Hace tiempo se terminó el pan, comienza a terminarse el circo: El retorno de la lucha de clases

¿Quién hizo sonar nuevamente
el viejo tambor destemplado?
¿Quién fue que arrimó los barriles
que aguantan el nuevo tablado?
¡Rascá la cáscara!
¡Bailá de máscara!
Jorge Lazarof
El agravamiento del conflicto con Argentina por la instalación de las mega plantas de celulosa, la primer ocupación de tierras desbordando los planes anodinos del gobierno para la recuperación de la producción cañera, y -por último, pero en primer lugar- el enfrentamiento obrero-patronal abierto en torno a las ocupaciones de fábricas, son los hitos de estos últimos tiempos. En todos estos casos el gobierno fue sorprendido por un aflorar virulento e inesperado -para él- de las esperadas contradicciones.
Comenzó siendo un diferendo lateral por la instalación de las mega-plantas de celulosa, el gobierno ninguneó cómodamente a los ambientalistas uruguayos y quiso sacarse de encima a los argentinos esperando que fuese el gobierno vecino el que los contuviese. Hoy es casi un callejón sin salida. La movilización de masas en Argentina camina con sus propios pies y ha escapado al control de su gobierno. Trasciende el ámbito tradicional de un conflicto ambientalista y no conocemos antecedentes en el mundo en que un problema de este tipo haya cobrado esta dimensión transformándose en un conflicto diplomático cada vez más profundo empujado por la movilización casi totalmente espontánea de las masas populares.
Cierto es que el fenómeno cobra caudal por sus particularidades, estar en la frontera, intereses económicos encontrados entre los Estados, intereses políticos espurios entreverados en la cosa, etc. Pero los sesudos voceros del gobierno o de la derecha, ¿no se dieron cuenta de esto antes de meterse en terreno resbaladizo? El gobierno uruguayo, precisamente, debió tenerlo en cuenta antes de servirle en bandeja a Kirchner esta oportunidad de mostrar su antiimperialismo de papel -en sentido literal y figurado- sin ningún costo para sí mismo, que es precisamente lo que necesita.
Para el gobierno uruguayo hay entonces dos opciones: o bien hacer una concesión en el cronograma de instalación de las plantas para darle aire al gobierno argentino y permitirle controlar la situación (opción que ahora busca sin decirlo después de dejar pasar el tiempo peligrosamente), o seguir en una escalada de costos crecientes. Es gracioso que ahora se pretenda reclamar ante el Mercosur después de haber servido como cuña pro-imperialista ante los más pequeños forcejeos de resistencia de los otros gobiernos de seudoizquierda de la región, ¿qué esperan que hagan estos ahora? Le pasarán la factura al cipayo uruguayo.
Muy a lo pequeño-burgués, el gobierno frenteamplista comienza con un discurso "realista" (hay que aceptar el mendrugo de la inversión capitalista transnacional aún a los precios más viles y en las condiciones en que venga) para pasarse de pronto al discurso "ético" reclamándole un trato justo a los gobiernos vecinos igualmente viles ¡cuando este pequeño y débil país ya ha renunciado a su única defensa ética!
Lo que comenzó como un cuestionamiento ambientalista amenaza convirse en un cuestionamiento clasista a la estrategia económica del monocultivo, a la subordinación sin tasa a cualquier inversión capitalista transnacional, a la renuncia a la soberanía alimentaria del país en aras del modelo capitalista dependiente exportador. El mismo modelo contra el cual se levantó la resistencia popular inspirada por el pensamiento de izquierda en este país, la misma resistencia que llevó a dicha izquierda al gobierno.
Pero lo más importante de los últimos sucesos ha sido el conflicto de la curtiembre Naussa. Era una ocupación obrera en respuesta al despido de un sindicalista (una situación muy común en este período en que la pulseada entre trabajadores y patrones en torno a los derechos sindicales es un punto álgido) además de las inaceptables condiciones de trabajo. De pronto se vio enfrentada a una táctica agresiva y extremista de parte de la patronal: reclutar trabajadores por medio de incentivos económicos para crear un sindicato amarillo, y con ellos luego realizar un ataque violento contra la ocupación obrera y desalojarla. Pero los trabajadores del gremio de curtidores -uno de los más antiguos del país- se movilizan, y trecientas personas rodean la fábrica emplazando a los patrones a desalojarla. La dirección del PIT-CNT los respalda. La policía interviene por órdenes directas del Ministerio del Interior y aconseja a los patrones a desalojar pacíficamente la planta, que es reocupada por los trabajadores.
Ante esto, los medios de prensa burgueses y de la derecha reivindican el derecho de propiedad y se escandalizan porque la policía contribuyó de alguna forma a la recuperación pacífica de la planta por los trabajadores. Esta enajenación de sus manos del instrumento represivo clásico y acostumbrado contra la lucha obrera los llena de inquietud. La burguesía no siente que este gobierno responda plena y eficientemente a sus intereses y ante esa "sensación de inseguridad’ la campaña ideológica burguesa recrudece. Naussa es un paso más adelante sobre Ciudad Vieja (*). En aquella vez vimos una "acción directa" de la burguesía utilizando piezas del aparato estatal por el costado del gobierno. Aquí vemos una acción directa en el sentido estricto, por fuera del aparato estatal y de las instituciones. La prédica del aparato ideológico burgués es la cobertura necesaria para justificar la violencia anti-obrera abierta, y su fundamento central es la defensa irrestricta de la propiedad privada burguesa.
El gobierno frenteamplista y la dirección del movimiento sindical forman un frente, aunque con matices. Su centro es la defensa de la mediación institucional y el orden establecido. Están de acuerdo en el sostenimiento del sistema capitalista, pero tratan de encauzar los reclamos obreros dentro de las vías institucionales. Es esto lo que le ofrecen a la burguesía, y están preocupados porque "una minoría" de los empresarios no les compra lo que ofrecen. El hecho es que esa minoría es el emergente del malestar general de la clase burguesa, que aún no cobra una mayor dimensión pero que sin duda cobrará. Porque la conciliación de clases tiene patas cortas.
Para la cúpula del movimiento sindical el camino adoptado es muy resbaloso. Se recuesta en el gobierno porque es el camino más fácil ante la precariedad de sus propias fuerzas, pero todos los favores se pagan. La ley de fueros sindicales viene acompañada de la "regulación" de la actividad sindical. El gobierno intenta promover verticalmente un sindicalismo dócil y controlado a cambio de protegerlo de las ínfulas burguesas ofreciendo al mismo tiempo a la burguesía este servicio de contralor y contención a cambio de que dicha clase renuncie al uso directo de la fuerza y se amolde a la mediación institucional.
¿A qué se debe el relativo silencio de nuestra llamada izquierda radical sobre estos hechos? No encontraremos nada importante en los medios de prensa del Movimiento 26 de Marzo, tampoco en los otros sectores menores del ala izquierda frenteamplista que va quedando. ¿Y la izquierda extrafrentista? Tampoco.
En los momentos de vergonzosas defecciones del reformismo socialdemócrata como es el caso actual, reaparecen en el movimiento espontáneo de la clase las reacciones primarias. La saludable desconfianza a toda forma de mediación institucional se cristaliza y se piensa que es esa mediación causa de las defecciones. La auténtica reacción visceral de la clase contra esas defecciones debe ser la base para desarrollar una política clasista en un nivel más amplio. Pero la construcción ideológica que hace de la precariedad virtud, es primitivismo. Como el hombre abandonado por su mujer que escribe un tango (de esos que le gustan a Tabaré, o un bolero), atribuye su drama a la "naturaleza" de la "la frágil mujer" en vez de prestar atención a los problemas concretos de la relación y a su participación en eso. Es más cómoda la autoconmiseración.
¿Por qué ha ocurrido esta vergonzosa traición de la dirección frenteamplista? Muchos elementos han contribuido a ello, pero en definitiva se dividen en dos clases: lo que no podemos modificar, y lo que podemos modificar. Y éstos tienen que ver con nuestros propios errores, carencias, inhibiciones, inmadurez, primitivismo.
No le pediremos peras al olmo ni fecundidad revolucionaria a las instituciones burguesas. Pero salta a la vista que en momentos de profunda indefensión política de la clase, lo peor es acentuar el aislamiento de los pequeños núcleos de activistas radicales respecto de la masa social de la clase, incluyendo sus sectores más atrasados y expectantes de lo que pueda darle el actual gobierno. A ese aislamiento contribuye la actitud de algunos de estos círculos de dar la espalda a la acción política propiamente dicha en toda su amplitud. Esto le ha facilitado las cosas al oportunismo reformista. Y el resultado es el que vemos: ¡Una indefensión política de la clase todavía mayor!
En el caso de la curtiembre Naussa la policía y el gobierno -dentro de las contradicciones que tiene todo proyecto de base socialdemócrata por más jugado que esté a la fidelidad al captialismo- no han ocupado en apariencia un lugar pro-patronal directo, lo han hecho en una forma virtual ofreciendo a la clase burguesa un servicio más mediato y mediado de lo que ella reclama. Precisamente allí está la causa del escándalo en las instancias ideológicas de la burguesía. Pero el interés último y estratégico de la clase burguesa no coincide con el interés inmediato de los burgueses privados, esa función de mediación es precisamente la función de un gobierno burgués.
Y la misma razón por la cual los medios ideológicos burgueses reaccionan así, es la causa por la que los medios ideológicos precaria y primitivamente proletarios de nuestra izquierda radical no aciertan a reaccionar. Como no ven al gobernante y al policía parados-allí-junto-al-patrón no aciertan a reconocer al enemigo. El pequeño enemigo eventual ha pasado a ser más importante que el enemigo principal.
La movilización espontánea de la clase para reocupar la planta ha aplicado en los hechos la consigna de la Plenaria: Si tocan a uno nos tocan a todos. Ha dado una respuesta inmediata y directa a la acción represiva directa de la burguesía que se saltea el aparato del Estado. Y dada la especial coyuntura, ha tenido la oportunidad y la fuerza de neutralizar por un momento la acción represiva del Estado burgués. Eso es una ventaja de la situación, no un problema.
¿De qué situación estamos hablando?
La restauración hace veinte años de la institucionalidad democrática (aún viciada por el pacto de impunidad con los militares, y cada vez más por la expropiación de las decisiones por los organismos imperialistas de crédito) significó la restauración no del viejo Uruguay batllista, pero sí de su mitología. La mitología del progreso, la paz social y la colaboración de clases.
Pero en los tiempos del batllismo -el original, no la copia- esa mitología era la visón agigantada de una pequeña circunstancia favorable -para un país de este tipo- en la coyuntura del sistema capitalista mundial. De allí surgió ese avatar, un estado bonapartista hipertrofiado con una débil burguesía nativa recostada y compensando en él su estrechez e incapacidad, una suerte de Estado de Bienestar Keynesiano en miniatura, con su colchón amortiguador de sectores medios. Pero no podía durar y no duró, globalización neoliberal mediante. La realidad cobró su cuenta con el advenimiento de la dictadura militar.
El Estado de Bienestar Keynesiano en los países capitalistas centrales de mediados del Siglo XX, incluyendo en algunos casos gobiernos socialdemócratas, tuvo como base una coyuntura especial de la lucha de clases donde la clase obrera logró una forma de distribución menos regresiva de lo conocido hasta el momento, a la que la burguesía se avino para prevenir un desborde revolucionario y de la cual supo incluso sacar provecho. Pero para que la misma fuese posible era necesaria una base de expansión capitalista. Y así, cuando la tasa de ganancia capitalista comenzó a disminuir, la burguesía cambió su estrategia volviendo a las políticas económicas neoclásicas. Lo mismo dentro de su pequeña medida ocurrió en el paisito. Primero se aprovechó una coyuntura distributiva particular que permitía tomar una mayor proporción de excedente y reciclarlo hacia un débil desarrollo industrial y un hipertrofiado aparato estatal. La débil burguesía creció prendida a la teta del Estado, y cuando se terminó la coyuntura favorable de las guerras e inevitablemente esa teta se secó, descargó hacia allí su resentimiento. Al igual que en el resto del mundo capitalista propició el desmantelamiento neoliberal de ese mismo "Estado paternalista" que le había permitido vivir, y así selló su propia suerte.
La restauración de la mitología batllista estatista sin su base material debió seducir entonces a la clase obrera con bienes políticos a falta de los económicos, cuanto menos pan más circo. Es por eso que el involucramiento de la izquierda reformista pasó a ser necesario. Pero cuanto más necesario, más desgastante para el reformismo en tanto su colaboración activa con el poder burgués, y con un poder burgués cada vez más dependiente y de resultados más estrechos, hace que sea cada vez menos reformista. Cada vez menos pan hace cada vez más necesario el circo, pero las piruetas son cada vez más difíciles. Al final alguien termina reventado, esa es la inevitable ley del circo.
Complementemos estos conceptos. Carlos Real de Azúa desarrolló el concepto de "sociedad amortiguadora" para describir a la sociedad batllista, viendo seis "invariables" en la Historia uruguaya. Esas invariables han variado, y esa variación nos permitirá medir la esperanza de vida que resta de esta sociedad amortiguadora. De esas seis invariables dos son estructurales: el famoso "estado-tapón" y la debilidad básica de la burguesía; dos son coyunturales: los lazos flojos de la dependencia de aquel momento, y la capacidad de contención o "amortización" del disenso social limitándolo a los márgenes de la sociedad; y dos son superestructurales: un elenco político estable que se renueva por rotación, y una impronta ideológica instituida que da el tono democrático y a la vez mesocrático de nuestra cultura y nuestra política.
El estado-tapón es hoy el estado-cuña al servicio de imperio de turno, como siempre. La débil burguesía uruguaya vende sus servicios de cipayismo al imperio a cambio de que se compensen sus favores políticos con un trato preferencial dentro del estatuto imperial que le de el aire que su debilidad material no le da. Vender el alma, así le dicen. Solo que como los burgueses no tienen más alma que el bolsillo, es el gobierno de la izquierda reformista el que tiene que asumir como vendedor y garante, de otra manera nadie tomaría la oferta.
Eso es lo que explica que el elenco político tradicional, luego de desgastarse y agotarse, resulte relevado en ese puesto y con la misma función por el nuevo elenco político proveniente de las filas de la izquierda. Una vuelta de tuerca sorprendente en la reconstitución del régimen político burgués luego de una crisis muy severa que habilitó el recambio político-partidario más drástico en la historia del país... ¡para continuar con el mismo programa burgués! Lo mismo ocurre con la ideología burguesa dominante y tradicional en el país. La farsa democrático-burguesa ha dejado de ser creíble si no hay cambio de actores, y si no se rescribe en parte el propio guión. El guión típicamente reaccionario debió ceder lugar al discurso reformista, pero ese discurso se mimetiza a su vez al viejo discurso reaccionario. Esos cambios fueron absolutamente necesarios para que el espectáculo pueda continuar.
Pero no todo puede continuar. Aquella coyuntura internacional que hizo posible el Uruguay de la vacas gordas ya no existe, no puede volver a existir. Ya no hay más expansión material capitalista en la periferia en que se pueda retener algo del excedente. Ya no hay base aquí para ningún margen de reformismo socialdemócrata.
Las promesas reformistas están intentando contener la agudización de las contradicciones de clase. Pero la base material para esa política es cada vez más precaria. El primer año del gobierno frenteamplista tuvo su gran protagonista: el Plan de Emergencia. Como programa asistencialista hacia los más indigentes tiene una dimensión económica muy pequeña, pero su importancia política ha sido muy grande. Cumplió el objetivo de montar un nuevo dispositivo de control y contención de esos sectores. Pero las limitaciones materiales terminan imponiéndose sobre la ilusión, hoy ya nadie habla del Plan de Emergencia.
Ese primer año ha sido testigo también de la reinstalación de la negociación salarial, el surgimiento de nuevos sindicatos y el fortalecimiento de los existentes. La derogación de un decreto represivo que atacaba las ocupaciones obreras de lugares de trabajo no ocasionó (como dicen los medios ideológicos burgueses) el aumento de las mismas, en realidad fue una retirada conveniente del Ministerio del Interior ante el avance de la actividad sindical que iba a ocurrir de una manera u otra. Durante este primer año este avance pudo ser canalizado por los circuitos de negociación controlados por el gobierno. Pero los miserables resultados a los que se llegó, de hecho una congelación salarial aprobada por los sindicatos, está agotando el margen de maniobra de las cúpulas sindicales oficialistas.
Mientras el gobierno apuesta a "regular" la actividad sindical, la lucha de clases comienza a desbordarlo por ambos lados. Una golondrina no hace verano ni un empresario desbocado representa una ofensiva burguesa. Pero es un indicador de la inquietud que va tomando cuerpo en esa clase. En cambio, una respuesta obrera que logra poner las cosas en su lugar y hace retroceder al enemigo es algo más que una golondrina solitaria. Las cosas no son simétricas, un triunfo de la clase social de los vencidos, no es nunca un hecho aislado. Siempre comienza siendo al menos una posibilidad, una invitación, una esperanza.
El problema, en todo caso, es si se sabe aprovechar estas posibilidades.
Nota:
(*) El 11 de noviembre de 2005 una movilización contra la venida de Bush a la Cumbre de Mar del Plata fue motivo de una feroz represión y detención de varios militantes. Un juez de conocida trayectoria reaccionaria y pro-militarista proceso a cuatro de ellos por "subversión", yendo más lejos en la línea represiva que el pedido de la fiscal (que responde al gobierno). Las protestas callejeras consiguieron mes y medio después su liberación, aunque continúan procesados. Ver la lucha continúa Nro.







