La CGT se despertó y convocó a paro general

Desde hace décadas, los dirigentes de los sindicatos mayoritarios conocidos como "los gordos" se han desconectado de los intereses de los trabajadores que representan y se han desvinculado de la defensa de algún proyecto de país. Se han reducido a una casta que sobrevive negociando con distintos gobiernos, canjeando pérdidas de derechos sindicales por la mantención de sus privilegios, y los fondos sindicales que los han convertido en empresarios.
La decisión de resistir masivamente el grosero avance del gobierno de Milei sobre los derechos laborales, ya estaba instalada y convenció a los triunviros de la CGT de hacer un gesto opositor. Había convocatorias desde coordinadoras regionales, el FRESU (Frente Sindical Unidos ) y presión desde las centrales sindicales del interior. Incluso en la última reunión de la cúpula cegetista, Octavio Argüello, del Sindicato de Camioneros, propuso convocar también a una movilización, postura que fue apoyada por el metalúrgico Osvaldo Lobato, pero esta medida no pudo ser consensuada por una mayoría de dirigentes sindicales que siguen apostando a negociar con el gobierno.
La formación de la burocracia sindical argentina tiene lejanos antecedentes en algunas corrientes socialistas que, antes del primer gobierno de Perón, habían empezado a privilegiar negociar antes que luchar. Pero su acta constitutiva la tiene a finales de los 50, cuando el gobierno de Frondizi devuelve los sindicatos (intervenidos por la dictadura militar) a los dirigentes, y se empiezan a disolver las agrupaciones obreras peronistas, que habían estado a la cabeza de la lucha por la defensa de las conquistas perdidas después del golpe gorila de 1955.
El dirigente metalúrgico, con antecedente combativos, Augusto "El Lobo" Vandor, que se convierte en un burocrata sindical y que pasa de intentar disputar la conducción del peronismo a Perón, a concurrir al acto de asunción como presidente de facto del general Juan Carlos Onganía, es el representante más ilustrativo de ese proceso.
El "vandorismo", y su deriva más servil "el participacionismo", van a convertirse en expresiones del sindicalismo patronal que hoy conocemos. Los primeros, a veces, "ladran para negociar", y los segundos "ni siquiera ladran". Con respecto a estos últimos se puede trazar una linea histórica que arranca con el dirigente de la UOCRA, Rogelio Coria, se prolongó con el plástico Jorge Triaca y hoy se expresa con Andrés Rodríguez de UPCN (estatales).
La conversión en la década del 60 de dirigentes de pasado combativo en burocratas sindicales fue un golpe durísimo para el movimiento obrero argentino. Estos dirigentes en combinación con las patronales confeccionaron listas negras, que permitieron despedir a miles de activistas y apoderarse de la mayoría de los sindicatos. Algunas excepciones fueron Luz y Fuerza, Smata y Sitrac Sitram de Cordoba, la UOM de Villa Constitución, Gráficos y Farmacia de Buenos Aires, algunas seccionales de estatales, docentes, UTA y Cerveceros, etc.
El último gobierno peronista anterior a la dictadura militar del '76 fue trascendental para el destino de la burocracia sindical, porque, por un lado se aseguró su supervivencia histórica con la Ley de Asociaciones Profesionales aprobada en 1973, que tornaba casi imposible que dirigentes combativos llegaran a cargos de conducción en Uniones y Federaciones. Pero también, montándose en la movilización de los trabajadores, consiguió una gran conquista que fue el Contrato de Trabajo, aprobado en setiembre de 1974, a pocos meses del fallecimiento de Perón.
Finalmente, en los dos últimos años de ese gobierno, la burocracia sindical fue totalmente rebasada por cientos de grandes conflictos que fueron conducidos por representantes de base: cuerpos de delegados, agrupaciones, comisiones internas y coordinadoras fabriles.
Durante la dictadura militar, entre los años 1976 y 1979, la resistencia obrera se ejerció casi exclusivamente desde las fábricas, con excepción de la Comisión de los 25, que fue el núcleo sindical que posteriormente dio lugar a la llamada CGT Brasil, liderada por Saúl Ubaldini. Los sectores más conciliadores agrupados en la CGT Azopardo, liderados por Triaca, solo empezaron a molestarse cuando los militares avanzaron tratando de apropiarse de las Obras Sociales.
Desde el golpe militar 1976 a la fecha, podemos sintetizar que, con mejores y peores momentos para los trabajadores, las conquistas del Contrato de Trabajo de 1974 se han ido deshilachando y desechando, con sucesivas reformas. El proyecto de Milei significa un golpe mortal para esas conquistas y expresa un largo anhelo de los grandes empresarios y las multinacionales. En todo ese proceso, la actitud de la burocracia sindical se ha limitado a negociar la continuidad de sus privilegios.
Los contenidos de la nueva reforma laboral aprobada en el Senado son aberrantes, al punto que el PRO (derecha) ha expresado su preocupación por el artículo 44, que castiga a los trabajadores con carpeta médica por enfermedad o accidente, reduciendo su jornal en un 50%. Algunos de los legisladores que votaron afirmativamente ese proyecto de ley ahora alegan, en su defensa, no haber leído ese artículo.
Legisladores como estos, que han votado una ley a "libro cerrado", expresan un alto nivel de descomposición política. En ese mismo basurero moral, surge el argumento que si millones de trabajadores no cuentan con derechos laborales básicos, solo puede repararse esa injusticia quitándoselos a los pocos que los conservan. Se empareja para abajo y se acaban los supuestos " privilegios" de trabajar en blanco, contar con una obra social, tener jubilación, vacaciones y cobrar una indemnizacion por ser despedidos sin causa.
El gobierno ha aprovechado este mes de febrero donde el calor agobiante, unas eventuales vacaciones, o el carnaval, distrae a las mayorías populares. Pero, en la medida que se va conociendo la dimensión del atropello, lo que crece es la bronca.
huelladelsur.ar







