Crónicas de Luna

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Contra imagen de la realidad social
Estamos viviendo conflictividades localizadas en Uruguay por distintos reclamos que están mostrando la brecha cada vez más grande entre el discurso oficial, la propaganda en los medios y por otro lado el descalabro de un sistema que no se sostiene más.
Ya sea si se habla de las condiciones de los trabajadores y su creciente precarización, ya sea si se aborda el tema salud en todos sus aspectos, colapsada por falta de recursos, corrupción y falta de políticas sociales en esta materia; ya sea si se trata del tema enseñanza, por todos lados lo que se vive es el espejo en el cual se mira esta sociedad; y salta a la vista una situación que es calamitosa en todos los planos.
Pero además tenemos la problemática del saqueo de los recursos naturales por parte de las trasnacionales con las consecuencias devastadoras que ello conlleva; por pérdida de soberanía, contaminación y modificación de los patrones socio culturales locales.
No es menor anotar por otra parte la creciente invasión publicitaria en todos los espacios públicos, en donde va desapareciendo el paisaje ya sea urbano, costero o rural para dar paso a una carteleria cada vez más gigantesca, presencia de pantallas en donde se proyectan audiovisuales publicitarios. Vivimos en la sociedad de la imagen y ella nos invade hasta en lo más íntimo de nuestras vidas.
Capítulo aparte merecen los aberrantes programas de la televisión uruguaya, que lo que menos hacen es aportar valores al conjunto de la sociedad y menos a los más jóvenes.
En una sociedad en donde lo que más se expande son: los barrios privados, los mega shopings, las cárceles y la vigilancia creciente por medio de cámaras de video, vigilancia en los espacios públicos, presencia policial cada vez más visible en la ciudad, no se puede decir que vivimos en una sociedad feliz, como nos lo pretenden hacer creer a través de los informativos en los grandes medios de comunicación o en los discursos mentirosos de los políticos.
Todo indica que urge la recomposición del movimiento social en el Uruguay a fin de salir al cruce del sistema imperante pero con una propuesta que deberá ser radicalmente distinta a la actual; pero por sobre todas las cosas ensayar respuestas nuevas deberá pasar necesariamente por tener claridad, humildad, generosidad y creatividad para poder llegarle a la gente.
El desafío es grande dado que antes de poder construir una alternativa social nueva será necesario antes desconstruir el discurso oficial que es el que mantiene los eslabones de la redes sociales amaniatados por los aparatos políticos y por la burocracia.
Transcribimos aquí un fragmento del libro de Raúl Zibechi: “Movimientos y Emancipaciones” por considerar que estas reflexiones abren un campo para la mejor compresión del momento en que vivimos.
“Existen dos grandes problemas a abordar, en función de lo planteado líneas arriba: la desnaturalización del movimiento social por las organizaciones sociales y la presencia de las políticas sociales en los espacios y territorios de la resistencia: una presencia interior que está remodelando desde adentro el campo popular y, de ese modo, lo está sometiendo a las prácticas de gobernamentalidad.
Lo que está en juego es la autonomía, la posibilidad de los de debajo de dotarse de sus propios objetivos y fines, su capacidad de organizarse y rebelarse según sus propios modos, no con base en los criterios establecidos desde arriba. Cuando la rebelión alcanza a llegar hasta lo cotidiano volviéndose parte inmediata del modo de vivir, ya no se la puede impedir; es entonces cuando los estados no tienen otro camino que aceptarla para neutralizarla, actuando desde dentro de ella misma. En vez de reprimir a los movimientos se intenta de gobernarlos para conducirlos hacia los objetivos del estado.
En adelante los movimientos no pueden sino surgir contra las políticas sociales, del mismo modo que los movimientos obreros de la década de 1960 desbordaron las burocracias y las direcciones sindicales conciliadoras”.
Lo que se está viviendo en Uruguay es más que elocuente en el plano político de que se ha llegado al fin de un tiempo.
Este tiempo fue el tiempo de la descomposición de la izquierda tradicional de la cuál ya no queda más que sus contradictorios discursos, su total sometimiento a las políticas neoliberales e imperiales y su ropaje engañoso de izquierda porque con el mismo, es que lograrían allanar toda oposición a fin de imponer lo que el actual sistema necesita para perpetuar su dominación.
Se pueden entender la confusión, la decepción de mucha buena gente que practicó una adhesión casi ciega a un gobierno progresista, y que raya muchas veces con la irracionalidad. Pero de ahora en más es responsabilidad de cada quien el informarse y formarse, porque el repetir como loros el discurso oficial no los salvará de una muy segura y estrepitosa derrota.
Es en el marco de todas estas reflexiones que se deben situar las declaraciones del x presidente Tabaré Vázquez, las afinidades con otros mandatarios del continente que llevan políticas nefastas en sus países y que estos gobernante de acá pretenden emular.
Como también cabe preguntarse porque no se anuló la ley de caducidad en su momento y ahora si se elaboró otra que si bien impide la prescripción no condena al terrorismo de estado.
Es tan evidente que solo encontraron una salida porque la Corte Internacional de los Derechos Humanos presionaba con su condena al estado uruguayo.
Como bochornoso es el hecho de que no se cuestione el tema de haber pedido ayuda al estado más genocida del planeta para una eventual guerra contra los argentinos y solo se discuta si Tabaré vuelve o no vuelve y que al final todos imploran para que regrese.
El fin de este tiempo lo bueno que tiene es que no queda otra opción más que buscar los caminos para la construcción de nuevas alternativas, situadas en la ruptura con el actual paradigma.
Luna
27 10 2011







