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13/05/2020 :: Europa, Europa

Aumenta la violencia policial en los barrios populares franceses durante el confinamiento

x Gwenaëlle Lenoir
Una auténtica impunidad

La epidemia de COVID-19 ha acentuado las desigualdades y discriminaciones en Francia: el confinamiento, que es más difícil de respetar en los barrios populares (1), ha dado lugar a más controles, más violencia policial y una estigmatización cada vez mayor.

El vídeo, que está grabado de noche, es de mala calidad. En él se ve a un grupo de hombres uniformados que rodea muy de cerca a una persona [que había saltado al río para huir de ellos y al que han sacado del agua los policías]. El diálogo es sobrecogedor: “Un moro así no sabe nadar. ¡Ah, se hunde, deberías haberle atado una bola al pie!”. A continuación se adivina un coche de policía, se oyen gritos y risas. El vídeo se grabó la noche del 25 al 26 de abril en L’Île-Saint-Denis, comuna de Seine-Saint-Denis, en la región parisina, y unos periodistas lo difundieron rápidamente por las redes sociales y después se hizo viral.

Aquella noche del 25 de abril los agentes de la comisaría intervienen por una sospecha de robo, persiguen a un joven que se arroja al Sena para huir de ellos. Es a él a quien insultan utilizando el término “bicot” [“moro”], un término peyorativo y racista que se relaciona con la guerra de Argelia y, sobre todo, con la agresión racista del 17 de octubre de 1961 (2) en la que la policía francese pegó violentamente a manifestantes argelinos y los arrojó al Sena.

El vídeo suscita una enorme indignación y las reacciones son inmediatas. El Ministerio del Interior acude a la IGPN (la “policía de la policía”), pide la suspensión de ambos policías y el ministro asegura que “no hay cabida para el racismo en la policía republicana”.

Policías armados desplegados en Villeneuve-la-Garenne, en el banlieue al norte de París, donde el 20 de abril un accidente provocado por un coche de policía camuflado provocó tensiones el 20 de abril.

El objetivo de las autoridades no es solo reafirmar los “valores de la República”, sino también evitar nuevas tensiones en los banlieues.

Hay que evitar más conflictos puesto que solo una semana antes el accidente grave de un joven motorista provocado por un coche de policía camuflado en Villeneuve-la-Garenne, departamento de Hauts-de-Seine, limítrofe de París, provocó varias noches de revueltas en los barrios populares de toda Francia.

“Uno se lo piensa dos veces antes de salir de casa”

Estos dos acontecimientos se producen en un contexto particular, el del confinamiento debido al coronavirus en Francia.

“El estado de urgencia sanitaria instaurado el 23 de marzo ha creado una nueva infracción, la de ‘no respetar el confinamiento’, que supone una sanción y una multa de 135 euros si no se respetan las consignas”, recuerda el abogado Nabil Boudi, firmante de un comunicado contra los controles abusivos.

Sobre todo, se debe cumplimentar una declaración en la que se enumeran las razones autorizadas para cada salida.

“Para algunos policías es un pretexto para intensificar la represión de las personas más frágiles, las más pobres, aquellas que se califican de minorías”, afirma Almamy Kanouté, exeducador especializado y hoy asesor de cohesión social y actor de cine. Este residente en Fresnes, un barrio popular de Val-de-Marne, en la región parisina, solo sale de casa para ir “a la tienda de la esquina a hacer la compra”. “Incluso aquellas personas que cumplimentan correctamente su declaración se lo piensan dos veces antes de salir a hacer la compra, tomar el aire o ir a ver a alguien que necesite ayuda”, declara a Middle East Eye.
Antes no estábamos tranquilos, pero ahora es peor”.

Desde que empezó el confinamiento abundan en toda Francia los testimonios de multas absurdas o abusivas, pero en los barrios populares van acompañadas de violencia policial, en algunos casos filmada por los habitantes de estos barrios y difundidas en las redes sociales. En uno de estos vídeos se ve a una chica, a la que se reconoce por el velo que lleva de llamativo color naranja, en medio de seis agentes de uniforme. Un grito, ella retrocede, cae al suelo y la esposan. La chica, Ramatoulaye, contará después que se encontró con un control cuando volvía de hacer la compra con su bebé y presentó una declaración de salida que era totalmente válida, pero fue rechazada por los policías que le pusieron una multa. La chica protestó y unos de los agentes replicó disparándola con su pistola eléctrica.
Un médico le dio después cuatro días de baja laboral.

Ramatoulaye puso una denuncia y la defiende Nabil Boudi. “Esta infracción otorga a los policías un poder de control mucho mayor que el que había fuera del estado de urgencia sanitaria”, explica el abogado a Middle East Eye. En la medida en que la violencia policial nace de los controles, cuantos más controles haya, más violencia”

“Una violencia política”

Por el momento no hay cifras, únicamente una aplicación gratuita que transmite automáticamente las imágenes filmadas por un teléfono móvil a los servidores de la asociación Urgence-notre-police-assassine, que ha creado esta aplicación. “Aunque un agente de policía borre el vídeo, sigue existiendo. Y lo puede borrar la persona que lo ha filmado. Si después es controlada, mejor. Es una aplicación útil, ofrece un control ciudadano sobre las fuerzas de policía”, señala Jean-François Mignard, extrabajador social, miembro de la Liga de Defensa de los Derechos Humanos y del Observatoire des pratiques policières [Observatorio de Prácticas Policiales].

Las tensiones entre las fuerzas del orden y los habitantes de los barrios populares no son nuevas en Francia. “Hay una tradición de violencia policial en los barrios populares”, continúa Jean-François Mignard.

Fik’s Niavo, de 41 años y originario de Ulis, en la banlieue de París, coincide con él. “Al menos desde las décadas de 1970 y 1980 las fuerzas del orden tiene una auténtica impunidad. La primera vez que yo la sufrí tenía 12 años, no había hecho nada, pero como era negro, ya medía 1,70 metros, llevaba chándal y venía del barrio popular sensible que estaba al lado, todo ello bastaba para tener ‘ese tipo de perfil’ que se considera una amenaza”, recuerda este militante asociativo y artista. Algunos de los títulos de las canciones de su grupo de rap, Ulteam Atom, cuentan estas historias. “El problema es que muchos policías consideran que tienen una misión de reconquista territorial, una misión de civilizar a los niños de origen inmigrante”, continúa. “De hecho, esta violencia policial es resultado de una violencia política”.

Dos veces más controles, tres veces más multas

Desde hace mucho tiempo los actores de estos barrios populares denuncian la diferencia de trato político y mediático. Y la pandemia no ha detenido la estigmatización. Los comentarios de los medios se centraron primero en la cantidad de controles, mucho mayor que en el resto del país. Así, según las declaraciones que hizo el ministro del Interior Christophe Castaner el pasado 24 de abril a la cadena de televisión privada francesa BFMT , en Seine-Saint-Denis se han efectuado más de 220.000 controles, esto es, el doble de la media nacional. Y la tasa de multas era del 17 %, frente a la media del 5,9 %.

“Siempre se nos considera poblaciones en ruptura con las consignas del Estado, a pesar de que todas las observaciones muestran el mismo respeto por las instrucciones que en el resto del país”, se subleva Ulysse Rabaté, consejero municipal de Corbeil-Essonnes, en la región parisina. “Ha sido necesario que hubiera vídeos que mostraran otros barrios de París con las calles llenas de gente para que eso se calmara”, añade.

Esta situación se ha vivido peor debido en la medida en que la epidemia ha acentuado las desigualdades. Por una parte, porque las personas trabajadoras que siguen acudiendo a sus centros de trabajo, las y los cajeros de supermercado, las personas que se ocupan de la limpieza, las que trabajan en el transporte público, las que se encargan de los cuidados, etc, suelen vivir en estos barrios y están más expuestas que otras personas al riesgo de infectarse. Por otra parte, porque las condiciones de vida (viviendas demasiado pequeñas y superpobladas en los barrios populares) no facilitan el confinamiento. Los habitantes y las asociaciones de estos barrios denuncian que los poderes públicos no han tenido en cuenta las disparidades sociales a la hora de imponer las mismas reglas en todo el territorio sin establecer diferencias.

“La población de estos barrios sufre una falta de protección”, afirma Joëlle Bordet, una psicosocióloga que trabaja desde hace mucho tiempo en los banlieues. “Lo que hoy hace falta son estas personas mediadoras, trabajadoras sociales, que recuerden a los habitantes que este virus es peligroso. Por desgracia, en este momento no muy están presentes”.

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Notas de la traductora:

(1) En francés banlieues. Son los barrios de las afueras de las grandes ciudades francesas, fácilmente reconocibles por su enormes bloques de viviendas con una alta densidad de población, especialmente de origen emigrante, y con menos servicios que los barrios del centro de las ciudades.

(2) En octubre de 1961, en plena guerra de Argelia, se instaura en París un toque de queda para las y los argelinos, ciudadanos franceses de segunda categoría que sufren severos controles durante este toque de queda. El FLN organiza en señal de protesta una manifestación pacífica el 17 de octubre, manifestación que será reprimida de forma muy violenta por la policía francesa: utiliza fuego real, detiene a cientos de personas, arroja a manifestantes esposados al Sena, etc. Las y los argelinos no fueron las únicas víctimas ya que la policía interpelaba a los manifestantes basándose en sus rasgos físicos, de modo que cualquier persona de aspecto mediterráneo podía ser detenida, golpeada y asesinada. Las víctimas se calculan entre 70 y 200. Estos hechos no se empezaron a investigar hasta la década de 1980 y hasta una década después no llegó a ser conocido para la sociedad francesa.

middleeasteye.net. Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos. Extractado por La Haine.

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