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Mundo :: 07/09/2004

Estados Unidos tiene de rehén a los enfermos de SIDA

Un Mundo que ganar
9 de agosto de 2004. Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar.

La conferencia internacional sobre SIDA celebrada en Bangkok en julio de 2004 presenció airadas protestas de los habitantes de la ciudad y muchos trabajadores de salud y voluntarios de muchos países. Estaban muy enardecidos y con razón.

En el mundo, aproximadamente 65 millones de personas son víctimas del virus VIH (que con el paso del tiempo causa SIDA), lo que lo hace un asesino de proporciones históricas sin precedentes. Pero ni un jefe de Estado de ninguna gran potencia estaba dispuesto a asistir a la conferencia bianual, que es la principal reunión mundial de organizaciones de combate al SIDA, investigadores, activistas de servicios médicos y representantes gubernamentales.

En la conferencia, un mensaje del presidente francés Jacques Chirac retó a Estados Unidos por haber "ofrecido" un trato preferencial en relaciones de comercio bilaterales a cambio de que los países tercermundistas dejaran de producir y distribuir versiones de bajo costo de los medicamentos antiretrovirales que pueden ayudar a mantener con vida a las víctimas del SIDA.

Los medicamentos que fabrican las grandes trasnacionales cuestan diez mil dólares por paciente al año, pero una versión genérica idéntica, fabricada en Brasil, cuesta menos de 300 dólares al año. En agosto de 2002 en Ginebra y de nuevo en la cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Cancún en septiembre de 2003, se llegó a un acuerdo que permite la venta en los países pobres (y a éstos) de medicamentos genéricos que salvan la vida. Pese a los acuerdos, Estados Unidos exige categóricamente que los países pobres compren los medicamentos de las grandes farmacéuticas y sostiene que los medicamentos genéricos de bajo costo fabricados por otros países violan sus "derechos de propiedad intelectual". Para circunvenir los acuerdos hechos en las conferencias internacionales, la administración Bush ha estado negociando acuerdos de comercio bilaterales con varios países tercermundistas, con promesas de acuerdos benéficos en el caso de acatar las normas de "propiedad intelectual" estadounidenses y de no comprar las versiones de bajo costo de sus medicamentos antiretrovirales.

En noviembre de 2002, Estados Unidos anunció un plan para amarrar un nuevo "tratado de libre comercio" (semejante al Tratado de Libre Comercio de América del Norte o TLCAN) con la Asociación Aduanal del Sur de África: Botswana, Lesotho, Namibia, Sudáfrica y Suazilandia. Como parte del tratado, Estados Unidos presiona duramente por mayores controles sobre los derechos de propiedad intelectual y está muy determinado a prohibir la exportación de medicamentos genéricos fabricados en otros países. Tal prohibición impediría que Sudáfrica fabricara medicamentos genéricos contra el SIDA-VIH y que los exportara a otros países africanos que los necesitan con urgencia. La industria farmacéutica estadounidense hasta llevó al gobierno sudafricano ante un tribunal para obligarlo a dejar de fabricar una versión genérica de bajo costo de medicamentos antiretrovirales muy caros.

En algunos países imperialistas, como Francia e Inglaterra, la industria farmacéutica rivaliza a la armamentista como fuente de ganancias. Pese a lo que diga el gobierno yanqui, lo que defiende no son altas normas de fabricación de medicamentos ni "derechos de propiedad intelectual" en general, sino los intereses de sus gigantescas farmacéuticas. Estas empresas tienen más peso en las riquezas de la clase dominante francesa que en las de la estadounidense. Francia, como algunas otras potencias europeas, no duda en criticar la campaña estadounidense de monopolizar el mercado internacional de medicamentos porque tal campaña perjudica a algunas de las principales empresas francesas.

Es más, el gobierno norteamericano exige que la mayoría de sus fondos para los proyectos de combate al SIDA debe pasar por dependencias estadounidenses, que obedecen a los intereses económicos y políticos de la clase dominante capitalista monopolista estadounidense en conjunto. De esta manera su férreo control del financiamiento del combate al SIDA representa un chantaje político y económico a los países pobres y profundiza la dependencia y la pobreza de la mayoría de los pueblos.

El SIDA es un mal que se nutre de la desigualdad y relaciones de poder. Hay tantas víctimas del mal en gran parte debido a las relaciones desiguales entre hombres y mujeres que existen en todos los países del mundo.

Por ejemplo, algunos expertos señalan que la mejor manera de controlar el SIDA es teniendo relaciones sexuales entre parejas socialmente iguales. Pero no existe ninguna sociedad en el mundo actual en que hay igualdad entre hombres y mujeres. El fenómeno de los hombres mayores que persiguen a las mujeres jóvenes es una importante causa de la diseminación del SIDA en África y Asia. En algunos países, el mayor sector social que corre el riesgo de contraer el SIDA son las mujeres casadas, porque los esposos tienen esposas jóvenes y/o otras parejas sexuales. Incluso en los países ricos, los más oprimidos son quienes más padecen el SIDA.

Aunque a los políticos norteamericanos les gusta hacerse pasar por defensores de las mujeres, el historial mundial del gobierno en materia del SIDA es harina de otro costal. La administración Bush recortó muchísimo el financiamiento a la campaña africana y a una parte de la asiática de lo que iba a ser una campaña mundial de 15 mil millones de dólares contra el SIDA. Bush lanzó personalmente la campaña como "prueba" de la "bondad’ y "compasión" norteamericanas ante la furia mundial por su violación de Irak. Justificaron los recortes diciendo que uno de los siete organismos internacionales en cuestión participó en la campaña de control de la natalidad en China. La oposición a la popularización y la distribución de condones, una barrera simple y efectiva al contagio del SIDA, es un ejemplo de que las ideas medievales sobre la mujer que pregonan los países más poderosos e instituciones religiosas del mundo han causado enormes daños.

Asimismo, otro elemento que multiplica el mortífero poder del SIDA son las relaciones opresivas entre los países. Debido a la pobreza causada por el imperialismo y sobre todo a las presiones del imperialismo, con los nuevos medicamentos la mayoría de las víctimas del SIDA en los países ricos ahora puede llevar una vida casi normal por muchos años y por otro lado le depara una muerte temprana a la gente con SIDA en los países pobres.

Las relaciones entre los países imperialistas y los países oprimidos del tercer mundo no son meramente relaciones entre ricos y pobres, sino relaciones en que un puñado de países domina a la mayoría de los países y pueblos del mundo. Puede que los imperialistas no hayan inventado el SIDA, pero su sistema mundial y las relaciones opresivas y atrasadas que mantiene de diversas formas en todos los países hacen que un mal peligroso pero con tratamiento amenace con un holocausto de proporciones sin precedentes, sobre todo en África y Asia. Eso, sin lugar a dudas, es otro crimen de lesa humanidad.

Como ilustra la lucha en torno a los nuevos medicamentos contra el SIDA, los mayores obstáculos a la eliminación del mal no son científicos sino sociales. El imperialismo es el principal factor que está prolongando el sufrimiento de la humanidad.

 

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