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03/02/2020 :: EE.UU., Asia, EE.UU.

China, Trump y debilidad del crecimiento

x Eduardo Lucita
Cualquier cosa por la reelección

El nuevo acuerdo comercial con China fue anunciado por el propio presidente Donald Trump pocas horas antes que comenzara el trámite del impeachment en el Senado norteamericano. Ambas cuestiones están relacionadas con las próximas elecciones en EE.UU. Es conocido que la política suele tener momentos en que se autonomiza de las relaciones económicas, al mismo tiempo que la economía siempre, o casi siempre, influye en la política. Es lo que está pasando en los inicios de este año 2020 en que la sociedad estadounidense se encamina a un proceso electoral de renovación presidencial en el que Trump busca su reelección.

Juicio político

Esta semana ha comenzado en el Senado norteamericano -mayoría republicana- la fase decisoria del juicio político, impeachment, al presidente Trump, que tuviera inicio en Diputados -mayoría demócrata- hace unos meses atrás. Se lo acusa de haber utilizado en su beneficio información de seguridad de su país. Concretamente de haber influenciado para que el gobierno de Ucrania investigara a su competidor político de entonces, el demócrata Joe Biden, para esto habría ordenado retener una partida millonaria en dólares de ayuda militar a ese país. Complementariamente se lo acusa de entorpecer la labor del Congreso ordenando a las agencias estatales no citar a declaración a determinados testigos.

El juicio político puede concluir con la destitución o la revocación del mandato presidencial, pero dada la mayoría republicana en la cámara alta los analistas estiman que esto es prácticamente improbable que suceda. Si esto es así ¿por qué los demócratas insumen tanto tiempo, esfuerzos y recursos en el impeachment? Porque esperan obtener réditos electorales, saben que los republicanos solo votarán por lealtad al presidente pero que no tienen argumentos para refutar las acusaciones. No es extraño entonces que Donald Trump retomara de apuro las negociaciones con China para decretar una tregua en la puja comercial que, o casualidad, la informara un día antes de que comenzara el impeachment.

Conviene señalar que en paralelo el Senado aprobó el nuevo acuerdo comercial entre EE.UU., Canadá y México.

La «guerra» comercial

Ya desde la campaña electoral Trump anunció que buscaría tener una relación más equilibrada con sus socios comerciales, a quienes acusaba de ser los responsables del abultado déficit comercial (del orden del 4% de su PBI) y del retroceso de la industria y el empleo en su país. No bien asumió comenzó a hacer realidad sus promesas de campaña y concretó sus amenazas proteccionistas.

Interrumpió los acuerdos multilaterales transpacífico y transatlántico (TPP y TTIP) y renegoció el Nafta buscando acuerdo país por país. El foco central estuvo desde el inicio centrado en las relaciones comerciales con China principal fuente del déficit comercial. Primero subió los aranceles al acero y al aluminio perjudicando a aliados históricos como Canadá, Alemania y Francia entre otros, que a su vez respondieron poniendo aranceles a un conjunto equivalente de productos norteamericanos. Luego gravó con el 25% la importación de más de 800 productos chinos. La respuesta de China fue equivalente en la suba arancelaria y en el monto, alcanzando más de 500 productos. Por si algo faltara Rusia se sumó a la disputa comercial: impuso aranceles -entre 25 y 40%- a productos norteamericanos. Esta guerra arancelaria escaló en febrero de 2018 y se acentuó incorporando la disputa tecnológica -que es lo que verdaderamente está en juego- especialmente el ataque de EE.UU. a la tecnología china 5G y su empresa Huawei.

El Ministerio de Comercio chino acusó a EE.UU. de violentar las normas de la OMC «…lanzando la mayor guerra comercial de la historia económica», mientras que EE.UU. aduce que esas importaciones, también las de Canadá y Europa, "implican un riesgo para su seguridad nacional».

Suspensión de hostilidades

Así las cosas se llega al pasado miércoles 15 – Donald Trump presionado por el inicio de la campaña electoral y Xi Jinping porque su economía muestra el crecimiento más bajo en 30 años- cuando se firmó una tregua, Fase uno, entre las dos potencias. Por este acuerdo China incrementará sus compras por 200.000 millones de dólares -de éstos, 32.000 serán productos del agro que beneficiaran a buena parte de la base electoral de Trump- adicionalmente adoptará normas comerciales de protección de la propiedad intelectual. Como contraparte EE.UU. se compromete a reducir a la mitad parte de los aranceles impuestos. En realidad esta suspensión de las hostilidades arancelarias deja a los países en la misma situación que estaban a principios de 2018 y no resuelve el enfrentamiento estratégico sobre quién comandará el desarrollo tecnológico a futuro.

Bajo crecimiento

Desde hace un tiempo tanto el FMI, el BM, la OMC o la OCDE vienen culpando a la disputa comercial entre EE.UU. y China del bajo crecimiento de la economía mundial. No es para menos EE.UU. explica el 25% del PBI global y China el 15% y sus relaciones comerciales tienen un peso superlativo.

Las noticias del acuerdo hicieron alentar mejores pronósticos, sin embargo el FMI acaba de rebajar levemente sus estimaciones sobre la economía mundial respecto a su informe de octubre pasado, que crecería 3.3% en 2020 y 3.4 en 2021. Para EE.UU. recortó a 2.0 para este año y a 1.7 para el próximo, en cuanto a China 6 y 5.8 respectivamente. El ajuste más fuerte es para la India que si bien crecerá 5.8 y 6.5, tuvo un fuerte recorte respecto a las previsiones de octubre. Lo que está en el centro de la discusión, aunque no se lo reconozca públicamente, es si realmente es la disputa comercial lo que traba el crecimiento de la economía, o por el contrario son las debilidades que muestra el proceso de acumulación mundial desde el 2008 -baja tasa de inversión, débil crecimiento de la productividad de los factores, caída de los intercambios comerciales, ausencia de mejoras en la eficiencia productiva- la verdadera causa de las disputas. La inestabilidad continuará. Y nadie puede asegurar que la desaceleración esté controlada, mientras que el riesgo de recesión persiste.

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