El arma de la crítica: Los Tuneles de Cu Chi


Existen pocos ejemplos de heroísmo más llamativos que el de la justa lucha de los vietnamitas contra la agresión yanqui. Un punto fuerte de la obra de Mangold y Penycate, The Tunnels of Cu Chi (Los túneles de Cu Chi), es revivir las memorias (para los que tenemos la edad para recordarlas) o retratar por primera vez el enorme valor, abnegación e ingeniosidad que mostraron los hombres y las mujeres vietnamitas. Hasta cierto punto, sale a relucir tal imagen a pesar de las intenciones de los autores, quienes buscan escribir una historia "equilibrada" e "imparcial" de una guerra cuyo carácter reaccionario por parte del imperialismo yanqui y justo por parte de los oprimidos quienes empuñaron las armas, hace irrisoria cualquier apariencia de objetividad burguesa.
El libro es una historia viva que se basa principalmente en entrevistas a participantes de la guerra que libró el Frente de Liberación Nacional (FLN) contra el ejército yanqui en una zona de Vietnam cerca de Cu Chi, a menos de 40 km de lo que era Saigón, la entonces capital del gobierno títere sudvietnamita. El libro examina la "guerra de túneles" que el FLN libró en la zona que lindaba con una región conocida por los yanquis durante la guerra como el "Triángulo de Hierro". La guerra de túneles es una forma de combate que favorece a los débiles en la lucha contra una fuerza más fuerte, mejor armada y con tecnología superior. La capacidad de librar una guerra de túneles depende del carácter general de la guerra misma: sin apoyarse en las masas el FLN no hubiera podido nunca construir una red de túneles de casi 300 km de largo en la región de Cu Chi; asimismo, solamente una causa justa y revolucionaria podía motivar a las mujeres y hombres a soportar las penurias de vivir y combatir en los túneles durante meses y años.
Por mucho tiempo, la región de Cu Chi fue una plaza fuerte del FLN. Por estar tan cerca de la capital, el ejército yanqui dedicó mucho trabajo a controlar la zona. Los yanquis construyeron una enorme base con una división del ejército cerca de la aldea de Cu Chi. Nivelaron, arrasaron y rociaron con pesticidas vastas extensiones de tierra. Los autores informan que los soldados yanquis envenenaron sistemáticamente los pozos de agua de la zona tapándolos con cadáveres de animales muertos. Reunieron a la fuerza a los campesinos en las tristemente célebres "aldeas estratégicas". A quienes huyeran los consideraron blanco legítimo de ataque con artillería y bombas o helicópteros Cobra que volaban a ras del suelo y ametrallaban a todo lo que se moviera. Después de las misiones, animaron a los pilotos a arrojar sobre Cu Chi los explosivos y gelatina incendiaria (napalm) que les quedaban. A pesar de esa barbarie, los imperialistas yanquis nunca lograron "pacificar" a Cu Chi, que siguió siendo un baluarte de las fuerzas revolucionarias durante toda la guerra. En el apogeo de la intervención yanqui en 1969, el FLN lanzó un atrevido ataque dentro de la base yanqui de Cu Chi y destruyó muchos pertrechos.
Cu Chi se halla en el límite sur del llano que va del delta del río Mekong en el sur a las altiplanicies en el norte y en el oeste. Con la excepción de unos bosques, la región no tiene ningún rasgo particular favorable a la guerrilla. Tiene una concentración de campesinos. Los autores describen a Cu Chi (al principio de la guerra) como "zona agrícola densamente poblada" con arrozales y plantaciones de coco y caucho.
Para el FLN, la guerra de túneles fue un importante método para aprovechar los factores positivos (sobre todo, el apoyo popular y, ligado a eso, el sentimiento de abnegación de los combatientes, producto del hecho de que luchaban por una causa revolucionaria) para neutralizar los factores negativos (la abrumadora superioridad de armas y tecnología de Estados Unidos). Aunque los túneles pueden tener la apariencia de medidas defensivas (y sin duda tenían ese aspecto), sobre todo eran un medio y método para combatir al enemigo.
Hasta el término "túnel" es poco exacto. Los túneles eran un laberinto de puestos desde los cuales disparar, dormitorios, cocinas, cuartos de almacenaje, hospitales y salas de conferencia, a distintos niveles, conectados entre sí y a la superficie por un ingenioso sistema de pasillos y escotillas. En Cu Chi, algunos túneles se aproximaban a un km de la base yanqui y desempeñaron un papel fundamental en el atrevido ataque arriba mencionado. Otros túneles enlazaron redes que albergaban centros de comando del FLN.
Poco a poco el ejército del imperialismo yanqui tomó conciencia de la importancia de los túneles en la estrategia de guerra del FLN y por eso, confeccionó nuevas armas y métodos para neutralizarlos. Por ser pesadas, la mayoría de sus armas de tecnología avanzada no sirvieron en el escenario de guerra.
Como enseñó Mao, la gente y no las armas es lo que decide el desenlace de la guerra, y toda la tecnología no pudo cambiar el hecho de que el pueblo odiaba tan férreamente a los soldados yanquis ni que éstos tenían la moral tan baja que no pudieran actuar de acuerdo con intereses nobles. Mientras que los hombres y las mujeres del FLN padecían enormes penurias en los túneles, los soldados yanquis gozaban de condiciones confortables que nunca antes se habían visto en la historia de la guerra. La base de Cu Chi estaba provista de cines y piscinas y abastecida a diario por convoyes de camiones con lujos para recordarle al soldado la "buena vida norteamericana" que le correspondía proteger. Los soldados norteamericanos solían volver a la base en helicópteros después de un agitado día de quemar aldeas y asesinar.
La guerra de túneles favoreció los combates de cuerpo a cuerpo de quienes luchaban por una línea revolucionaria. Lo ilustra una historia que no cuenta el libro: Un soldado raso negro norteamericano entró en un túnel y escuchó el inconfundible sonido de cortar cartucho. Volteó la cabeza con la esperanza de ver a la persona que estaba a punto de matarlo. Se halló ante un combatiente del FLN quien le dijo en inglés: "Nuestro pleito no está contigo, hermano negro". ¡Ese soldado nunca volvió a empuñar jamás un fusil!
Cavaron los túneles con palas de mano y sencillas cestas para llevarse la tierra. Lo último no era sencillo, ya que el rastro del suelo recién movido invitaría un ataque seguro de los yanquis. Los campesinos de la zona quienes llevaron a cabo la mayor parte de la construcción de los túneles tuvieron que llevarse y distribuir la tierra a grandes distancias de los túneles mismos. Las entradas se disfrazaban con vegetación o a veces (antes de que Estados Unidos arrasara la zona) conducían a un granero. Siempre había múltiples salidas por si acaso el enemigo encontrara una entrada. Se construyeron los túneles con tierra y arcilla, a veces reforzados con bambú. ¡Las paredes eran tan duras que muchos soldados yanquis estaban convencidos de que se habían construido con cemento! Por su fuerza, profundidad (a veces de varios metros) y complejidad, fue muy difícil destruirlos. Arrojar una granada de mano en un túnel causó poco o ningún daño, y el FLN pudo volver pronto. Pero el soldado raso yanqui típico raras veces se arriesgaba a entrar en los túneles del FLN, aunque la única manera segura de destruirlos fue entrar y colocar cargas explosivas.
Ante el problema, el ejército yanqui formó a grupos especiales de élite, "las ratas de los túneles", cuya tarea era neutralizar la guerra subterránea del FLN. Los autores se refieren de manera eufemística a los "motivos mixtos" de las ratas, y dan una descripción deliberadamente favorable de esta vil banda de inadaptados psicológicos y asesinos patológicos. A veces cuando las ratas entraron en los túneles, se toparon con una emboscada o trampa explosiva. Los autores informan de un grupo de mujeres guerrilleras que estaba a la espera hasta que un soldado raso yanqui metiera la cabeza y brazos por la escotilla que conducía de un nivel a otro, para atravesarle el cuello con un afilado palo de bambú.
El arma más exitosa de las ratas fue el gas tóxico, como el lacrimógeno, que suele ser mortal cuando se usa en un pequeño espacio cerrado sin ventilación. (Curiosamente, los autores no mencionan nunca que la Convención de Ginebra prohíbe el uso de cualquier gas en la guerra.) Aunque el gas tóxico causó problemas fuertes al FLN durante la guerra, se logró neutralizarlo en gran medida con el sistema de sellos impermeables que conducían de un pasillo a otro e ingeniosos métodos de usar el agua para filtrar el aire.
Un reto más mortífero a la guerra de túneles venía de los bombardeos de saturación de los B-52 que los yanquis empezaron a realizar sistemáticamente en abril de 1969 cuando dejaron de usarlos para bombardear al norte. Las bombas abrieron enormes cráteres que destruyeron muchos túneles que los yanquis no habían podido borrar en cinco años de guerra.
El libro no pretende contar una historia global de la guerra de Vietnam, pero de paso hace unas interesantes observaciones sobre unos rasgos militares y políticos generales de la guerra. Los autores trazan una firme línea divisoria entre el FLN y los "norvietnamitas", a fin de resucitar la mentira de la "invasión desde el norte", pero es claro que la lucha de los vietnamitas del norte como del sur constituía un solo proceso histórico.
Los cambios de algunos elementos militares de la resistencia después de 1970 descritos en el libro (sobre todo, apoyarse más en la guerra convencional y reducir el papel de los guerrilleros del FLN) no se deben tanto a la participación de los soldados regulares norvietnamitas en la guerra en el sur que a un cambio negativo de la línea político-militar que guiaba la guerra en general. Los autores mencionan la ofensiva Tet que signaba un cambio radical de las tácticas. Los vietnamitas se alejaron de la doctrina de la guerra popular prolongada que apuntaba reducir poco a poco la fuerza del enemigo. La ofensiva Tet demostró de manera espectacular cuán vulnerable era el imperialismo yanqui y contribuyó a fortalecer los sentimientos contra la guerra en Estados Unidos. Pero tuvo un costo muy elevado para el FLN; según los autores, más de 40 mil combatientes del FLN murieron durante la ofensiva Tet, entre ellos un porcentaje muy elevado de sus cuadros, y los guerrilleros rasos se quedaron sin dirección y a menudo con una baja moral cuando los enormes sacrificios de la ofensiva no llevaron a la rápida victoria prometida. La ofensiva Tet era parte de una estrategia general que buscaba un arreglo negociado (lo que a la larga se logró). Con tal línea política no es sorprendente que en los últimos años de la guerra, la dirección vietnamita diera cada vez menos atención a movilizar las masas campesinas y a alentarlas a tomar el camino de armarse con fusiles arrebatados al enemigo.
A pesar de la tragedia de que una línea política centrista y a la larga revisionista de la dirección vietnamita traicionó el heroísmo y los sacrificios de los vietnamitas, la guerra de Vietnam sigue siendo una fuente de inspiración para los comunistas revolucionarios de hoy y un tesoro de experiencias positivas como negativas de la guerra revolucionaria. La experiencia que obtuvo el FLN en la guerra de túneles en gran escala sin duda tendrá gran valor en el período entrante.








