a partir de 1964 (CNT, PIT, PIT-CNT). Un ciclo históricamente agotado
En el 1º Congreso de la TCC, a fines del 2006, nuestra Lista expresaba en un documento para la discusión, un diagnóstico del cual transcribimos lo siguiente:
“Nos parece que en el actual escenario en el que gobierna la fuerza política visualizada por la enorme mayoría de la clase como “la izquierda”, el PIT-CNT, mas allá de matices y de enfrentamientos puntuales con el gobierno; a definido que hay un escenario en el país cualitativamente superior, tal cual surge del Documento Central que presidirá las discusiones del 9º Congreso. Esta definición nos confirma que tenemos un Movimiento Sindical absolutamente cooptado por el sistema y que a diferencia de años anteriores, sigue estando hegemonizado por una mayoría de corrientes que se ubican en la colaboración de clases, pero que además ahora son velada o abiertamente oficialistas.
Definir cual es el alcance y las posibilidades de la unidad sindical hoy, está directamente vinculada a lo anterior. Nosotros partimos de la base que en la década del ’60 la unidad en la CNT fue posible por un acuerdo de Sindicatos y de Corrientes que con diferentes métodos y estrategias, apuntaban, al menos en la teoría, a una sociedad sin explotación como objetivo político supremo de la clase trabajadora. Es claro que ese acuerdo fue el que soldó la unidad de la CNT y permitió que el variado sindicalismo clasista de la época, acordara un centro único de acción sindical con las corrientes que respondían a los partidos tradicionalmente obreros (PC, PS).
Es ese nudo que ató la unidad en los ’60 lo que está cuestionado. Parece claro a ésta altura que las corrientes mayoritarias hoy, han renunciado en la práctica a los objetivos fundacionales y se han resignado a lo posible dentro del marco del sistema actual. Esta caracterización pone objetivamente en cuestión la unidad y nos hace vislumbrar que el ciclo que se abrió en 1964 se está comenzando a cerrar o ya se cerró definitivamente. Otra cuestión bien diferente es definir cuando y como se materializará la ruptura. Es para nosotros bastante claro que estos análisis están todavía encerrados en el pequeño círculo de los militantes, que al grueso de los trabajadores organizados ni se les pasa por la cabeza otra Central o Convención más allá que los conforme o no la actuación del PIT-CNT. Esta percepción de lo que piensan los trabajadores organizados nos obliga a plantearnos un período en el que deberemos seguir militando en las actuales estructuras, profundizando la intervención en la lucha de clases desde nuestros postulados, y acompañando el proceso de toma de conciencia que hagan los trabajadores. Estamos convencidos que mas acá o mas allá, la ficción que implica la actual “unidad” se hará evidente, pero no lo podemos decidir burocráticamente desde una posición de militantes iluminados.”
Desde entonces, ese cambio cualitativo en el proceso de cooptación de la dirigencia sindical por parte del sistema, que se operó desde la asunción de FA al gobierno; se ha profundizado con hitos vergonzosos como la campaña electoral del PIT-CNT a favor del FA en el 2009, la incorporación masiva a partir del 2010 de dirigentes sindicales en cargos de gobierno; y la alineación con el gobierno de Montevideo cuando éste decretara Servicios Esenciales en la recolección de basura, para quebrar la lucha de ADEOM.
La absoluta divergencia de objetivos políticos que tenemos con las corrientes hegemónicas en el PIT-CNT, han superado largamente el punto de no retorno, y la alineación inocultable que tienen con la variante capitalista que encarna el progresismo, es absolutamente incompatible con la más elemental concepción de independencia de clase, que es el núcleo de nuestra identidad.
El avance cualitativo que significó lograr la Convención nacional de Trabajadores, como producto colectivo del nivel de conciencia política alcanzada por la clase trabajadora uruguaya en esa particular coyuntura, cumplió un ciclo histórico de herramienta real para la emancipación de la clase, más allá de la retranca de sus direcciones conciliadoras y burocráticas.
En sus casi 50 años de existencia atravesó la etapa, el periodo y la coyuntura que esbozábamos al principio, y en ese periplo, desplegó todas sus posibilidades, aplastó a su interna todo componente antisístemico y mostró sus limitaciones insalvables.
Objetivamente, es hoy un obstáculo para la emancipación del Pueblo Trabajador, aunque es importante precisar, que no está agotado políticamente por cierto, en tanto buena parte de los trabajadores aún le otorga crédito. Esa vigencia en el imaginario social (aún cuando ya no existan las condiciones materiales que la sustentaban) impide cualquier pronóstico serio, cualquier previsión no mecanicista, sobre el futuro inmediato.
En nuestra opinión se ha abierto un tiempo fundacional, un nuevo ciclo en la búsqueda de la Unidad para luchar contra el régimen de explotación y opresión. Un tiempo de duración incierta y contornos difíciles de precisar. Un periodo de transición que pondrá a prueba la justeza de nuestra visión en la arena de la lucha de clases real.
Será un tiempo de clarificación política de cara a la clase, de coherencia intransigente con los principios y mucha flexibilidad en la táctica. Un tiempo donde el peligro o la tentación de volver a los caminos ya trillados, nos mostrará hasta donde tenemos internalizado el concepto de autonomía.
Un tiempo donde la lucha de ideas, e incluso la disputa por las Direcciones, deberá estar centrada fundamentalmente en el terreno de las Organizaciones sindicales de base, y donde la lucha en las estructuras del sindicalismo oficialista tendrá un carácter totalmente secundario.
De todos modos, dada la heterogeneidad de los Sindicatos, desde el punto de vista de sus orientaciones, sus ejes de acción, sus estructuras y sus componentes sociales; se nos hace imposible definir una táctica de intervención que sirva para todos los casos.
Si coincidiéramos en el diagnóstico, podemos sí acordar algunos lineamientos estratégicos que enmarquen nuestro accionar y nos sirvan para trabajar en los años venideros.
3 - El rol de la TCC en la construcción de las alternativas.
- Sobre el carácter y el perfil de nuestra corriente
-La TCC es hoy, más por obra de la realidad que de nuestras intenciones, una coordinación de militantes sindicales. Aún en aquellos Sindicatos donde hay Agrupaciones o Núcleos de Tendencia, quienes participan de la vida cotidiana de la TCC son unos pocos militantes, casi que se diría que actúan como “delegados” de esos colectivos. Nos parece que por un tiempo largo ésta será la tónica.
No creemos que haya que renunciar a la concepción de Coordinación de Agrupaciones o Núcleos por lo tanto debemos asumir que en tanto coordinemos solo militantes, las posiciones de la TCC deben buscar legitimarse en marcos más amplios, que no dejen dudas de su apuesta a los colectivos, y que no terminen siendo iniciativas puramente individuales.
-Ante la reiteración del planteo de algunos compañeros de que la TCC no debe ser exclusivamente sindical vamos a precisar nuevamente el carácter que en nuestra opinión debe tener una Corriente Sindical. Si por corriente sindical se entiende como una coordinación de núcleos o militantes que actúan solamente en los Sindicatos existentes, no compartimos esa visión. Para nosotros Militancia Sindical es toda aquella acción de trabajadores organizados peleando por sus derechos como trabajadores, dentro o fuera de las organizaciones existentes y aún sin una organización ya delineada. De tal manera esta definición, es infinitamente más amplia que la definición al uso en las estructuras sindicales oficiales.
Lo que si no creemos que sea posible impulsar una práctica específicamente sindical en un colectivo común con militantes sociales de otros ámbitos (estudiantes, jubilados, vecinos, etc.) Con éstos militantes debemos promover ámbitos intersociales superiores para temas más generales.
-Debemos profundizar la lucha de ideas y la delimitación política con los compañeros que priorizan el formato de Frente Sindical subordinado o vinculado a alguna Org. Partidaria. Para nosotros esas no son instancias sindicales sino partidarias. No cuestionamos su existencia, solo indicamos lo negativo de ponerlas en el mismo nivel de las Corrientes Sindicales.
Siempre hemos combatido la concepción que hace de la Agrupación sindical una sucursal partidaria y lo mismo vale para las corrientes.
Debemos defender nuestra concepción de Corriente específicamente Sindical, como espacio social-político organizado, completamente autónomo de cualquier Org. Partidaria, incluyendo sobre todo a aquellas a las que eventualmente pertenezcan los militantes de la TCC.
-La relación de la TCC con las Organizaciones Político-Partidarias se mantendrá por un tiempo prolongado en el nivel en el que se encuentra hoy. Es decir unidad de acción únicamente puntual y sobre temas muy generales (DD.HH, solidaridad internacionalista, etc.) no específicos de la clase trabajadora.
No ha habido en los últimos años elementos de peso que habiliten a plantearse otro vínculo, más bien se observa una mayor tendencia al intento de subordinar lo social a lo político-partidario.
- La organización de todos los sectores de la clase trabajadora
Nos parece que la TCC debe tener como uno de sus objetivos político-organizativos más generales, ayudar a la organización de sectores no asalariados de la clase trabajadora.
Los desocupados y sub-ocupados, si bien han hecho intentos de organizarse (UTD y otros) hoy están absolutamente dispersos y carentes de referencias sociales organizadas. Si bien son potenciales asalariados, su condición estructural no habilita para esos casos una organización del tipo sindical. Habría que vincularse más orgánicamente con ellos para intercambiar ideas y propuestas.
Los trabajadores cooperativistas, tienen vínculos con ONGs como la Federación de Cooperativas de Producción y una relación medio lejana con el PIT-CNT. A diferencia de Brasil o Argentina no han logrado levantar Organizaciones propias de Unidades Autogestionadas e incluso tienen pocos vínculos entre ellas.
Nos debemos una discusión sobre el concepto de Autogestión Obrera de la producción, y junto con ello la promoción de un vínculo más permanente con las experiencias que existen.
Los trabajadores independientes, uno de los sectores más numerosos de la clase trabajadora y también el más heterogéneo e individualista, no ha conocido casi experiencias de organización (el Movimiento de Periferiantes, fue una experiencia aislada, allá por el 2002). Naturalmente que dentro de éste vasto sector social hay componentes (minoritarios, en nuestra opinión) que tienden a ser pequeños empresarios, incluso con empleados a cargo.
Hay sin embargo una amplia gama de changadores, mil-oficios, vendedores callejeros, técnicos por cuenta propia, y otras variantes, que son parte de la clase y que es nuestro deber ayudar a su organización. Será una locura, recrear en pleno siglo XXI, los Sindicatos de Oficios Varios?
- La articulación de los diversos componentes del clasismo
La reciente experiencia de Coordinación (la CTEC) se ha ido desflecando luego del 1º de mayo y hay un intento de revitalizarla en una futura Conferencia Sindical con características aún no definidas. Más allá de la suerte que corra la CTEC, sigue siendo un objetivo político de la TCC un ámbito de coordinación permanente de todas las corrientes clasistas. Una suerte de Mesa de Enlace que permita al variado sindicalismo alternativo hacer una puesta en común y articular los diferentes perfiles de organización y métodos de lucha.
Esta coordinación, para guardar relación con nuestras definiciones, debe ser entre Corrientes específicamente Sindicales (no con Frentes Sindicales) Agrupaciones o Núcleos Sindicales de existencia real y militantes sindicales individuales que estén trabajando para organizar un colectivo en lugar de trabajo o rama de actividad.
Debe establecer Planes de Trabajo concretos, que, sin descartar los Actos, Mesas Redondas o Marchas; apunten más a la militancia permanente y sistemática en la base, ayudando a la organización y a la formación, sobre todo de las nuevas generaciones de trabajadores.
- Las coordinaciones de Sindicatos
Una práctica muy poco frecuentada pero que puede abrir un amplio campo de prácticas alternativas; es la Coordinación directa entre Sindicatos sobre temas de interés común.
Más allá del terreno ya trillado como han sido las Coordinaciones de Sindicatos para hacer un bloque en la Mesa del PIT-CNT o para llevar posiciones o pelear cargos de dirección en los congresos, o las cuestiones puntuales como la convocatoria al Acto Clasista del 1º de Mayo; se pueden explorar acuerdos bilaterales así sea desde Sindicatos de base donde tengamos incidencia.
Sin la necesidad de ceñirse a la agenda marcada por los organismos del PIT-CNT, puede abrirse desde allí un espacio autónomo donde la militancia de base tenga más libertad de expresión y acción.
- Las alianzas a nivel del Movimiento Popular
Finalmente, tenemos todos la necesidad de explorar que posibilidades de avance real existen hoy, en la construcción de esa herramienta estratégica que hemos denominado provisoriamente Frente de Resistencia y Lucha Popular, que nos permitiría nuclear todo lo clasista e independiente del Movimiento Obrero y Popular, como indica el lema que preside éste 3º Congreso.
No ensayaremos propuestas en éste punto porque la importancia que le damos a éste tema es inversamente proporcional a las posibilidades que le vemos hoy. Nos quedaríamos conformes si pudiéramos avanzar aunque fuese en el terreno de la descripción de sus componentes sociales y en la visualización del espacio social-popular específico de su accionar.
NOTA FINAL. No se nos escapa que la Estrategia incluye otros elementos que aquí no han sido desarrollados, como el Programa del Movimiento Obrero y los Métodos de Lucha para alumbrar una sociedad sin explotación ni opresión.
Sabemos que otros compañeros y compañeras aportarán en ese sentido.
* Militante de la Lista 3 del SINDICATO DE ARTES GRÁFICAS de Uruguay y de la TCC.-
La Haine







