Bombardeos urbanos: Hiroshima y Nagasaki

Hace sesenta años, el 6 de agosto de 1945, los Estados Unidos cometió la peor masacre urbana de la historia: el bombardeo atómico de Hiroshima.
El 9 de agosto, otra bomba atómica estadounidense destruyó la ciudad de Nagasaki. Cada una de las dos explosiones era equivalente a decenas de miles de toneladas de dinamita. La temperatura alcanzó mil grados centígrados. Las explosiones, y la nube radioactiva que crearon, dejaron más 200 mil muertos inmediatamente o en los siguientes meses. Los supervivientes y sus hijos sufrirían muchos años a causa del cáncer y otras enfermedades causadas por la radiotoxemia.
Con la destrucción de estas dos ciudades no era la primera vez que centros urbanos de importancia fueron destruidos, pero la magnitud de la matanza no tuvo precedente en el mundo. Nadie, antes o después, jamás había usado armas nucleares.
Estados Unidos desató la era nuclear en los últimos días de la II Guerra Mundial. Alemania ya se había rendido. La economía del Japón quedó en ruinas y su capital reducida a cenizas; sus fuerzas armadas habían experimentado sucesivas derrotas. Muchos historiadores, aunque no todos, creen que Japón se habría rendido sin el bombardeo nuclear. El propósito del bombardeo no sólo fue asegurar que Estados Unidos y los aliados ganaran la guerra, sino asegurar que Estados Unidos, y sólo Estados Unidos, se beneficiara de la rendición del Japón. En el Washington de entonces, "se creía que arrojar la bomba podría acelerar el fin de la guerra de una manera que fortalecería enormemente la posición estratégica estadounidense en Asia", decía el historiador y profesor de sociología estadounidense, Mark Selden, en una conferencia organizada en Londres por Greenpeace con motivo del 601 aniversario.
Estados Unidos estaba decidido a no dejar que la Unión Soviética le impidiera ocupar el lugar de Japón como la mayor potencia colonial en Asia. La URSS todavía era un país socialista en ese entonces. Había estado aliada con los Estados Unidos durante la guerra contra Alemania y Japón, pero aún antes de que terminara la guerra, Estados Unidos amenazaba a la URSS y se preparaba para dominar gran parte del mundo.
El bombardeo de esas dos ciudades tiene tanta importancia hoy como nunca, aunque el mundo ha cambiado mucho. En los años 1950, después de la muerte de Stalin, la URSS abandonó el camino socialista y se convirtió en una superpotencia imperialista, aunque conservó la fachada "socialista". En las décadas siguientes, el mundo estuvo dividido en dos campos imperialistas rivales. Ahora, después del colapso del bloque soviético, Estados Unidos se ha puesto la tarea de colocar al mundo entero bajo su bota. Inglaterra, cuyo puesto colonial ocupó Estados Unidos, es un socio menor de este nuevo eje. En momentos en que Bush y Blair impulsan su empresa criminal con descaradas mentiras sobre las "armas de destrucción masiva" e hipócritas condenas de los desalmados bombardeos a civiles, los pueblos del mundo necesitan recordar a Hiroshima y Nagasaki, y comprender que los criminales que lo hicieron están sueltos y a la ofensiva de una manera que no se ha visto en generaciones.







