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08/06/2022 :: Uruguay, Mundo

Jorge Zabalza y el Guevarismo: el delgado hilo de la tradición

x Ricardo G. Viscardi
Jorge nos hace hoy más falta que nunca

La coherencia que se destaca en la trayectoria política de Jorge Zabalza proviene de su adhesión sin dilaciones a una concepción imperiosa y necesaria de la emancipación. Contrariando las estimaciones de los analistas más educados, esa insumisión cunde hoy día bajo otras formas. La incidencia de la figura de Jorge no cesará, en cuanto proviene de la fidelidad más rigurosa al significado de la liberación, que emerge desde el trasfondo de la memoria colectiva.

CÁRCEL CENTRAL

Conocí a Jorge Zabalza en Cárcel Central, es decir, en la Jefatura de Policía de Montevideo, a mediados de 1969. Yo venía de ser detenido tras cierto trayecto de fuga; Jorge había caído como miembro de un grupo militar fuerte del MLN-Tupamaros (junto con Nicolás Estévez, Natalio Dergan y Ataliva Castillo).

El grupo que integraba Zabalza planeó una fuga, por una escotilla clausurada que pensaban forzar en el techo del corredor y que llevaba a la azotea del edificio. Yo había pertenecido a un grupo más imaginario que guerrillero, Jorge ya contaba con experiencia internacional e incluso, formación militar regular, calidad sumamente escasa, sino inexistente, entre la mayoría de sus compañeros. Aquel cuadro militar de la guerrilla hizo confianza, sin embargo, con ese muchacho con escasa militancia estudiantil que era yo por entonces y me invitó a participar de la fuga.

Decliné la invitación por dos razones: mi padre adolecía de una enfermedad neurológica que se me decía, parecía agravarse por mi causa, además, el abogado me afirmaba que saldría en pocos meses, ya que la imputación no era de entidad mayor.

Le expliqué a Jorge esas circunstancias y aunque finalmente se debió desistir de la fuga planeada, para siempre quedó en mi memoria el recuerdo de aquella generosa invitación. Sobre todo, porque habla de una confianza firme en los que forman parte de una causa que, para cierta sensibilidad, es tan indeclinable como compartida. Ese rasgo de identidad quizás sostiene el extendido reconocimiento que hoy recoge Jorge, sobre todo entre quienes perseveran en un horizonte de lucha.

COHERENCIA

El término "coherencia" admite, paradójicamente, significaciones incoherentes entre sí. Se puede entender que existe una coherencia en las ideas, pero tal coherencia ni excluye la modificación de contenidos, ni exige trascender el terreno de las convicciones. Se puede entender que existe coherencia entre lo que se declara y las actuaciones, o incluso, entre las inclinaciones personales y el contexto donde adquieren legitimidad. Cuando el término se emplea, como en el caso de la figura de Zabalza, en un sentido político, se entiende que la persona a la que califica no abandona el compromiso con un proyecto público.

Pero incluso en esta última acepción, las atribuciones de "coherencia" permanecen teñidas de equivocidad.

Se ha acostumbrado elogiar, por ejemplo, a políticos conservadores en sus convicciones y actuaciones, que llevan cierta coherencia hasta abandonar un mayor provecho en los negocios personales. Tal declinación del interés propio se destina, por su propia motivación, a beneficiar a término al sector social del que proviene el "desinteresado", que no dejará de cosechar de forma derivada, incluso como influencia entre sus pares, los frutos que supuestamente habría cultivado para otros. Cierta tendencia del "coaching" empresarial consideraría perjudicial, incluso para las mayorías sociales, una actuación que no propiciara el más edificante lucro ("social") personal de cada quien.1

Una variante particularmente tóxica de la misma especie prospera bajo el cariz benévolo de cierta militancia partidaria, que exhibe la "renuncia" a rutilantes carreras (eventualmente académicas) por el "bien común".

El argumento de la renuncia o incluso de la donación de cuota parte de abultados ingresos personales suele en este caso, al igual que en el de los empresarios que abandonan los negocios personales por la "causa pública", esconder el más pueril beneficio del poder: el renombre, las relaciones, la ubicuidad institucional, el acceso a la información. Estos proventos "intangibles" suelen traducirse, bajo el manto de la bondad más ingenua, en sutiles accesos de allegados (o incluso familiares) a cargos en la órbita de influencia del mandatario, o en designaciones "ex-post-función".

No es necesario llegar al extremo de los ex-funcionarios de la Unión Europea (pro-occidental) que pasan a ocupar cargos de "asesores" de empresas transnacionales para encontrar ejemplos de estas "renuncias al interés personal".

En relación a la "coherencia" es recomendable seguir el criterio de Foucault para calibrar una actuación: no guiarse por las declaraciones, sino por lo que se hace y contra quien se lucha.2 Incluso en el sentido de cierta connivencia entre el poder y la situación social, que trasciende la mera acepción contable del dinero, Jorge Zabalza fue más allá de lo admitido. En sus propias palabras "se suicidó socialmente".

No sólo su trayectoria personal lo llevó a abandonar un lugar privilegiado desde la cuna, sino que también renunció a la "zona de confort" institucional que le hubiera brindado el status quo político. Jorge eligió la "puesta al límite", el "más allá", un gesto que los que hacen filosofía identifican proverbialmente, porque proviene de la tradición metafísica y desde allí irriga el conjunto de nuestro ethos, que conviene entender como "el carácter y la costumbres de un pueblo".

EL GUEVARISMO

Quizás Zabalza protagonizó como nadie y particularmente en el MLN-Tupamaros, el guevarismo. No sólo lo pautan así ciertos gestos, ya que como el rosarino, abandonó en aras de una misión superior una situación social primero y un rol destacado después, sino que también en su caso, cierta necesidad imperiosa de emancipación configura sin dilaciones la conducta política. La carga de voluntarismo que caracterizó al guevarismo se inscribe de lleno en la concepción del Hombre Nuevo, que llevó al Che a postular incluso en el plano económico, la eficacia de los "incentivos morales".

Pocas estrategias se han visto tan desamparadas por el curso concreto como el voluntarismo guerrillero, guiado por la máxima foquista "El deber de todo revolucionario es hacer la revolución".

Pero al mismo tiempo pocos horizontes se han visto tan respaldados por la explosión súbita de la rebelión, como la apuesta insumisa a un horizonte de liberación. Esta paradoja que hoy salpica las bitácoras de los analistas más educados (que suelen ser teóricos de la educación), a través de los estallidos sociales que pautan desde hace una década el presente latinoamericano y mundial, obedece a una economía que no se puede contabilizar ni soslayar: la de la liberación.3

Esa economía proviene del mismo arcano que el Hombre Nuevo: la tradición cristiana.

El desarrollo del análisis de lo social ha permitido, una vez que se lo consideró a través del efecto simbólico del discurso, entender alternativamente la interpretación cristiana del mandato divino. Bajo esa lectura surge de la revelación divina un destino de salvación para el humano, como efecto de una "nueva alianza", en la que el destino de la Humanidad se alumbraba, incluso y desde ya, en la trascendencia del horizonte mundano de la existencia (y no en la ignorancia que propiciaría un "más allá" insondable). Contrariando la crítica que la Modernidad hizo del oscurantismo medieval hoy se lee, en la Ilustración, un acaecimiento secularizado del cristianismo y en el poder ciudadano, la reversibilidad de un mandato trascendente.4

La propia Iglesia es devorada por un retorno con efecto de boomerang, que proviene de la misma secularización que habilitó en su despliegue inicial como "evangelización". Casi a diario nos enteramos de una nueva transgresión que se ilumina de mandato evangélico.5

Esa misión trascendente de la rebelión insumisa es la que hace del Che una figura emblemática, más allá del ocaso de la perspectiva de una revolución finalista. Por esa vía se desarrolla al presente el mismo mandato que cuestiona un poder, ahora de Estado, revertido nuevamente por otro ciclo de emancipación, protagonizado actualmente desde los movimientos de opinión y las redes de comunicación. Jorge viene por la contundencia de su conducta a alimentar esa fuerza de la tradición que obliga a rebelarse contra la injusticia. No habrá tecnología que la detenga, ni aparato que no la reproduzca, porque la misma tecnología y la propia organización estratégica están sostenidas en un mandato de trascendencia: el mismo de la liberación.

EL REENCUENTRO

Al darse el retorno a un régimen de democracia representativa, se produjo el reencuentro entre quienes habían permanecido en prisión, los exiliados y todos aquellos que, dentro del país y en la calle, habían luchado contra el régimen durante los años de plomo. También se produjo cierto encuentro entre quienes habíamos militado en el MLN-Tupamaros.

En lo que me era particular, la expectativa a ese respecto se vinculaba al antecedente que significaba, en términos del despliegue de los movimientos sociales que pautaron los años 60', la ruptura de la guerrilla con una versión acartonada y mistificada de la legalidad de Estado. No se trataba, en mi perspectiva, de crear otra organización armada, sino de proyectar aquel cuestionamiento de la racionalidad representativa de Estado que supuso la lucha armada, hacia el desarrollo de un reticulado reivindicativo que habilitara la propia democratización del poder centralizado, como efecto de una democracia pluralizada.

La propuesta de Sendic de Frente Grande contemplaba esta sensibilidad, pero no la adhesión del MLN-Tupamaros al objetivo electoral estratégico del Frente Amplio. Por consiguiente, una vez tomada esa resolución y dada la discusión, me retiré del "reencuentro", en buenos y francos términos.

No fue el caso de Jorge, que siguió vinculado al MLN-Tupamaros, seguramente llevado por una consecuencia militante. Sin embargo, el giro que tuvo el "progresismo", particularmente en la versión oportunista y mediática (y mediática porque oportunista) que le dieron algunos "ex-guerrilleros", nos fue acercando paulatina aunque no exclusivamente, en el cuestionamiento de la política (o apolítica) de DDHH de los sucesivos elencos frenteamplistas.

Con oportunidad de la presentación de La experiencia tupamara elaboré una crítica del libro,6 que Jorge me agradeció en correspondencia personal. No pude menos que recordarle aquella decisión de integración a una estrategia francamente electoralista que había significado la adhesión del MLN al Frente Amplio. Para mi sorpresa y congratulación enorme en la memoria, Jorge me respondió que él mismo y Sendic habían votado en contra.

Puede ser que parezca, de cara al referéndum contra la Ley de Urgente Consideración, que Jorge nos hace hoy más falta que nunca. Nunca faltará, ya está luchando desde la memoria.

2a. quincena, febrero 2022

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Notas

1 Ver al respecto "Vidas Diseñadas" Casa de Filosofía (23/02/22), https://www.facebook.com/casadefilosofia/photos/a.462190640567507/4850749971711530

2 Foucault, M. (2004). Philosophie. Anthologie. Paris: Gallimard, p. 878.

3 Ver al respecto de "liberación" en el sentido cristiano de "liberarse para" Heidegger, M. (1996) “La Epoca de la Imagen del Mundo” en Caminos de bosque. Alianza: Madrid. Recuperado de: www.fadu.edu.uy

4 Ver al respecto Campagne, F. (2015). Profetas en ninguna tierra. Buenos Aires: Prometeo.

5  Bianchi, C. (entrevista a Julio Boffano) "Me acosté con obispos y cardenales que de la boca para afuera eran homofóbicos" Montevideo Portal (09/09/21) https://www.montevideo.com.uy/Noticias/Boffano--Me-acoste-con-obispos-y-cardenales-que-de-la-boca-para-afuera-eran-homofobicos--uc797593

6 Ver en este blog: “Zabalza, los canallas y el tupamplismo” https://ricardoviscardi.blogspot.com/2016/02/zabalzalos-canallas-y-el-tupamplismo-2a.html

ricardoviscardi.blogspot.com

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