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Mundo, Argentina, Mundo :: 27/06/2026

La otra copa del mundo

Rosa D'Alesio
Apuestas, casinos virtuales, 'deepfakes', pausas de hidratación y el negocio detrás de la pasión futbolera

El Mundial 2026 no solo se juega en las canchas, sino también en las pantallas de millones de celulares, donde ocurre algo alarmante. Mientras la selección argentina o brasileña compite para quedarse con el título, parte de una generación está siendo atrapada por el negocio de las apuestas online, un fenómeno que viene creciendo desde Qatar 2022 y que, en este Mundial, se está multiplicando con una agresividad nunca antes vista. Detrás de los goles y los festejos, hay un negocio que crece a la sombra de la pasión popular y que tiene a los adolescentes como sus primeras víctimas.

Cada cuatro años, el fútbol es el refugio mundial de la clase obrera y los sectores plebeyos. Un espacio donde, a pesar de la crisis, la pobreza y la falta de oportunidades, la felicidad estaba garantizada. Las calles se llenan de camisetas, las reuniones giran en torno a los partidos y millones comparten una misma pasión. Pero hoy, esa fiesta colectiva está siendo colonizada por un negocio mucho menos festivo. Las plataformas de apuestas online se instalaron en el corazón del espectáculo deportivo, con publicidades en cada transmisión, en las redes sociales, en las camisetas de los equipos. En plena crisis económica, el mensaje es seductor y perverso: apostar es una forma de aumentar la emoción, poner a prueba los conocimientos futbolísticos o, peor aún, ganar dinero rápido. Lo que no muestran es que, detrás de esa promesa, la banca siempre gana.

La consultora H2 Gambling Capital proyecta una cifra récord de 60.000 millones de dólares en apuestas reguladas. Este volumen representa un impresionante incremento del 71% en comparación con Qatar 2022 y un 185 % respecto a Rusia 2018. Los especialistas aclaran que estas estimaciones contemplan únicamente los canales deportivos legales.

El Mundial de las apuestas

Las plataformas de apuestas online han desplegado durante este Mundial un arsenal de estrategias comerciales diseñadas para captar a los más jóvenes, sin importar los costos éticos.

La más polémica es el uso de inteligencia artificial y 'deepfakes' para revivir a ídolos populares. El caso de BetWarrior recreó a un Maradona digital mirando a cámara y desafiando a apostar "con pelotas", una campaña repudiable por utilizar la épica futbolera para inducir al juego de azar. "Si el mundo quiere venir a cortarnos las piernas, le vamos a demostrar que acá se juega con pelotas", el mensaje es claro, apostar es cosa de valientes. Además es muy peligrosa porque utiliza la imagen del máximo ídolo popular para legitimar una actividad que se convierte en un problema de salud.

Parodias y rechazo popular a estas campañas

La indignación por estas campañas no tardó en estallar en las redes sociales, donde derivó rápidamente en una ola de rechazo e ironía. Se viralizaron múltiples parodias del comercial hechas con IA usando la voz simulada de Maradona para hacerle decir frases absurdas y de humor negro, como "gastar la jubilación de la abuela", por ejemplo. El objetivo es ridiculizar y exponer el peligro real que representa la promoción de las apuestas deportivas. Donde los gritos de gol ya no responden a una camiseta, sino a un pronóstico, a una apuesta. Argentina, Inglaterra, Bosnia, Irán, se festeja según lo que se jugó en el prode.

Billeteras virtuales, 'deepfakes', pausas de hidratación y 'streamers': el arsenal del marketing

Pero la ofensiva no se detiene ahí. Las empresas compraron los espacios publicitarios durante los 'cooling breaks'. Esas pausas de hidratación que interrumpen el partido. El defensor neerlandés Virgil van Dijk lo dijo sin vueltas: "No me gusta que se vayan a comerciales en medio del juego". Lo que hay detrás no es solo una pausa para cuidar a los jugadores. Es una ventana publicitaria invaluable. En esos minutos, las plataformas de apuestas despliegan su artillería de promociones y bonos de bienvenida. La pausa no es para hidratarse. Es para que el negocio respire.

Y lo más alarmante es la migración masiva a streamers e influencers. Según la Cruz Roja, el 79% de los jóvenes recibe publicidad de juego online a través de sus creadores de contenido favoritos en Twitch, TikTok e Instagram, donde ya no hay comerciales tradicionales, sino que los comunicadores abren las aplicaciones de casinos y "juegan en vivo" durante los partidos, mostrando supuestas ganancias instantáneas y normalizando la actividad como un entretenimiento común de la cultura digital.

A esto se suman las microapuestas, que permiten apostar en tiempo real a variables del próximo minuto (córner, tarjetas amarillas, penales), y las "maxicuotas" artificialmente altas que funcionan como anzuelos económicos para captar nuevos usuarios impulsivos. La polémica llegó al bolsillo de todos los argentinos cuando Mercado Pago lanzó un "Fixture 2026" con premios de hasta 20 millones de pesos, que permitía crear "torneos con amigos" con un "pozo acumulado" de dinero. La Asociación de Loterías, Quinielas y Casinos Estatales (ALEA) advirtió que la mecánica podía violar el Código Penal. La empresa de Galperin tuvo que recular y eliminó la opción de dinero en efectivo, pero mantuvo la modalidad "Por los Porotos".

El resultado es un ecosistema publicitario que persigue al espectador las 24 horas a través de algoritmos diseñados para que nunca puedas escapar.

Un perfil que cambió para siempre

Históricamente, la ludopatía era una patología de adultos mayores de 45 años, que apostaban en casinos o carreras de caballos. Pero la irrupción de las apuestas online y el acceso masivo a dispositivos móviles transformó por completo ese perfil. Los datos son alarmantes. Según UNICEF y UNESCO, el 24% de los adolescentes argentinos de entre 12 y 17 años ya apostó en línea, y el 86% lo hizo motivado por la promesa de ganar dinero rápido. La crisis económica, la falta de oportunidades y el bombardeo de influencers que presumen de ganancias fáciles crean un terreno fértil para que los chicos vean en las apuestas una salida económica.

Lo que comienza como un juego entre amigos o una forma de legitimarse socialmente termina en un infierno donde el 69% sufre ansiedad y malestar, el 49% ve afectado su rendimiento escolar y el 12% termina endeudado, recurriendo a familiares o incluso al robo. El 79% de quienes apuestan reconoce el riesgo de adicción. Y, sin embargo, no pueden detenerse.

El psiquiatra Federico Pavlovsky, autor de "Apuestas online. La tormenta perfecta", sostiene: "Esto nunca lo vimos, el marketing y la publicidad están dirigidos a la gente joven y los chicos están apostando. Esto ya es un hecho social. Están apostando en la playa, cuando van a jugar al fútbol, en el vestuario y en la clase, ni siquiera en el recreo, porque se puede apostar a dos clics". También señala que las campañas publicitarias han sido un factor clave para el crecimiento de las apuestas online. "No hay ninguna duda respecto de que la publicidad incide sobre todo en el público joven: te expone, te tienta y empezás a jugar", advirtió.

El aula como escenario del negocio

Las y los docentes son testigos privilegiados de esta transformación. Y dan cuenta de cómo es el comportamiento de los chicos, cuentan que juegan durante las clases y el recreo. Lo que antes era un espacio de encuentro y socialización, el recreo, se ha convertido en un momento de aislamiento frente a la pantalla. Pavlovsky advierte que están viendo chicos con síntomas de ansiedad, depresión e incluso ideas suicidas, muchas veces porque endeudan a la familia y quedan atrapados en un círculo de vergüenza y presión. En el mundo de las apuestas ilegales, además, los jóvenes toman contacto con un ámbito oscuro y peligroso, donde desconocidos comienzan a presionar a las familias por los pagos.

El fútbol fue siempre el refugio de los que no tienen otro, la pasión de todas las clase social, el recreo de los que después de la fábrica o el taller buscaban noventa minutos de disfrute. Pero hoy intentan captar la atención de todos, no con el 'juego bonito', sino con las ganancias de las apuestas.

La responsabilidad de los ídolos y la urgencia de hablar

Las figuras públicas tienen una responsabilidad ineludible. Los futbolistas consagrados son referentes que ocupan un lugar de enorme admiración e influencia para las infancias, que hoy su imagen se instrumentaliza peligrosamente a través del marketing digital, tal como ocurre con las recreaciones de Maradona mediante inteligencia artificial o el Dibu Martínez al publicitar plataformas de apuestas. Debido a este rol de modelos a seguir, existe un deber fundamental respecto a los mensajes, conductas e ideas que deciden difundir ante su audiencia. Al validar este negocio con su enorme influencia, estos deportistas normalizan un consumo altamente adictivo entre los sectores más vulnerables. Se trata de una grave irresponsabilidad social al priorizar un contrato comercial por encima del deber ético de proteger a las infancias de la ludopatía.

Frente a esta realidad, los profesionales de la salud mental sostienen que la prevención empieza por el diálogo. Pavlovsky insiste en que los padres y madres deben saber que hay toda una generación de chicos entre 13 y 20 años que tiene acceso a las apuestas gracias a la enorme maquinaria de publicidad y marketing. Y advierte: "El mundo virtual tiene potenciales peligros y tenemos que empezar a dialogar. Los chicos tienden a ser muy sinceros y claros. El problema es que muchas veces los padres y las madres toman el mundo virtual como un escenario neutro, tecnológico y que ellos no entienden. Llegó el momento de involucrarnos y de empezar a entender por qué los maestros y maestras de todo el país están alertando sobre este problema". Y agregó: "Jamás había visto a un chico de 16 años que perdiera un departamento. Había visto adultos de 40, 50 o 60 años que con el mundo de los casinos perdían todo. Esto es otra cosa. Son chicos que en seis meses empiezan a jugar y terminan con deudas impagables".

Más allá del Mundial

Las consecuencias de haber naturalizado las apuestas como parte del deporte no se desvanecerán cuando termine el Mundial. Por el contrario, quedará afectada la salud mental de parte de una generación, también la economía de las familias que tendrán que ver cómo pagan las deudas que contrajeron los chicos, adolescentes o los adultos. Y sobre todo se verán las consecuencias en el aislamiento de chicos que antes se juntaban a jugar al fútbol o a mirar la tele y hoy se encierran a mirar el celular.

Los adolescentes que hoy ven a sus ídolos promocionando casas de apuestas están construyendo una relación con el dinero y el éxito complicado, porque, además, es que, para miles de chicos, el fútbol ya no será sinónimo de pasión, sino de transacción.

En definitiva, el fútbol, que fue y es el refugio de la felicidad popular, el único lujo al alcance de los que menos tienen, está siendo subastado al mejor postor. Y el precio, lo pagan los adolescentes y lo pagan, como siempre, los que menos tienen.

La Izquierda Diario

 

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