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30/06/2020 :: Colombia, Colombia

Llamamiento a las Fuerzas Armadas y al pueblo colombiano

x FARC-EP, Segunda Marquetalia
Soldados violan a niña indígena

Ser integrante de la Fuerza Pública no otorga licencia para que manadas de soldados violen a niñas indígenas, como acaba de ocurrir con una niña Emberá Chamí, en Risaralda.

Una institución que actúe de esa manera, nunca alcanzará las «bendiciones de los pueblos», como lo soñara el Libertador. Fue tan estremecedor lo ocurrido, que en las mismas filas del ejército se siente el sordo fragor del repudio. ¿Por qué? Porque en el ejército también hay miles de Ángeles Zúñiga, aquel patrullero de la policía que, dejándose llevar por su corazón, prefirió incumplir una orden injusta de desalojo de campesinos pobres en las goteras de Cali.

Sí; ese es el nuevo sentimiento de humanidad que hoy recorre los cuarteles y las estaciones de policía en esta época de pandemia que ha despertado la solidaridad y la conciencia del pueblo uniformado. Y no solo ocurre aquí, sino en los Estados Unidos, donde el ejército se insubordinó y no quiso cumplir la orden violenta de Trump de reprimir a su propio pueblo que protestaba contra el racismo. Ojalá nunca, nunca más desaparezca esta percepción en los cuerpos de tropa.

Lo decía el historiador de La Estrella de Medellín, Juvenal Herrera Torres, que «el fundamento principal del Ejército, como lo concibió el Libertador, es su profunda identidad con el pueblo. De él nace y a él se debe. Esta es su legitimidad, su naturaleza y su legalidad. El Pueblo y el Ejército son los pilares de la construcción republicana democrática. El Ejército es el Pueblo en Armas luchando por la Patria. Precisamente porque el Ejército ha nacido del Pueblo y a él debe su existencia y su razón de ser, es por lo que se le considera como la fuerza pública: no pertenece a ninguna clase social en particular, sino al conjunto de toda la nación. Es por lo mismo que Pueblo y Ejército están llamados a compartir igualmente sus esfuerzos y anhelos en la construcción de la Patria de todos».

En síntesis, el ejército es «¡el pueblo que puede! Y ¡el pueblo que combate, al fin triunfa!” La Fuerza Pública es el pueblo que puede, y «puede» porque las armas están en sus manos. Los soldados y los policías, los sub oficiales, muchos oficiales y algunos altos mandos, son pueblo uniformado, y ya están cansados de que los sigan utilizando, sin reflexión, para ahogar en sangre a los humildes, solo para proteger los intereses económicos de una élite social egoísta y sin alma, que se cree la dueña exclusiva del poder y que ordena chuzadas y perfilamenientos de ciudadanos que consideran enemigos internos.

La Fuerza pública no puede ser utilizada por el señor Álvaro Uribe Vélez y el subpresidente Duque, o por el todopoderoso Sarmiento Angulo, como un ejército privado, no. El ejército y la policía no han sido instituidos para proteger a los peces gordos de la corrupción, ni a los despojadores de tierras, ni a las multinacionales que saquean nuestras riquezas. Ellos fueron moldeados por el padre Libertador para proteger con sus armas las garantías sociales, los derechos del pueblo.

Esos que tratan a la Fuerza Pública como su ejército privado emproblemaron al ejército y a la policía con los falsos positivos, que son crímenes de lesa humanidad, y que ahora, asustados ante la verdad, todavía aspirar a vivir eternamente en el regazo de la impunidad. Bobos fueron todos aquellos generales y mandos medios que acataron la horrorosa Directiva 029 del ministro de defensa, Camilo Ospina, durante el mandato sangriento del expresidente Uribe. Ningún gesto de agradecimiento por haber sido nombrados en esos altos cargos justificaba matar tan vilmente, como lo hicieron, a miles de jóvenes inocentes.

La fuerza armada de la nación, que es el «pueblo que puede», no quiere más en la institución a esos altos mandos delincuentes y corruptos que hociquean como hienas hambrientas los contratos para enriquecerse. Están ahí porque los nombró Uribe, y por eso tiemblan ante su nombre. Son unos cobardes.

Recordamos para todos, esta arenga cargada de razón del Libertador Simón Bolívar del 16 de noviembre de 1823: «¡Soldados colombianos!… Todos los ejércitos del mundo se han armado por los reyes, por los hombres poderosos: armaos vosotros, los primeros, por las leyes, por los principios, por los débiles, por los justos… «¡Soldados! Armad siempre en vuestros fusiles al lado de las bayonetas, las leyes de la libertad, y seréis invencibles».

Las FARC-EP, Segunda Marquetalia, sí creen, que en la unidad y coordinación, del movimiento social y político, incluida la fuerza pública, está la fuerza del cambio, la potencia transformadora que habrá de conducirnos hacia la patria del futuro, con paz, con democracia y vida digna para todos.

FARC-EP

Segunda Marquetalia

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