Cuba, año 52 de la Revolución (I)

Desde que, en los primeros años de la década del ’90, el bloque de países conocido como “campo socialista” o países del “socialismo real”, implosionó y dio paso a un proceso heterogéneo y multiforme de restauración capitalista; la eventualidad de que la Revolución Cubana corriera la misma suerte, ha estado repetidamente en la discusión pública.
Todos fuimos testigos de la multitud de medios de prensa de todo el mundo que se acercaron a la mayor de las Antillas, seguros de que iban a presenciar la caída del régimen encabezado por Fidel, barrido por “el pueblo cubano harto de la dictadura comunista”, como ocurriera en la URSS y los países de Europa del este que integraban el bloque soviético.
Años después y ya en pleno desarrollo del llamado “periodo especial”, la mayoría de los periodistas se habían ido, con las manos vacías, claro. La Revolución Cubana, el pueblo y la dirección partidaria que la gobernaba; estaban demostrando la peculiaridad de un proceso que tenía vida propia, mas allá del estrecho vínculo que lo unía al desaparecido campo socialista, e incluso exhibía una vitalidad y raigambre popular mas profunda que otros regímenes comunistas que sobrevivieron a la debacle (Vietnam, Corea del Norte, China). Desde entonces, en ancas de diversas coyunturas, y siempre con la omnipresencia del bloqueo yanquee; la discusión sobre el rumbo de la Revolución Cubana ha vuelto una y otra vez.
La última, a la que estamos asistiendo hoy día, se podría decir que arranca con la enfermedad que obligó a Fidel a delegar su papel de máximo conductor en su hermano Raúl. Desde mucho tiempo atrás, se lo señalaba a Raúl como líder de una de las corrientes internas del PC cubano, la más proclive, según diversos analistas, a seguir un rumbo similar al del PC chino.
Para muchos, en particular para el capital imperialista no yanquee (europeo, canadiense) aparecía en el horizonte la posibilidad de que el menor de los Castro, junto con los mandos militares que tenían una presencia cada vez mayor en las asociaciones público-privadas con los capitales extranjeros; procesaran una gradual e indolora restauración capitalista en la isla, habida cuenta del fracaso del bloqueo y de la inviabilidad de una intervención armada.
Y ACA, COMO LA VEMOS?
En filas de la izquierda de intención revolucionaria de éste lado del plata, no ha sido fácil establecer un debate sobre la situación en la isla. Sin embargo, creemos que el futuro de un proceso que sin duda sigue siendo una referencia ineludible para todas las corrientes, organizaciones y militantes que seguimos apostando a la liquidación del capitalismo; nos concierne a todos, más allá del respeto irrestricto a la autodeterminación de las cubanas y los cubanos en la construcción de su destino como nación o como formación social.
Al margen de las posturas de la izquierda frenteamplista que aún apoya la Revolución Cubana, de las que no nos ocuparemos ahora (el PC abrió una discusión interna sobre lo que está pasando en Cuba); dentro de la izquierda no frentista ha primado el apoyo acrítico, que parece tener una visión idealista del proceso cubano, al que se lo presenta en una imperturbable transición hacia el socialismo, a pesar del bloqueo y de la apertura cada vez mayor a las inversiones extranjeras. No parecen advertir la importancia del recambio generacional que va acotando, restringiendo y disolviendo los elementos míticos, simbólicos y emotivos a la hora de poner en la balanza el régimen en el que viven y la realidad del resto del mundo.
Otra parte de la izquierda, crítica de lo que está pasando, se ha llamado a silencio por diversas razones que pueden ir desde la falta de elementos contundentes para expresar opinión, hasta el temor de ser tildados de revisionistas, oportunistas o blandengues.
Solo un pequeño sector de organizaciones y militantes anarquistas, muchos de los cuales son convocantes de los Actos del 1º de mayo a la noche en Plaza Libertad; han expresado todos estos años en su prensa una cerrada crítica a la Revolución Cubana.
En el último año se sumó a la crítica pública un pequeño grupo trostkista (IST) que amplifica en Uruguay las opiniones de su organización madre (la LIT-CI).
Sin duda que en ésta izquierda revolucionaria uruguaya de la que somos parte, atravesada por vicios endémicos como el sectarismo, el dogmatismo, y la suficiencia teórica; meterse con alguna de las “vacas sagradas” no es tarea sencilla. Tampoco lo era meterse con la URSS antes de la perestroika y por eso el derrumbe del bloque soviético dejó a muchos colgados del pincel y provocó una desbandada y un tembladeral político e ideológico pocas veces visto.
Nosotros somos de la idea de que muy flaco favor le hacemos a la Revolución Cubana, y por extensión a las posibilidades de una futura oleada revolucionaria; si callamos nuestra opinión sobre lo que está pasando en Cuba y sobre los peligros que se ciernen sobre su pueblo. Si algo no precisa una Revolución son “hinchas” internacionales, y lamentablemente nuestra izquierda está repleta de hinchas. Una Revolución precisa como el agua, como el oxígeno, como la sangre, internacionalistas críticos que ofrezcan, junto con su pellejo, sus reparos y sus visiones divergentes, con fraternidad pero sin ningún tipo de concesiones.
Y para quienes opinan que la Revolución Cubana es asunto del pueblo cubano, les recordamos que los propios cubanos han demostrado una y mil veces que su Revolución abraza a todos los pueblos, enviando, en éstos 50 años, en forma desinteresada y heróica; combatientes, médicos, maestros, y técnicos, en auxilio de otros pueblos, sin mirar el sistema o el régimen imperante en cada lugar donde ofrecían su solidaridad internacionalista.
Nos proponemos, y proponemos a nuestras compañeras y compañeros del campo revolucionario, este intercambio de ideas, críticas y propuestas, que entendemos como un aporte profundamente internacionalista y revolucionario, en la lucha por enterrar el capitalismo y alumbrar una sociedad comunista y libertaria.
A LA HORA DE LA CRITICA INTRANSIGENTE ENTRE REVOLUCIONARIOS, SIEMPRE VOLVEREMOS A ROSA LUXEMBURGO
En los primeros años de la revolución soviética, acosada por la guerra civil y por el acoso externo de varias potencias imperialistas; los revolucionarios de todo el mundo cerraron filas en torno al naciente “estado obrero” y consideraron que muchas de las medidas tomadas, se explicaban por las duras condiciones del bloqueo imperialista.
Al igual que pasa hoy con Cuba, el bloqueo operaba como una suerte de coartada, o atenuante, para muchas medidas que poco tenían que ver con la construcción de un nuevo orden social radicalmente diferente al capitalismo. Se consideraba que las condiciones externas obligaban a posponer un poco la construcción del socialismo y que la prioridad era la defensa del régimen revolucionario aún cuando ello implicara el mantenimiento de elementos políticos y económicos del régimen anterior.
En ese marco la tendencia de la enorme mayoría de los defensores de la revolución era acallar las críticas para no “hacerle el juego a las fuerzas de la reacción” y en esa dinámica, la poderosa arma de la crítica y la autocrítica iba siendo desplazada por una suerte de “realismo político” que justificaba todo o casi todo.
Sin duda que entre los revolucionarios que consideraron su deber como tales, el plantear sus divergencias a pesar de todo; la figura de Rosa Luxemburgo descolla por su capacidad de unir la más férrea defensa del proceso revolucionario soviético con la más intransigente crítica a muchas de las medidas que la dirigencia bolchevique tomaba.
Su prestigio, su trayectoria y su condición de líder indiscutida de uno de los sectores más combativos del proletariado alemán; hacía que sus opiniones, aunque muchas no fuesen compartidas, fuesen muy respetadas por Lenin, Trostky y el resto del gobierno y el partido que dirigían la revolución rusa.
Hoy, que consideramos un deber ineludible establecer un debate entre revolucionarios, para intentar de algún modo un intercambio de ideas con el pueblo cubano y expresarles nuestras críticas y nuestras dudas sobre la situación que vive su Revolución (a la que consideramos también nuestra); nos inspira la honestidad intelectual de la gran revolucionaria alemana, su advertencia de “no hacer de la necesidad virtud”, y junto con eso la defensa sin desmayos del derecho de autodeterminación de los pueblos.
Apostamos a que el Pueblo Trabajador cubano, más allá de lo que considere su gobierno, reciba nuestra crítica, por dura que sea, como un aporte fraterno, de internacionalistas comprometidos, cuyo único desvelo es que el capitalismo no se apodere de nuevo de Cuba.
UNA PRECISIÓN INDISPENSABLE PARA CERRAR ÉSTA PRIMERA NOTA: DESDE QUE POSTURA DEFENDEMOS A CUBA Y OPINAMOS SOBRE SU REVOLUCIÓN
Nosotros, los que abrazamos las ideas anarquistas hace mas de 35 años y hemos militado en la corriente especifista en los últimos 20; no tenemos otras credenciales y otro capital político para exhibir, que la porfiada voluntad de ser coherentes con los principios que nos sustentan y con las orientaciones político-estratégicas que hemos ido construyendo a lo largo de los años para intervenir en el proceso histórico, particularmente del continente latinoamericano.
En ese sentido, asumimos, siempre en forma crítica, buena parte de lo actuado por la corriente especifista luego de la derrota de la Revolución Española, y en particular la postura que tuvo la Federación Anarquista Uruguaya respecto a la Revolución Cubana desde sus primeros años.
En los primeros años de la Revolución, un delegado cubano que estaba recorriendo varios países de A. Latina se reunión con una delegación de la FAU a pedido de G. Gatti. Vamos a citar extractos del Tomo IV de “Una historia de FAU” (págs. 43 y 44) del compañero Juan Carlos Mechoso, donde se narra ese encuentro con el representante cubano:
…“Se habló sobre la situación en Cuba, las guerrillas en el continente y a determinada altura, el cubano, un mulato grande muy simpático y buen conversador nos plantea que si nosotros le cambiamos el nombre a la Organización, le quitamos eso de anarquismo, tendríamos oportunidad de ir a Cuba y recibir algunos cursos técnicos. De la misma forma que estaban yendo otras Organizaciones continentales.
No nos gustó nada el asunto. Pero…estaba dentro de los problemas que podían aparecer, estábamos ante un compañero con una concepción ideológica muy distinta a la nuestra.
Gerardo, que era buen expositor, le explico de manera bastante larga y fundada el porqué de la definición…”
...”El camarada siguió con cierta atención el planteo, no parecía gustarle del todo”… “Por ahí, luego de un breve silencio el cubano dice más o menos: -“Tienen que pensar un cambio de nombre, socialista sí, pero otra cosa” y sugiere algún tipo de nombre…”- “…Y agrega aproximadamente: -“Así no van a viajar nunca ni recibir curso alguno”-
Fue la gota que desbordó el vaso. Le respondimos que nuestra concepción no estaba en venta al mejor postor, que estaba equivocado el planteo…”
…”Nos miró un poco sorprendido y se enojó mucho, nosotros también y nos gritamos por unos segundos. Después las aguas volvieron a sus cauces. Parecía que el encuentro había terminado, por lo menos a nosotros nos parecía que la cosa no daba para más. Cuando de repente y en buen tono el cubano nos pregunta: “¿Pero entonces ustedes nos están de acuerdo con nosotros?”
"Vino otra tirada, fundamentalmente a cargo de Gerardo. Que teníamos un reconocimiento de lo que había significado la Revolución Cubana para las luchas revolucionarias en el continente; que había refrescado y puesto en la escena una concepción de acción directa, de ruptura; que había fortalecido una línea antiimperialista; que nosotros reivindicábamos el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Pero que planteábamos intransigentemente la autonomía que debían tener los procesos revolucionarios en cada lugar, acorde a su historia y condiciones generales, etc. Y que además todo éste reconocimiento a la Revolución Cubana, no implicaba que estuviéramos de acuerdo con el modelo interno. Un modelo que nos parecía se perfilaba para parecerse al de al URSS con el que no teníamos ninguna afinidad.
"Hubo algún intercambio más de opiniones, ahora en tono fraternal y se le puso punto final a la reunión."
-“Si, tenemos concepciones muy diferentes”-dijo al despedirse. De ahí en más nuestra relación con Cuba fue nula”…
Y así fue nomás. La relación fue nula, pero eso no fue obstáculo para que la FAU se pusiera a la cabeza de la aplicación de las resoluciones de la OLAS adaptadas a las condiciones uruguayas, y que diera mil y una vez, muestras concretas de solidaridad con Cuba.
Aunque por nuestra edad no participamos de los hechos históricos que citamos, asumimos esa postura. Nos consideramos herederos de esa forma de posicionarse ante a la Revolución Cubana.
Defendemos sí, el proceso cubano, pero no somos hinchas obsecuentes. Y como anarquistas, no creemos ni en estados obreros ni en gobiernos revolucionarios, y apostamos todos nuestros boletos al potencial comunista y libertario de los trabajadores y el conjunto de los oprimidos.
Sin perder nunca de vista que quienes deben decidir que régimen quieren para Cuba son los cubanos, en próximas notas vamos a desarrollar nuestro punto de vista y también a opinar sobre una serie de posturas de militantes y Organizaciones revolucionarias, que están circulando desde hace un tiempo.
Fernando Charamello es militante del colectivo Base Compañera.
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