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Cuba, Cuba :: 18/08/2026

Fidel, el pueblo y la verdad

Carlos Fazio
Hoy, cuando la guerra cognitiva arrecia y el líder ya no está, la isla sigue sus enseñanzas: resiste y lucha. Y sin duda, vencerá

A zancadas entre dos siglos al frente de una revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes en la mayor de las Antillas, Fidel encarnó hasta el final de sus días la conexión estructurada entre la dirigencia y la masa, como señaló Ernesto Guevara en El socialismo y el hombre en Cuba, texto dirigido a Carlos Quijano, director del semanario Marcha de Montevideo, en 1965. Allí el Che dijo cómo desde el inicio de la lucha armada se había ido gestando ese vínculo estrecho entre "el pueblo, masa todavía dormida" y los barbudos de la Sierra Maestra.

Ese diálogo entre Fidel y el pueblo-masa al que había que movilizar mientras se creaban las condiciones subjetivas para la victoria; ése decir la verdad, siempre, más allá de los errores, había iniciado en su fase final el 14 de abril de 1958 desde una radio clandestina ubicada en Pata de la Mesa, en el Alto de Conrado. Desde allí, a través de los micrófonos de Radio Rebelde, Fidel pronunció sus primeras palabras denunciando el control absoluto de la prensa escrita, radial y televisiva por la tiranía de Fulgencio Batista: "Mientras ocultan la verdad a toda costa, divulgan la mentira por todos los medios."

La confianza y la credibilidad de las transmisiones de Radio Rebelde radicaba en el contacto directo con el pueblo de los líderes de la gesta revolucionaria, comenzando por Fidel, mediante un lenguaje ajeno a formalismos retóricos y sobre la base de la más absoluta transparencia. Además de dar a conocer la vitalidad del foco guerrillero en la Sierra Maestra y romper el cerco mediático de la dictadura batistiana, que impedía a la población tomar el pulso de la creciente actividad insurgente, la emisora perfiló un inédito modelo de comunicación asociado a las luchas populares. Sumado a su inmediatez y capacidad multiplicadora -las emisiones fueron realizadas diariamente desde el 24 de febrero de 1958 hasta el 1° de enero de 1959 en dos horarios nocturnos-, las transmisiones a través del éter generaron un mayor impacto en la población, pudiendo superar las dificultades de circulación de la prensa escrita clandestina. Se agregaba a ello su papel estratégico por ser un medio de divulgación masivo y por su carácter esclarecedor, orientador y movilizador, sobre la base de que todos los mensajes estaban avalados por la verdad. "En la Radio Rebelde -afirmó Fidel- no se puso nunca ni una bala de más, ni se dijo una mentira".

Cuando la revolución apenas empezaba a gatear -no habían pasado ni dos semanas de la victoria-, el aparato propagandístico de EEUU de la era Eisenhower, principalmente a través de sus agencias cablegráficas AP y UPI, revistas como Life, Newsweek, US News and World Report y sus principales periódicos, montó una campaña de intoxicación mediática internacional acusando a Fidel Castro y a otros dirigentes del proceso de convertir al país en un "baño de sangre" con los juicios de los tribunales revolucionarios y las sanciones de fusilamiento a un grupo de los más connotados criminales de guerra de la dictadura de Batista.

En respuesta, Fidel convocó a la "Operación Verdad" en el hotel Habana Riviera de la capital cubana los días 21 y 22 de enero de 1959. Allí comenzó el enfrentamiento que hoy conocemos como guerra mediática. Muchos años después, Fidel dijo: "Si no se está dispuesto a desafiar los riesgos de cualquier tipo, los riesgos de agresión militar como los riesgos de su propaganda, no se puede dar respuesta adecuada al enemigo; intimidarse frente a la propaganda es como intimidarse frente a los fusiles del enemigo. No hay que tener miedo a nada". Pocos meses después nacía la agencia Prensa Latina (PL).

En 1989, tras la implosión de la URSS y la descomposición del campo socialista en Europa Oriental, la dirección cubana se vio obligada a aplicar el llamado Periodo Especial. En septiembre de 1990, al abordar las dificultades que enfrentaban el país y la Revolución ante la gravedad de la situación en Cuba, Fidel dijo: "Ahora, les pregunto (...) ¿Qué vamos a hacer, darnos por vencidos? ¿Rendirnos? ¡Jamás! ¿Qué vamos a hacer? ¿Vamos a renunciar a la revolución? ¿Renunciar al socialismo? ¿Renunciar a la independencia? ¡Jamás! Lo que debemos hacer es resistir, luchar y vencer, por supuesto."

Cuba vivía una trágica soledad. Desde Washington, la administración de George Bush padre intentó sacar réditos. Acorralar a Cuba fue la consigna. Fidel había reconocido que el campo socialista ya no existía y EEUU intentaría una vez más torcerle el brazo. La contradicción volvía a ser anexión versus independencia nacional. EEUU exploraba nuevos mecanismos de presión y su nueva punta de lanza para la etapa sería el denominado "Proyecto TV Martí". Para justificar su accionar subversivo desestabilizador, los políticos estadounidenses se escudaban en una doctrina de seductora y demagógica denominación: "Libre flujo de información".

Pero la "Tele-agresión" -como la denominaron los cubanos- era una acción de ablandamiento con claros objetivos políticoideológicos. Producto del Documento de Santa Fe II, formaba parte de la guerra sicológica al servicio de la desinformación. Fidel la calificó como una estación "gusana" y "subversiva" al servicio del Departamento de Estado. La emisora comenzó a transmitir a las 1 horas 45 minutos del 27 de marzo de 1990, pero no habían pasado 10 minutos, cuando la eficaz interferencia electrónica de un grupo de científicos y técnicos cubanos pareció dar la razón a quienes, en EU, consideraron que el proyecto era una "estupidez". Fidel lo explicó como una cuestión de soberanía e independencia. Dijo: "Una vez más, esta es la guerra entre David y Goliat. Una guerra electrónica. Y ahora bien, ¿por qué fue derrotado Goliat? Por bruto."

Hoy, cuando la guerra cognitiva arrecia y el líder ya no está, la isla sigue sus enseñanzas: resiste y lucha. Y sin duda, vencerá.

La Jornada

 

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