La sobreinformación como una licuadora de pecados

Epstein no era uno de los nuevos monstruos. Quizá haya sido el último de los viejos. Porque sectas de perversos hubo siempre, pero eso, con esto, no tiene nada que ver. Esto es otra cosa.
Tan atroz, tan abismal, que lo sacarán de nuestras mentes. O lo convertirán en cotillón. Ya en el modo de la divulgación de los archivos y en la falta de contexto del material, en su vómito de atrocidades y fotos sociales mezcladas, intervienen los nuevos monstruos, muchos de los cuales eran clientes de Epstein.
Es también revelador cómo hicieron contacto, en esa isla del diablo y quién sabe en cuántos lugares más, la realeza europea, la política conservadora y los recién nacidos multimillonarios tecnofascistas. El puente es Trump, cuyas fotos con niñas tan parecidas a su hija revuelven el estómago. Trump ha resuelto el tono con el que encara su amoralidad: "¿Y qué?", y en el guion dice "aplausos".
Bill Gates empezaba por entonces a interesarse por manejar la educación y la salud en algunos países periféricos. Elon Musk estaba entrando en la elite a los codazos, inscribiendo ultrapudientes para hacer escapadas a Marte y esparciendo su mala vibra, a tono con la era del odio. Fue derecho al supremacismo. Gates, antes, había coqueteado con la filantropía. En su momento decía que no quería que sus hijos fueran muy ricos porque mucho dinero hacía mal. Ahora Melinda, su esposa de entonces, dice que ella dejó hace muchos años aquellas historias terribles por las que hoy le preguntan, dándolas por ciertas. "No es mi vida, pregúntenle a quien corresponde".
Los secretos que Epstein custodiaba, los más execrables de los más poderosos, eran de un valor incalculable. Es más viejo que la prostitución. Tener agarrados a todos por sus miserias. Pero su suicidio perfecto sugiere que ya lo habían abandonado, que se habían liberado de él: los viejos monstruos son los que mueren primero.
Es curioso y delicado lo que nos pasa cuando nos enteramos de los archivos Epstein y más curioso aún es que veamos en las redes lo que los medios convencionales en su mayoría han abandonado. Ni Gaza ni las revelaciones del caso Epstein son noticiables ahora en "Occidente". Al que más le han pegado es a Chomsky, que en la foto está sentado en una butaca de avión; se ha hablado más de Chomsky que del exprincipito Andrés, que está tirado arriba de una mujer en el piso pero mirando a cámara. Muchos se preguntan cómo se dejaban fotografiar. Dicen que es la impunidad. Yo creo que también es agregarle a la pedofilia un poco de ruleta rusa. Toda esa gente ama la muerte.
Volviendo a cómo no cubren o cubren mal el caso los medios grandes, muchas veces se habla de "mujeres menores de edad", cosa que no existe porque se es una u otra cosa, y de "sexo con menores", que parece una opción: informativamente, es "abuso de menores".
Digo que es curioso y delicado, pero nos tiene que pasar algo. Es imperioso que nos pase algo. No podemos permitir que esa costra inmunda de indiferencia y que pase el que sigue en nuestras mentes afectadas por la manipulación que ejercen sobre nosotros nos impida dimensionar esto. Se trata de los niños. No podemos dejar pasar esto a menos que ya estemos rotos.
El caso Epstein se expone, además, como el telón de fondo del patriarcado que chilla con el Occidente neonazi. Odian a las mujeres, no quieren que los niños sepan qué derechos tienen sobre sus cuerpos, su casta dirigente goza violando lo que no tiene precio. Ese es el tabú roto que los hace gozar de la pedofilia: gozan corrompiendo la inocencia, vaya trato existencial con el diablo.
Y hay algo evidente que atenta principal y centralmente sobre los niños. Gaza implicó eso. Generar costra ante lo más frágil. Si uno pasa de largo por filas de cadáveres de niños y no late, no rumia, no siente, después nada será lo suficientemente atroz como para afectarlo moralmente.
Ahí los vemos. Reyes, princesas, ceos, presidentes, primeros ministros, duquesas, empresarios de alta gama, embajadores. Casta pura y dura. Gente podrida en dinero. Epstein fue un síntoma de un sistema fallido ya en su decadencia terminal, que atenta contra los niños porque es el propio sistema el que ya no sabe cómo reproducirse. Si el sistema ya no se reproduce, que no se reproduzca más la especie.
Pero por otro lado, el Departamento de Justicia de EEUU, que los divulgó, también genera confusión planificada. Mezclando escenas sociales con escenas pedófilas, sobrecarga de información no contextuada, y termina licuando la pedofilia de Trump, que es el único de los amigos de Epstein que está matando gente ahora, el único que es un peligro para la especie humana ahora.
Hay que mantener tensa y fuerte la tanza del dolor de los niños para asomarnos al verdadero, abismal desprecio por la vida que produce la descontrolada acumulación del capital. El desmantelamiento de la salud y la educación públicas y la guillotina al trabajo que traman contempla niñeces enfermas, hambrientas, abandonadas y disponibles.
La reforma laboral no es solamente un ducto por el que convertirá a la enorme mayoría de la población en una subespecie nacida para ganarse la vida y nada más, sino el modo en el que expresan que a tono con todo lo que han demostrado hasta ahora en relación a los niños, piensan expropiarles los padres y las madres, a los que a su vez les expropian su tiempo.
CALPU







