El linchamiento de Saddam Hussein

La constitución islámica de Irak prohíbe las ejecuciones en el día del festival de Eid, y Saddam fue ejecutado el día que los sunitas celebran el inicio de este festival (que para los chiítas se inicia un día después), para dejar en claro que los chiítas gobiernan a Irak; provocación esta que probablemente agravará la guerra civil. La ridiculización religiosa y la humillación de Saddam antes de ser ejecutado es una página sacada del manual de procedimientos de la cárcel de Guantánamo. La escena es representativa del Irak que Estados Unidos ha creado.
Tras la ejecución, Estados Unidos, Israel e Irán celebraron eufóricamente. De hecho, los editoriales de los medios oficiales iraníes bien pudieron haber sido traducidos y publicados por los medios estadounidenses más rabiosamente pro Bush y viceversa. Sin embargo, cuando las imágenes de la ejecución empezaron a transmitirse y el linchamiento era repudiado por todo el mundo, los gobiernos británico y norteamericano intentaron atenuar o al menos explicar su euforia inicial. Nouri al-Maliki, primer ministro títere, fue culpado de lo que Bush se vio obligado a catalogar como un espectáculo "poco digno".
Pero aunque la ejecución hubiera sido más "digna" o se hubiera retrasado unos días, su contenido político no hubiera sido menos reaccionario.
Saddam fue sentenciado a morir por la matanza de 148 aldeanos varones, como represalia contra el partido Dawa, dirigido por Maliki, que había intentado asesinarlo. Estados Unidos necesitaban ejecutar a Saddam por este hecho y no por sus otros crímenes. Deseaba frenar o por lo menos opacar un segundo juicio que recién se iniciaba, por la campaña de Anfal, en que las fuerzas armadas de Saddam gasearon entre 100.000 a 200.000 kurdos. Alemania le había suministrado el gas venenoso y Estados Unidos, que entonces apoyaba irrestrictamente a Saddam, encubrió la masacre y bloqueó las acciones de la ONU. El propio Rumsfeld pudo haber sido llamado a declarar para que explicara la famosa foto suya en que saluda a Saddam durante ese período. Según Robert Fisk, el periodista inglés, en las pocas audiencias del juicio realizadas antes de su ejecución, Saddam "se le prohibió formalmente a Saddam Hussein describir su relación con Donald Rumsfeld [o] hablar acerca del apoyo que recibió de George Bush padre" (The Independent, 6 de noviembre de 2006).
Estados Unidos, indudablemente, no deseaban que Saddam fuera ejecutado por matar a los kurdos, porque ésa es una vieja especialidad de sus adorados generales que gobiernan a Turquía.
El tercer juicio programado, la masacre de los árabes de Marsh, quienes se rebelaron contra Saddam después de la invasión norteamericana a Irak en 1991, también constituye una buena razón para hacer desaparecer a Saddam rápidamente y así evitar cualquier pregunta bochornosa sobre la complicidad del gobierno estadounidense, pues cuando sus cazas masacraron a los soldados iraquíes que huían de los invasores, tomó la decisión de no impedir la masacre.
Hay otros crímenes por los que Estados Unidos nunca tuvo en mente juzgar a Saddam. Al anochecer del día después del golpe de Estado que llevó al poder al partido Baazista de Saddam, fueron asesinados alrededor de tres a cinco mil sospechosos de ser izquierdistas, comunistas y nacionalistas revolucionarios, de una lista suministrada por la CIA. (Ver Larry Everest, Petróleo, poder e imperio, Common Courage Press, 2004). También está la invasión a Irán, sin duda el mayor crimen de Saddam. Por lo menos un millón de personas murieron en esta guerra entre dos regímenes reaccionarios. Esta guerra la instigó y alentó constantemente el gobierno estadounidense. Éste veía bien estas matanzas y actos, pues los apoyó y se benefició directamente de los mismos.
Estados Unidos no tenía ninguna base legal para juzgar a Saddam, ya que la ocupación por ellos dirigida, es ilegal. Es más, según el derecho internacional, a los invasores no les está permitido instalar tribunales especiales. Sin embargo, eso es exactamente lo que Estados Unidos hizo, ya que el parlamento iraquí aprobó una legislación para "nacionalizar" el juicio, varios días después de que las audiencias habían comenzado. El proceso judicial se realizó dentro de la llamada zona verde, que no es más que una gran fortaleza norteamericana donde no se permiten ciudadanos comunes; la embajada norteamericana regularmente emitía instrucciones a los jueces y además cubrió todos los gastos del proceso.
Estados Unidos estaba tan ansioso de juzgar a Saddam en un tribunal iraquí y no en una corte internacional, principalmente porque no reconoce la Corte Penal Internacional de La Haya. Si un tribunal internacional puede juzgar a personas por crímenes de guerra y de lesa humanidad, eso implicaría que, según han admitido funcionarios de la administración de Bush, Henry Kissinger, la figura vivo más importante de los años de la guerra de Vietnam o cualquier otro norteamericano bien sea un militar genocida o el propio presidente Bush, podría ser objeto de un juicio.
Cuando Saddam fue sentenciado a la horca, George Bush declaró que el juicio constituía "un hito histórico en los esfuerzos del pueblo iraquí por reemplazar al régimen de un tirano por el Estado de derecho". Y eso es precisamente lo que el juicio no fue. He aquí algunas razones:
Tres de los abogados defensores de Saddam fueron secuestrados y asesinados. Un cuarto sobrevivió a una balacera. Ramsey Clark, ex procurador general norteamericano y miembro del equipo legal de Saddam fue obligado a pasar la mayor parte del juicio fuera de Irak. Los guardias lo sacaron a rastras del tribunal por entregar documentos en que describió el juicio como una "farsa".
Estados Unidos quería a un juez hecho a su medida, por lo que el primer juez en jefe renunció porque no se le permitía ninguna autoridad sobre lo que ocurría en el tribunal. El segundo fue considerado muy "indulgente" con Saddam, porque lo permitía hablar en el tribunal. De buenas a primeras fue acusado de ser miembro del partido Baazista de Saddam y excluido del juicio. El tercer y último juez, el que Estados Unidos consideró perfecto, tuvo parientes que fueron víctimas de una de las matanzas por las que se juzgaba a Saddam. Eso no descalificaba al juez, más bien lo habilitaba.
Éste no fue un "juicio conforme al derecho" sino un ajuste de cuentas entre mafiosos. Prevaleció la fuerza armada y no el derecho y mucho menos la justicia. La idea de que Estados Unidos pueda dar lecciones de justicia es un chiste de mal gusto, después de la muerte de cientos de miles de iraquíes como resultado de una invasión y una ocupación bajo su dirección, la masacre de civiles de Faluya y las denuncias sobre el penal Abu Ghraib. La guerra llamada "Operación Libertad Iraquí" reemplazó a Saddam con una tiranía mayor y más brutal: la dominación directa del imperialismo norteamericano.







