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29/10/2020 :: Mundo, Medio Oriente, Mundo

¿Nació muerta la normalización de lazos entre Israel y Sudán?

x Mohsen Khalif Zade
El pueblo sudanés se opone a ser cipayos

EEUU anunció la normalización de lazos entre Israel y Sudán, que se convirtió en el tercer país árabe en hacer las paces con Tel Aviv en el último mes.

En abril de 2019, Omar al-Bashir, presidente de Sudán durante más de tres décadas fue derrocado en un golpe militar. Más tarde, en agosto, se formó un gobierno de transición conjunto formado por altos funcionarios del Ejército y civiles.

El consejo cívico-militar de transición recibía el apoyo de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), hecho que significa que el nuevo Sudán va a acatar todas las órdenes de Riad y Abu Dabi.

El primer ministro interino de Sudán, Abdulá Hamduk, ha rechazado en varias ocasiones hacer las paces con al régimen sionista, y dijo que normalizar nexos con Israel no está dentro de su autoridad, pero se vio obligado a rendir ante las presiones de los líderes del consejo militar, en especial Hamdan Daqlu y Abdolá al-Burhan, dos aliados muy cercanos a los emiratíes.

Daqlu y Al-Burhan acojan tan rápidamente la relación con Israel porque las dos personas están tratando de evitar un juicio en el Tribunal de Crímenes de Guerra por su papel en el genocidio en Darfur, y apoyar a Donald Trump para que gane las elecciones de EEUU, el 3 de noviembre.

Al mismo tiempo, el presidente de EEUU, Donald Trump, sacó a Sudán de la lista de los Estados patrocinadores del terrorismo. El mandatario estadounidense, además, afirmó que “al menos cinco estados árabes más” querían un acuerdo de paz con Israel.

El acuerdo con Sudán se produce semanas después de que los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Baréin normalizaran sus relaciones con Israel. Egipto y Jordania firmaron acuerdos de paz con el régimen de Tel Aviv en 1979 y 1994, respectivamente. Mauritania, miembro de la Liga Árabe reconoció a Israel en 1999, pero rompió los lazos diez años después.

El primer ministro sudanés, Abdalá Hamduk, agradeció a Trump por eliminar a su país de la lista de terrorismo de EEUU y dijo que el Gobierno sudanés estaba trabajando “por unas relaciones internacionales que sirvan mejor a nuestro pueblo”.

Sudán había sido enemigo de Israel desde la creación de facto de este régimen en 1948. Famoso, fue el lugar de una declaración contra la normalización con Israel en 1967, cuando la Liga Árabe, reunida en la capital, Jartum, juró que no hará la paz ni reconocerá ni tampoco entablará negociaciones con este régimen.

Sudán luchó en guerras contra Israel en 1948 y 1967, proporcionó un refugio para los grupos palestinos. Pero todo eso cambió con el derrocamiento de Omar al-Bashir, y su reemplazo por un consejo cívico-militar de transición.

La normalización de lazos con Israel dividió a Sudán

El anunció de paz con Israel nació muerto porque ha dejado al descubierto profundas divisiones sociales en Sudán. Algunos lo critican como una traición y otros lo ven como una forma de salvar la economía.

Sudán, un país que atraviesa una transición difícil desde la destitución en abril de 2019 de Al-Bashir luego de protestas masivas contra su gobierno. Para algunos, la paz parecía ser una cuestión de pragmatismo económico para poner fin al aislamiento internacional.

Otros, sin embargo, lo vieron como una “traición” a la causa palestina, y que el consejo cívico-militar de transición no tiene autoridad para adoptar una medida tan importante. Hacer las paces con Israel requiere aprobación del Parlamento, que todavía este país no tiene.

Según los analistas, la prioridad para el gobierno de transición era salvar la economía, ya que la inflación se ha disparado a más del 200 por ciento. La normalización de nexos con Israel y salir de la lista de terrorismo permitiría que la “economía floreciera”, añadieron.

Otros dudan que la paz con Israel ayude a estabilizar la economía del país, ya que vieron cómo Egipto y Jordania siguen hundidos económicamente, a pesar de que llevan décadas manteniendo buenas relaciones con Tel Aviv.

La normalización con Israel nació muerta, dado que contradice la ley nacional sudanesa, en la que el boicot al régimen israelí sigue vigente.

En una encuesta realizada a principios de este mes por el Centro Árabe de Investigación y Estudios Políticos, solo el 13 por ciento de los sudaneses apoyaba la normalización con Israel. El 79 por ciento rechaza tener relaciones con este régimen.

Teniendo en cuenta lo mencionado, la normalización de lazos con Israel ha alimentado la ira contra el gobierno de transición de Sudán. La reacción de las partes y figuras influyentes en el país africano a la declaración de normalización de las relaciones de Jartún con Tel Aviv muestra que existen obstáculos muy serios a los que se enfrenta este problema.

En esta ocasión, los partidos Naserista, Baasista y comunista y gran parte de las fuerzas conocidas como la “Declaración de Libertad y Cambio” se oponen a esta nueva conspiración, y han declarado oficialmente que nunca darán marcha atrás en la lucha contra esta vergüenza histórica.

La paz con Israel nació muerta porque a diferencia de lo sucedido en las monarquías Emiratos Árabes Unidos y Baréin, donde no hay espacio para la disidencia, en Sudán gobiernan unas instituciones transitorias tras la caída de Al-Bashir hace un año y medio que mantienen un precario equilibrio entre todo tipo de fuerzas políticas.

El sábado varios partidos se han manifestado en contra del acuerdo con Israel mientras que casi ninguno le ha dado su apoyo. El partido Baas de Sudán dijo que “el gobierno de transición no está autorizado a tomar tal medida con un país usurpador y racista”.

Por su parte, Sadiq al-Mahdi, líder del partido Umma, se negó a participar en una conferencia religiosa junto al vicepresidente del Consejo cívico-militar, Hamdan Dagalo, en protesta por el acuerdo con Israel.

Por lo tanto, facciones políticas del país árabe no solo han alzado la voz contra el pacto, sino que han expresado su intención de formar un frente de resistencia contra la normalización.

El acuerdo con Israel nació muerto, dado que la normalización no podrá entrar en efecto sin ser ratificado por el parlamento sudanés, o Consejo Legislativo, un órgano que de momento no existe y que tampoco se puede asegurar que se cuente con su aprobación una vez constituido.

Hispan TV

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