México: Otra vez, ¿sin maíz no hay país?

Una vez más: ¿sin maíz no hay país?, porque la consigna parece cada día más distante de llevarla a la práctica, sin olvidar que incluso un año antes de iniciar, en 1994, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, la herencia salinista que 32 años después mantiene amarrado a México y al mercado nacional a las decisiones y necesidades de EEUU; ahora se le conoce como T-MEC), nuestro país muy cerca estaba de ser autosuficiente en la producción y abasto de este grano básico (cultural y alimentariamente) en la dieta de los mexicanos.
Como se ha documentado (las cifras son del Banco de México), hasta 1993 México apenas importó alrededor de 70 millones de dólares de maíz; ya en 1994, la compra en el exterior de este grano aumentó a 370 millones de billetes verdes (incremento de 528 por ciento) y de ahí para arriba de forma sostenida (siempre rebasando los cupos autorizados y sin fortalecer la producción interna). El dato disponible inmediato es que en 2025, la adquisición en el mercado externo (fundamentalmente el estadounidense) se aproximó a 6 mil millones de dólares (8 mil 571 por ciento más que en 1993), es decir, lo que 33 años atrás México gastaba en un año por el concepto de referencia, ahora lo paga en cinco días o menos. Y lo que viene, que no es nada grato.
También se ha comentado que con el TLCAN (previa privatización, venta y renta del ejido, por cortesía de Carlos Salinas y sus tecnócratas) y, desde 2008, con Felipe Calderón en Los Pinos (cuando las puertas a la importación de alimentos se abrieron de par en par, es decir, al 100 por ciento, de acuerdo con el calendario establecido por dicho tratado), con lo que el salinato, en particular, y el neoliberalismo, en general, dieron la puntilla al campo mexicano, y una de las perversas consecuencias es el permanente déficit en la producción interna de maíz y otros granos básicos (como el arroz). Con esto, poco después la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sumó a México al ingrato inventario de países importadores netos de alimentos básicos.
Sirva lo anterior para contextualizar lo publicado por Dora Villanueva: “México se perfila a ser el quinto mercado con más demanda de maíz para 2035, y se mantendrá como el principal importador, de acuerdo con previsiones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la FAO. En las Perspectivas Agrícolas para la próxima década, estas fuentes de información prevén que en ese año nuestro país se mantendrá como el mayor importador de maíz (del mundo), grano base en la alimentación humana y pecuaria del país, con 10 por ciento de las compras totales en el mercado internacional. Después está la Unión Europea (9 por ciento); Vietnam (8); Japón (7) y China (3)”.
Algo más revelan OCDE y FAO: “aunque se perfila a ser el primer importador, México concentrará la demanda mundial del grano en la próxima década, con 4 por ciento, por debajo de la Unión Europea (5); Brasil (7); China (24) y EEUU (25), lo que indica que es el de mayor brecha entre su consumo y su producción local”; nada más alejado de la citada consigna.
Cierto es que el régimen neoliberal destrozó política, económica, social y productivamente al campo mexicano para privilegiar a los grandes corporativos agroindustriales (foráneos y nacionales, en ese orden), como también lo es que la política sectorial de la 4T no ha cuajado, es decir, no ha dado los resultados esperados, por lo que –desde 1994– el estómago y los bolsillos de los mexicanos siguen dependiendo de lo que sucede en los mercados internacionales (fundamentalmente el estadounidense) de alimentos. A estas alturas, no menos de la mitad de lo mucho o poco que llevan a sus mesas proviene del exterior, sumamente transgénico.
Si a lo anterior se suma el fallido intento de José López Portillo (“el último presidente de la Revolución”, según se autodefinió) con el Sistema Alimentario Mexicano (creado en 1980 para “fortalecer el consumo de las mayorías empobrecidas de México, alcanzar la autosuficiencia y fortalecer la soberanía” en este renglón), el estómago de la República pasó de depender de ese frustrado SAM a las decisiones unilaterales del Tío SAM. Y, por lo menos hasta ahora, las políticas de la 4T en materia agroproductiva no han dado los resultados esperados ni han cumplido con aquella consigna.
@cafevega







