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21/06/2006 :: México

Justicia y Libertad para l@s luchadores sociales

x Okupazión Auditorio Che Guevara

PALABRAS PARA EL PRIMER ENCUENTRO POR LA LIBERACIóN DE TOD@S L@S PRES@S POLÍTIC@S, PRESENTACIóN CON VIDA DE LOS DESAPARECIDOS Y LA CANCELACIóN DE óRDENES DE APREHENSIóN CONTRA DE LUCHADOR@S SOCIALES.

18 de junio del 2006.

Compañeras y compañeros:

Estamos seguros de que en este primer encuentro se han dado avances y se llegará a acuerdos que nos permitan, como movimientos sociales en general y como Otra Campaña en particular, apoyarnos en la lucha por la liberación de nuestras compañeras y compañeros presos y presas políticas, unificar nuestra exigencia por la presentación con vida de los desaparecidos, y demandar la cancelación de todas las órdenes de aprehensión con las que se quiere inhibir la lucha social en nuestro país.

Las que siguen son sólo algunas reflexiones que no pretenden ni normar una línea de trabajo ni imponer una visión. Se trata de apuntes de cómo vemos nosotros, los zapatistas, las zapatistas, dentro de la Otra Campaña, el asunto éste de la estructura jurídica que nos oprime, las leyes que son la coartada para perseguirnos y atacarnos, y los cuerpos represivos que supuestamente están para hacer cumplir la ley y son los primeros en violarla.

Es claro que dos indignaciones marcan nuestro calendario actual: por un lado la que nos provoca el asalto policíaco a San Salvador Atenco, la agresión sexual a las mujeres, y la ilegalidad en la que mantienen en prisión a nuestras compañeras y compañeros; por el otro lado, la que nos nace al conocer del salvajismo de la policía del gobierno de Oaxaca al atacar al magisterio democrático y al pueblo de esa entidad.

Son las que lastiman el calendario presente, pero tenemos muchas más en todos los almanaques del México de abajo.

Algunas son conocidas en México y el Mundo: el 2 de octubre de 1968, el 10 de junio de 1971, la Guerra Sucia, Aguas Blancas, Acteal, El Charco, El Bosque; otras no son tan sabidas en los medios de comunicación, pero sí en nuestra piel, en nuestra sangre, en nuestra memoria.

Y para rescatar nuestra memoria, nuestra sangre, nuestra piel, que anduvieron y andan en nuestros muertos, nuestros desaparecidos, nuestros encarcelados y encarceladas por un sistema que penaliza la dignidad y premia la traición, se han hecho varios esfuerzos en las últimas décadas.

Sin embargo, hasta ahora ha prevalecido la dispersión y la fragmentación en nuestra lucha por rescatar a los nuestros y nuestras.

Cada organización, grupo, colectivo, familia, luchaba separada por las heridas con nombre y rostro para quienes somos abajo y a la izquierda.

Ahora tenemos este esfuerzo unitario que, no sin tropiezos, empieza a levantar.

Deseamos que este empeño no sea frustrado por los resabios de la política del "agandalle" que carguemos todavía, y que no se convierta sólo en un nuevo membrete que le da, a quienes lo forman, un gafete, una invitación al extranjero, y un turno en la lista de oradores.

Deseamos que el dolor de nuestra gente muerta, desparecida, presa y amenazada, sirva para no desmayar en el esfuerzo de congregar y coordinar esfuerzos contra la represión, por la presentación con vida de nuestros desparecidos, la libertad para nuestros presos y presas, y el cese de la amenaza contra los luchadores sociales de todas partes.

Deseamos, en fin, que aquí nazca una nueva esperanza, firme y duradera, para quienes tienen las amenazas del olvido como desaparecidos, de la injusticia sin fin como presas y presos políticos, y de la persecución rabiosa como luchador@s sociales.

Nuestra lucha por la libertad y la justicia para l@s pres@s, la presentación con vida de los desaparecidos y la cancelación de todas las órdenes de aprehensión contra la lucha social, está inscrita en algo más grande: la lucha contra el sistema que ha ejecutado todas las injusticias, horrores y crímenes que nos convocaron en esta ocasión.

Es el sistema capitalista el responsable y no por omisión, sino por comisión estructural.

Por todos los medios se nos trata de convencer que la represión política con la que, regularmente, se enfrenta la movilización social, es sólo un exceso o una deficiencia del Estado Moderno.

Se nos dice una y otra vez que son desajustes que se pueden corregir y se nos vende la imagen de un sistema jurídico racional y mesurado: la justicia ciega y la balanza incorruptible que se inclina, sin mediación alguna, hacia el bien o el mal para dictaminar.

Nada más lejano de la realidad, lo sabemos.

Pero, ¿dónde encuentran sustento estas pamplinas ideológicas y jurídicas?

En el núcleo fundamental de un sistema de despojo, explotación, racismo y represión, es decir, en la apropiación por unos cuantos de la riqueza que producen unos muchos; el dominio de los capitalistas sobre los trabajadores.

Es necesario cuestionar las evidencias supuestamente irrefutables del Sistema Jurídico en el Capitalismo, su estructura y su funcionamiento.

Estas evidencias son las supuestas libertad e igualdad.

Por medio del despojo violento, el capital construyó una de las dos grandes mentiras con las que protagoniza, patrocina y alienta crímenes de todo tamaño en su parte dentro de la historia de la humanidad.

Liberó así a la inmensa mayoría de la población de sus posesiones y convirtió a millones en desposeídos, libres de toda posesión que no fuera su propia persona y su capacidad de producir, su fuerza de trabajo.

"¡Libertad!", gritó el propietario. Y, por lo bajo, añadió "libertad para MI dinero, libertad para MIS mercados, libertad para MIS ideas, libertad para MIS políticas". Con estas ideas se alzó contra el sistema que le impedía desarrollarse y progresar, y pudo así convertir en poder político, ideológico y jurídico, su poder económico.

Pero escondido detrás del liberalismo como idea motora de la modernidad que emergía, se encuentra un pantano de mierda, sangre, muerte y destrucción.

Y, cientos de años después, su vieja consigna se renueva para reordenar el dominio de los poseedores sobre los desposeídos: "Neoliberalismo" es su nombre nada original.

Dice uno de esos intelectuales que mira abajo y desde abajo, en la izquierda, Eduardo Galeano: "La libertad de mercado te permite aceptar los precios que te imponen. La libertad de opinión te permite escuchar a los que opinan en tu nombre. La libertad de elección te permite elegir la salsa con que serás comido". (Eduardo Galeano. Las Palabras Andantes).

"Somos libres", dice el Dinero hecho idea justificadora, "porque somos iguales, porque todos somos seres humanos".

Somos libre e iguales.

¿Lo somos?

¿Es la misma libertad la que tiene el propietario de grandes extensiones de tierra, de fábricas, de comercios, de bancos y la que tienen los pueblos indios en México, los campesinos, los obreros, los empleados, en suma, los trabajadores del campo y la ciudad?

¿Son iguales los propietarios de la industria minera y los trabajadores que laboran sacándole la riqueza a las entrañas de la tierra? ¿Son iguales los dueños de la Minera México y los mineros asesinados en Pasta de Conchos, Coahuila? ¿Es igual Carlos Slim y el indígena yaqui que en Sonora es despojado de su tierra, cultura, identidad? ¿Es igual el ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que el vendedor ambulante de flores en Texcoco? ¿Es igual el gobernador Ulises Ruiz que el maestro de una comunidad indígena en Oaxaca? ¿Son iguales los hermanos Bribriesca que los niños y niñas huérfanos por la masacre de Acteal? ¿Son iguales el propietario de Monsanto y el campesino que muere en el desierto de Arizona tratando de conseguir empleo en Estados Unidos porque la tierra que tenía no daba si siquiera para mal comer?

Y sobre estas ideas de "libertad’ e "igualdad’ se construye todo el edificio ideológico y jurídico que gobierna la sociedad en este sistema.

Sus estructuras, desde la escuela de leyes hasta las salas de ministros, pasando por policías y juzgados, hayan su justificación en esto: todos, todas, somos libres; todas, todos, somos iguales ante la ley y su sanción.

Se nos dice que si hay uso discrecional de la justicia, aplicación selectiva de la ley, y corrupción en el aparato judicial, es porque hay malas personas y deficiencias que son aprovechadas por unos cuantos vivales.

Nada que no se pueda corregir, se nos insiste, con adecuaciones de las leyes y cursos de honestidad para jueces y funcionarios, capacitación en derechos humanos para los policías, técnicas más científicas y modernas para administrar la justicia en todos sus niveles.

Pero, según nosotros, no se trata de deficiencias que puedan ser corregidas.

La hiper-ultra-mega fábrica capitalista produce mercancías y convierte en mercancía lo que no lo es.

En el capitalismo la justicia es también una mercancía.

La puede comprar quien tiene la paga. Y no sólo una ley o la aplicación de una ley. Policías, ministerios, jueces, carceleros y magistrados, así como legisladores, son comprados para tomar una decisión hacia uno u otro lado.

Las leyes, su aplicación, su violación, su arbitrariedad, su conversión en mercancía, todo esto es intrínseco al sistema jurídico en el Capitalismo.

La función esencial del Estado en el capitalismo es garantizar el dominio de los poseedores sobre los desposeídos, y para eso la represión, y para eso las leyes que le den fundamento racional y humano a la imposición del poder del más fuerte económicamente, dándole la fortaleza física de las armas y las cárceles.

Atravesando esa función está una contradicción: la misma que atraviesa toda la sociedad. El capital es irracional, en su afán de ganancia destruye, mata y, de paso, viola las mismas leyes que habrían de contenerlo y encaminarlo para las metas de mediano y largo plazo.

El trabajador, la trabajadora, no ve cumplidas las leyes que, producto de su lucha social, debían protegerlo de esa ansia destructora. Impotente, las ve desaparecer bajo nuevas reformas, o encuentra que para cada ley que lo asiste, hay otra ley que lo deja vulnerable.

La ley se convierte así, no en la regulación del crimen de lesa humanidad que es el sistema capitalista, sino en la plataforma de arranque de su desbocada marcha.

Las leyes internacionales son el ejemplo más palpable de lo que la etapa actual del capitalismo ha producido en el mundo.

Guerras de conquista que, primero, pasan por encima de la legalidad; y después se sustentan en esa misma jurisprudencia modificada.

Corporaciones multinacionales que, primero, corrompen gobiernos para favorecer su invasión de los mercados nacionales, y después, con esos mismos gobiernos, fabrican tratados comerciales, es decir, leyes que aseguren su dominio total sobre la vida económica de un país.

La vida económica y la natural. La legislación que debía proteger el medio ambiente, es la principal propulsora de su aniquilamiento. Bosques, playas, ríos, tierras, culturas enteras son arrasadas con la protección de la ley o con multas irrisorias.

La legislación internacional se ha convertido ya en el aval jurídico de la destrucción del planeta. Y en casi todos los países, las leyes nacionales le van de la mano.

En el capitalismo, la ley que se respeta y cumple es la del despojo, la explotación, el racismo y la represión, pero con lenguaje jurídico.

Esta brutalidad provoca asco e indignación en cualquier persona honesta y noble. Algunas veces esa indignación se organiza y se enfrenta al Poder y a su irracionalidad.

Por eso la lucha contra esas leyes brutales y en defensa de las pocas que defienden al ser humano frente a la máquina devoradora del dinero, es algo que hay que saludar, alentar y emprender.

Pero en nuestro movimiento vemos más allá y encontramos a un sistema como responsable.

Por eso también somos anticapitalistas.

Por eso no sólo nos proponemos acabar con la explotación del hombre y la mujer, los niños y los ancianos. También luchamos por una transformación profunda y radical de la ley, de su fundamento, de su legitimidad, de su aplicación.

No nos conformamos con cuestionar esa estructura jurídica, vamos hacia su base fundacional, su núcleo de cuatro caras.

Quienes estamos en la Otra Campaña somos anticapitalistas y de izquierda.

Eso quiere decir que vamos a las causas fundamentales, sin perder de vista el combate a los efectos de esta guerra de neo conquista.

Luchamos, lucharemos, venceremos.

Habremos, es seguro, echar fuera a los grandes propietarios y a quienes los sirven con sus políticas depredadoras y sus leyes de muerte.

Con ellos se irán las estructuras jurídicas que no sólo permitieron sino que promovieron las violaciones a los derechos humanos en la larga y silenciada historia de la lucha de los de abajo por democracia, libertad y justicia.

Y en esta historia, heridas recientes nos convocan: Pasta de Conchos en Coahuila, Lázaro Cárdenas en Michoacán, San Salvador Atenco en el Estado de México, Oaxaca en la entidad del mismo nombre, las presas y presos políticos en todo el país, los desaparecidos políticos de ayer y hoy, las amenazas que disfrazadas de averiguaciones se ciernen sobre quienes luchan socialmente.

Luchamos, lucharemos, venceremos.

Transformaremos este país.

Cuando ese día llegue (que llegará no sólo porque lo merecemos y necesitamos, sino porque estamos luchando para eso), vivirán de nuevo nuestros muertos,

aparecerán nuestros desaparecidos,

se abrirán las puertas de las cárceles para que salgan las presas y presos políticos y, después de que entren los verdaderos criminales y quienes le sirven, volverán a cerrarse,

ser mujer no será una angustia cotidiana,

ser niño no será una maldición,

ser anciano o anciana no será una vergüenza,

los pueblos indios, los homosexuales, lesbianas, transgénero, y todos y todas l@s diferentes serán y lo serán sin miedo;

la lucha social no será un crimen sino un deber de todas, de todos;

y los abogados y abogadas de ahora tendrán que volver a cursar la carrera de derecho, jurisprudencia, leyes, abogacía o como quiera que se vaya a llamar la profesión de defender al débil, perseguir al poderoso, liberar al esclavo, castigar al criminal, socorrer al desvalido; en suma, buscar la justicia, defender la vida, matar la muerte.

Entonces, también como dice Eduardo Galeano: "Los perdidos serán hallados, y en la tierra brotarán estrellas que humillarán a las estrellas del cielo. Los mudos serán locutores y habrá hospitales sin enfermos donde hoy sólo hay enfermos sin hospitales"

Esto pasará en el Otro México que habremos de levantar.

No es un deseo. Es una promesa.

Muchas gracias.

Desde la Otra Ciudad de México.

Subcomandante Insurgente Marcos
México, Junio del 2006.

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