Chile: Galvarino Apablaza sigue siendo el Comandante Salvador

El nombre de Galvarino Apablaza vuelve una y otra vez al centro del debate político. Exintegrante de la organización guerrillera Frente Patriótico Manuel Rodrígues (FPMR), es requerido en Chile por su presunta vinculación con el asesinato del senador ultraderechista Jaime Guzmán en 1991, fundador de la UDI, figura clave de la dictadura de Augusto Pinochet y padrino político del actual presidente Kast.
Apablaza vive en Argentina desde 1993. Tras año en la clandestinidad, fue detenido en 2004 en medio de un proceso en que la Corte Suprema argentina aprobó su extradición. Sin embargo, en 2010 la Comisión Nacional de Refugiado le otorgó asilo político, un estatus que sigue siendo eje de la disputa actual.
Declaraciones cruzadas y tensión política
La semana pasada, la vocera del gobierno chileno, Mara Sedini, generó controversia al afirmar que Apablaza estaba condenado por el asesinato de Guzmán, lo que posteriormente debió corregir. Sus dichos fueron cuestionados por la defensa, que los utilizó como argumento para poner en duda las garantía de un eventual proceso en Chile.
“Las declaraciones de esa señora (Sedini) confirman una vez más que en Chile no existen condiciones institucionales para que Apablaza Guerra pueda ser sometido a un debido proceso”, sostuvo Yanzón.
Galvarino Apablaza.
En este escenario, el caso volvió a tensionarse con la visita del presidente José Kast a Argentina este domingo, donde llegó acompañado de ministros y representantes de su coalición ultraderechista.
Por ahora, la ofensiva que algunos sectores ya empezaban a vender como señal de autoridad, y de amiguismo entre los dos ultraderechistas, Kast y Milei, quedó atrapada en otro terreno: el de la ilegalidad denunciada, el refugio todavía en disputa y las dudas sobre el debido proceso. Y sobre todo porque Apablaza decidió, con muy buen criterio, no presentarse al requerimiento de la justicia argentina, por lo que ahora se encuentra en paradero desconocido.
Milei pretendía ofrecerle en bandeja a Kast la cabeza de Apablaza, como ofrenda de vinculación ideológica, pero una vez más fracasó. Y cuando una operación que busca rédito político termina cuestionada por su base jurídica, lo que se erosiona no es solo la jugada: también se desgasta el relato que la sostiene.
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Chile: Galvarino Apablaza sigue siendo el Comandante Salvador
Fundación Miguel Enríquez
A la opinión pública, a los pueblos que no olvidan:
Desde la Fundación Miguel Enríquez, saludamos con un suspiro de dignidad el fracaso de la cacería. Hoy, las mandíbulas del poder se cerraron sobre el aire, masticando apenas el vacío de su propia inoperancia.
En una ridícula coreografía de la infamia, los gobiernos reaccionarios de Milei y Kast pretendieron montar un espectáculo de sangre y nostalgia dictatorial. Este intento de captura no es un hecho aislado, sino el eco rancio de una Operación Cóndor del siglo XXI, donde las fronteras se borran solo para el zarpazo represivo y la cacería de quienes se alzaron contra el espanto. Buscaban exhibir a Galvarino como un trofeo de caza, un despojo de guerra para ofrendar a sus altares, justo cuando el calendario marca los 35 años desde que el ideólogo del horror civil -aquel que sembró la muerte con pluma de sastre- encontrara el verbo que los tribunales de la transición le negaron al pueblo.
La derecha binacional, articulada en este nuevo pacto de muerte entre Santiago y Buenos Aires, llegó tarde. Sus satélites y sus botas de charol se encontraron con una casa vacía, con el rastro de quien conoce los pliegues de la tierra, los escondrijos urbanos, los secretos de la resistencia. No pudieron engrillar la memoria para entregarla en bandeja de plata a los herederos de la dictadura; la coordinación de los verdugos volvió a estrellarse contra la astucia del corazón revolucionario.
Querían un mártir para su revancha; obtuvieron el silencio del que camina libre. Porque mientras ellos celebran la herencia del genocidio y reactivan los puentes del terror transfronterizo, la persistencia de Salvador nos recuerda que la dignidad no se captura, ni se extradita, ni se rinde ante el diseño de un mapa trazado por criminales.
Galvarino Apablaza sigue siendo el Comandante Salvador. La cacería ha fallado. El Cóndor de cartón piedra ha perdido sus alas frente a la memoria que, como un río subterráneo, continúa su curso.







